lunes, junio 22, 2020

Un regalo de hace 76 años para el Día del Padre

Hoy me desperté con un espectacular regalo de Día del Padre. Un muy buen amigo, coleccionista de fotos y postales antiguas me envió un histórico documento, que aquí les comparto.




Se trata de un sobre enviado por mi abuelo Pedro Antonio Niño Rodríguez desde Ibagué en 1944, en plena segunda guerra mundial, a los señores RESOLUTE PAPER PRODUCTS CORP., localizados en Nueva York. El documento está lleno de emocionantes referencias históricas, que voy a tratar de describir.


PAPELERÍA TOLIMA


Localizada en ese momento en la carrera 3, números 11-02 a 11-14, con el teléfono 12-23, era uno de los negocios más importantes de Ibagué en 1940, con suministro no solo de papelería en general, pues también manejaba "libros, juguetes, cacharros, novedades, máquinas de escribir, radios, etc.". Funcionaba muy cerca al Edificio de la Gobernación del Tolima.

EDITORIAL APOLO


La Editorial Apolo fue uno de los primeros negocios que tuvo mi abuelo Pedro Antonio en Ibagué, pues su formación con los Salesianos en Bogotá había sido en artes gráficas y tipografía. La editorial podía publicar "libros, revistas, folletos, cajas de cartón, libros para cuentas, sellos de caucho, relieves, etc.". Con mucho orgullo, anunciaba que contaba con maquinaria automática. La editorial funcionaba en la carrera tercera #12-54, donde también estaba la casa familiar. El teléfono era el 12-16, que muchos años más tarde se convirtió en el 3-12-16, que recuerdo todavía como el de la casa de los abuelos.

EL SOBRE

Es un sobre muy interesante desde el punto histórico, de acuerdo a un análisis realizado por mi amigo Carlos Roberto Espinosa Torres,  Gerente del Banco Filatélico y Numismático de Colombia. Tiene 3 estampillas, la de color rojo es de 1/2 centavo, emitida en 1940 para ayudar a la construcción del  edificio Murillo Toro, para el Ministerio de Comunicaciones en Bogotá. La azul es de 1941, de 30 centavos. Y la más curiosa, dice Carlos Roberto, es la que tiene el resello que es del año 1944. Lo interesante del sobre es que tiene en la parte izquierda una cinta y en ella hay un número. Eso quiere decir, de acuerdo a Carlos Roberto, que fue un sobre que tuvo censura militar en Estados Unidos, en plena guerra mundial, donde todos los sobres que llegaban del exterior debían tener un control. 

LA FAMILIA


La familia Niño Rodríguez tuvo varias fotos en la época de este sobre. Esta bella foto de finales de 1940 muestra a mis abuelos Pedro Antonio y Paulina, casados el sábado 8 de agosto de 1931 en la Catedral de Ibagué. Mi papá, Humberto Niño Rodríguez, quien nació en 1933, está a la izquierda de la foto. Oliva, entre mis 2 abuelos, nació en junio de 1935. Hernando, parado frente a mi abuelo Pedro, nació en enero de 1938. Marina, en el extremos derecho de la foto, es de febrero de 1939. Esta bella foto es de finales de 1940.


Esta otra foto es de 1946, un poco después del envío del sobre.  Mis abuelos posan junto a sus 6 hijos. Mi papá, Humberto Niño Rodríguez, está a la izquierda de la foto, mientras que su hermana Marina está frente a él. Oliva está a la izquierda, atrás de su hermanita Martha. Hernando, parado entre los dos abuelos. Pedro Antonio, el benjamín de la familia, es sostenido por mi abuela Paulina.

Muy emocionante recibir este bello regalo, en un día tan especial, en medio de la pandemia. Mi abuelo Pedro era un estudiante en Bogotá en aquellos días de la gripe española. Cien años después, su nieto mayor escribe estas líneas comenzando el cuarto mes de confinamiento por el Covid19. Gracias Fernando, fue un regalo muy adecuado para este momento histórico. 

viernes, junio 12, 2020

Mario Giraldo

En este triste día de la muerte de Mario Giraldo Palacio, solo tengo recuerdos especiales de un gran hombre. Aquel que me abrió su casa en Cartagena en aquellos lejanos días de 1973. Aquel melómano de tantas charlas deliciosas a lo largo de muchos años. El que siempre me miró con ojos bondadosos. El que me abrió oportunidades de trabajo y esperanza en esos oscuros días de 1998, cuando todos me volteaban la espalda. Mi amigo Mario.

Una de las fotos que más me gusta, por muchas razones, la tomó Pedro Miguel Niño, el primero de mayo de 2010. En ella aparecemos Mario Giraldo y Germán Niño, en el Country Club de Bogotá, en medio de una amena conversación. No recuerdo de que hablábamos cuando Pedro nos pidió posar para la cámara, pero el resultado fue muy bueno. Aparece Mario elegante, muy bien puesto, mientras que yo también salgo bien librado. Cada vez que veo esa foto, solo vienen cosas buenas a mi mente.  Todos los primero de mayo Facebook me trae este recuerdo y pienso en Mario, pienso en algunas noches de bohemia en Cali, en su amor por la música. Ahora, esta foto se vuelve muy valiosa. 


En febrero de este año tuve mi último encuentro con Mario, en Ibagué. Tuve la oportunidad de charlar un buen rato con él e hicimos un par de negocios, más por insistencia de Mario que por parte mía. Le conté que tenía un parlante Bosé casi sin usar e insistió en comprármelo. Me preguntaba por cada detalle, con un entusiasmo juvenil que nada tenía que ver con su estado de salud. Me pidió precio, regateó como buen paisa y me insistió en que apenas llegara a Bogotá debía enviárselo. Se lo envié algunos días después de nuestro encuentro y hablamos varias veces de cuánto lo disfrutaba. La última vez que hablamos subió el volumen, dejándome oír alguna buena melodía de su amplio repertorio musical.

En sus últimas semanas, me hizo un regalo, pero pidiéndome que asumiera el flete desde Cali. Me dijo que quería regalarme su bola de bolos. "¿Que voy a hacer yo con eso, Mario?" Le decía yo. "Quiero que quede en buenas manos", me insistía. Me la envió y aquí la tengo. Un recuerdo muy especial de parte de un gran amigo.

En ese último encuentro, tuve oportunidad de tomar una foto que resume la existencia vital de Mario Giraldo Palacio. Aparece en el Hotel Sonesta de Ibagué, sonriente, rodeado de su bella familia. Mi hermosa tía Marina, mis primos Jose Fernando, Luis Mario y Ana María. Felices, en un fin de semana muy especial. Llegarían poco después la pandemia, la gravedad, la muerte. Nadie, sin embargo, nos podrá quitar los bellos recuerdos de esa última ocasión en que estuvimos juntos.


Un abrazo fuerte, Mario. Un saludo para mi papá y para Cico Pérez, nos hacen mucha falta. Queda tu recuerdo, queda mi tía Marina y mis queridos primos, los nietos y los bisnietos, a quienes hoy les envío todo mi amor y mi solidaridad. Gracias por todo, gracias por tu vida.


martes, enero 21, 2020

Marielita

La triste noticia de la muerte de Marielita Quintero de Levy me ha llenado de nostalgia y añoranzas. Para muchas familias ibaguereñas, incluida la nuestra, Marielita, como todos la llamábamos, forma parte de nuestros recuerdos infantiles y de adolescencia.

Mariela Quintero Mahecha nació en Arrancaplumas, un bello paraje de la ciudad de Honda, Tolima, en 1929. No conozco detalles de su llegada a Ibagué, pero ya en 1950 estaba en nuestra ciudad y era una destacada deportista. Por su relación con el basquet conoció a un inmigrante alemán, Helmuth Levy Hoffmann, que había llegado a Ibagué a mediados de los años 40s, junto con toda su familia. Supongo que se conocieron a través del deporte, pues Mariela era basquetbolista, integrante de la selección Tolima y Helmuth y sus hermanos unos entusiastas de los deportes, incluido el ciclismo y el basquetbol. 

Los Levy habían huido de la Alemania nazi hacia 1938, llegando a Colombia, donde se establecieron en Palmira. Hacia 1941 llegaron a Ibagué, donde don Arthur Levy Levy (don Arturo) montó una panadería. En ella trabajaba también su esposa Gertrud, la siempre amable doña Gertrudis de mis recuerdos infantiles. Para 1948, la familia Levy tenía 2 establecimientos muy conocidos en Ibagué, el Centro Social en el Colegio San Simón de la tercera con 11 y el Bar Florida, prácticamente pasando la calle desde la panadería, donde eran famosos el pan, bizcochos y los ponqués. 



Después del 9 de abril, que obligó el cierre del Bar Florida, don Arturo pensó en establecerse en el importante barrio de La Pola, donde construyó una gran sede, que se inauguró hacia 1953. Como gancho importante del nuevo establecimiento se incluyó en el menú el jamón de cordero, con el que comenzaron a prepararse los aún famosos sanduches del Centro Social. 

El nuevo negocio, financiado por el BCH, funcionaba en la carrera Tercera con calle Tercera en La Pola, empleaba a 32 personas y tenía vehículos que atendían muchas de las poblaciones vecinas a Ibagué.


Recién llegado el Centro Social a La Pola, Marielita y Helmut decidieron casarse. Es famosa la foto del 2 enero de 1954, donde los recién casados salen de la la capilla de la Escuela Normal Nacional en la Carrera Quinta con Calle 30. Como muchas ocasiones religiosas en aquel pequeño Ibagué, la ceremonia se hizo con la bendición de monseñor Luis Felipe Jáuregui. Los Levy Quintero se instalaron en La Pola, donde nacieron Giselle, Erika y Helmut, los primeros hijos del matrimonio.



MIS RECUERDOS

Ya para esa época funcionaba el Liceo Val en Ibagué y Marielita era una de sus profesoras. No conozco si hubo una sede anterior, pero mis recuerdos sitúan al colegio en una vieja casa de la calle 10 con carrera cuarta, muy cerca de la Plaza de Bolivar y el Parque Murillo Toro. Allí me llevaron a comienzos de 1961, cuando mis papás decidieron radicarse en Ibagué. Humberto Niño, recién salido de la Armada Nacional, pediatra, quería hacer su carrera en Ibagué. Gloria Ballesteros, santandereana, con 2 hijos y esperando mellizos, estuvo de acuerdo. 

Para un niño de 4 años, recién llegado a una nueva ciudad, la experiencia del colegio fue aterradora. El Liceo Val funcionaba a una cuadra de la casa de mis abuelos, era un colegio espectacular al que Cecilia Valbuena y Mariela Quintero le ponían amor y algo más, pero no me pude acomodar. Apenas llegaba Helena, la empleada de mis abuelos, a traerme las mediasnueves, me aferraba a sus piernas y lloraba y lloraba. Cecilita y Marielita llamaron a mis papás y les recomendaron esperar un año más. Toda la vida me ha perseguido el fantasma de haber perdido kinder en el Liceo Val, pero reconozco que fue una decisión sensata de dos buenas educadoras.

En algún momento del año 1961 nos mudamos a La Pola, al llamado Barrio Pabón Peláez. Recuerdo haber ido muchas veces al Centro Social de la tercera con tercera, junto con mis papás. En febrero de 1962, ya más aclimatado a Ibagué, volví al Liceo Val de la calle 10, donde estudié hasta 1964. La filosofía de Vida, Amor y Luz se aplicaba con toda la fuerza en el colegio, donde aparte de lo académico teníamos deporte, música, danzas y canto, todo bajo la dirección entusiasta de Marielita.


1965 fue un año de grandes cambios para todos nuestros conocidos en Ibagué. Mis papás y varios vecinos del Pabón Peláez compraron casas en un nuevo barrio, llamado en aquellos años Cadis (no Cadiz, como empezaron a llamarlo muchos años después). Cuando pensaban en que colegio meternos, se enteraron que el Liceo Val se trasladaba muy cerca a Cadis, así que seguimos en el colegio. Y para completar la alegría, el Centro Social se trasladaba desde La Pola para el nuevo barrio, a cinco minutos en bicicleta desde nuestra casa.

No sabíamos que la situación del Centro Social no era fácil. Dos descalabros económicos se sucedieron en línea, un asalto a un conductor del Centro Social en Anzoátegui, que no fue cubierto por el seguro, así como un gran incendio en el local de La Pola. Después de más de 20 años en Ibagué, don Arturo y doña Gertudris la veían difícil. Un ingeniero, me imagino que fue Carlos Mazuera, les ofreció un local en el nuevo barrio de Cadis y allí volvieron a comenzar. El éxito fue rotundo, pues los precedía la gran fama y calidad de sus productos.

Muy bien planeado, Cadis era un barrio que ofrecía una buena calidad de vida a profesionales jóvenes como mis papás. Todo el mundo se conocía, vivíamos la típica vida de los suburbios, todo el tiempo en la calle, las casas siempre abiertas, la felicidad plena. Ir al Centro Social en bicicleta era toda una aventura y Helmut, al frente del negocio, nos atendía como principes. Allí también estaban don Arturo y doña Gertudris, siempre muy bien puestos. Ibamos en bus al Liceo Val, que quedaba relativamente cerca, en una hermosa sede campestre donde hice segundo de primaria. 



En aquel 1965, aparte de izadas de bandera y exámenes con presencia de los padres, protagonicé una pelea monumental con mi compañero del Liceo Val Fernando Vila (QEPD), a la llegada del bus del colegio. Después de 5 minutos de una pelea muy reñida, mi hermana Claudia hizo la diferencia. Le quitó los zapatos a Fernando y comenzó a golpearlo con ellos. Le dimos una muenda fenomenal. Marielita estaba aterrada, no sabía que hacer con 2 niños en semejante situación. Llevó la situación con mucho tacto y terminamos aquel año sin problemas.

En 1966 pasé a colegio grande, el Jiménez de Cisneros, pero siempre llevo con mucho cariño el recuerdo de mi primer colegio, donde aprendí tantas cosas. Marielita fue una gran educadora, como lo reconocen todos sus antiguos alumnos.

LA NATACIÓN

En los años 60s se completó la familia Levy Quintero. Llegaron Ingrid y Claudine. Helmut y Marielita se metieron de lleno en la natación, teniendo como sede primero el Club del Comercio de Ibagué y luego el mundo entero. Todos los hijos fueron buenos nadadores, pero Helmut hijo y Giselle se destacaron especialmente. Marielita era una buena madre de deportistas, apoyando y exigiendo a sus hijos, Erika incluida, a pesar de su condición de haber nacido con síndrome de Down. Helmut papá era un buen dirigente y aprovechaba su paso por la Voz del Tolima para difundir y fomentar el bienestar de la natación tolimense.



La gran ocasión de los IX Juegos Nacionales en Ibagué disparó a la natación tolimense. Helmut papá estuvo en el Comité Organizador, que construyó unas bellas piscinas, orgullo de nuestra ciudad por muchas décadas. Marielita estuvo al frente del joven equipo tolimense, que no podía pelear mucho frente al poderoso equipo del Valle del Cauca, comandado por Olga Lucía de Angulo (QEPD). Ya vendrían tiempos mejores, aprovechando la magnífica experiencia de esos Juegos.

Helmut Levy Quintero se convirtió en una gloria del deporte tolimense y la natación colombiana.  Por más de una década, en los años 70s, dominó las pruebas de los 200 y los 400 metros combinados. Ganó muchas medallas de oro en su categoría a nivel nacional e internacional y participó en 123 competencias internacionales en todo el mundo, entre juegos centroamericanos, suramericanos y juegos olímpicos, participando en Montreal 1976 y Moscú 1980. Después de sus segundos olímpicos, decide retirarse en 1980. 

Erika Levy también representó a Colombia, como abanderada y deportista en competencias de nadadores con síndrome de Down y siempre fue una persona feliz y querida. Marielita y Helmut la manejaron con inmenso afecto, al igual que a su hermana Arlette, también con síndrome de Down y quien murió muy joven. La muerte de Erika, en enero de 2017, fue un golpe duro para una familia que mucho se centraba en ella.



LOS ÚLTIMOS AÑOS

Cuando salí de Ibagué para la Escuela Naval de Cartagena en julio de 1973, los Levy Quintero estaban en un momento de gran apogeo. El Centro Social era el sitio de reunión de los adolescentes ibaguereños y funcionaba como un relojito. El Liceo Val funcionaba también muy bien, con Cecilita y Mariela al frente de la institución. Helmut brillaba en las piscinas de medio mundo y Giselle había dejado igualmente una estela de triunfos. Era el mundo ideal.

Ya no volví a vivir de tiempo completo en Ibagué. Volvía en vacaciones y siempre me daba vuelta por el Centro Social, donde Helmut me saludaba y me atendía con el mismo cariño de 1966. Con el tiempo Helmut hijo se convirtió en un buen periodista y un líder regional. El Liceo Val cambió de manos, cerrando un hermoso capítulo de buenas enseñanzas. En el 2011, cansados, Helmut y Marielita decidieron cerrar el Centro Social de Cadiz (ya se había españolizado el barrio). Concluía un largo camino, iniciado por don Arturo y doña Gertudris 70 años atrás. Helmut papá sigue ofreciendo el famoso jamón de cordero, que distribuye entre sus amigos y conocidos. Todavía soy fiel usuario y con cada bocado recuerdo aquellos bellos años.






En mayo de 2019, con ocasión de los noventa años de Mariela Quintero Mahecha de Levy, sus antiguos alumnos le hicieron un homenaje de reconocimiento a su gran trayectoria. Fue un momento lleno de alegría, pero también de mucha nostalgia. Fue reconocimiento y a la vez despedida. Una gran mujer, que disfrutó ese día con profunda alegría. Ocho meses después, esos mismos alumnos, acompañados por Ibagué entero, despedían a Marielita en su viaje a la inmortalidad.






domingo, diciembre 29, 2019

Un bisiesto muy festivo

El 2020 será bisiesto, como muchos de los años que son múltiplos de 4. Pero este año tiene la particularidad de que el 29 de febrero cae en sábado, lo que resulta muy especial para Colombia. La última vez que tuvimos bisiesto sabatino fue en 1992, en plena euforia de la apertura de Gaviria. 

Se preguntarán mis lectores que tiene de especial que el 29 de febrero de 2020 caiga en sábado. Pues resulta que esa fecha genera una interesante cadena de puentes festivos en nuestro país. Aquellas fechas especiales que no cambian por la ley de Raimundo Emiliani (que Dios tenga en su gloria) tienen su compensación en este año. El primero de mayo cae en viernes. El 20 de julio, en lunes. El 7 de agosto, en viernes. El 12 de octubre, también en lunes. El 8 de diciembre cae en martes, así que toca hacer un esfuercito y generar un puente festivo de 4 días. El 25 de diciembre y el primero de enero caen en viernes. La moñona es completa.

Esta es la lista completa de los 17 puentes festivos en el 2020, para deleite de los hoteleros y los amantes del descanso amparado por la ley:

PRIMER TRIMESTRE

1. Arrancamos con un puente de Reyes Magos muy bien localizado en el calendario. El primero de enero de 2020 cae en miércoles, el 6 de enero cae en lunes, así que la tentación de tener un puente festivo de casi una semana es muy grande.
2. Después de una tortura de 10 semanas sin puentes festivos entre enero, febrero y la primera quincena de marzo, llega San José el lunes 23 de marzo a romper esa racha. Esa tanda de 10 semanas es la más larga del año, dando algo de respiro a las familias para recuperarse del gasto de fin de año y la entrada de los colegios Calendario A.

Para poder equilibrar algo el trimestre, este año programamos matrimonio de una sobrina el 29 de febrero en Santa Marta. Así celebraremos debidamente el día bisiesto, tomando el lunes 2 de marzo para tener un fin de semana largo en esta sequía de festivos.

SEGUNDO TRIMESTRE

3. En la primera quincena de abril tenemos la Semana Santa. Arranca el sábado 4 de abril, víspera del Domingo de Ramos y remata el 12 de abril, Domingo de Pascua.
4. El viernes primero de mayo se arma un puente no tradicional en Colombia, pero que celebraremos con gran entusiasmo. Los regalos del bisiesto hay que tomarlos con humildad, pero sin dejarlos pasar.
5. El lunes 25 de mayo celebramos la Ascensión del Señor, uno de los buenos regalos de Raimundo Emiliani (que San Guchito tenga a su lado en el cielo)
6. El lunes 15 de junio celebramos Corpus Christi, que pasa del jueves 11 de junio al siguiente lunes (tres jueves hay en el año, muy dignos de admiración, Corpus Christi, jueves santo y jueves de la ascensión)....Durante este puente arranca la Copa América, con partido Colombia - Ecuador en Bogotá el sábado 13 de junio.
7. El lunes 22 de junio celebramos la consagración de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús. Esa centenaria tradición fue declarada inexequible por la Corte Constitucional, que en su sabia sentencia no se atrevió a modificar el festivo de junio. Tendremos Copa América todo el festivo, con 5 partidos en Colombia y Argentina. Colombia juega contra Perú el domingo 21 de junio en Medellín.
8. El lunes 29 de junio celebraremos a San Pedro, especialmente en mi Tolima Grande. El plato fuerte sigue siendo la Copa América, con el partido Colombia - Brasil en Barranquilla el sábado 27 de junio. La meta es celebrar este puente en las playas de Santa Marta y asistir al partido de Colombia, si Dios y la Federación Colombiana de Fútbol lo permiten.



TERCER TRIMESTRE

9. El 20 de julio cae en lunes, así que este es el segundo regalo del bisiesto en sábado. Un festivo necesario, después de que terminen las emociones de la Copa América el 12 de julio en Barranquilla.
10. El 7 de agosto cae en viernes, tercer regalo del año bisiesto sabatino. Cae muy bien, para celebrar los 85 años de mi mamá.
11. El lunes 15 de agosto celebraremos la Asunción de la Virgen. Habrá que celebrar por todo lo alto este puente, pues allí se inicia una racha de 7 fines de semana seguidos sin festivos.



CUARTO TRIMESTRE

12. Después de atravesar el desierto de septiembre, llegamos al lunes 12 de octubre. El Día de la Raza llega muy bien, a cortar la sequía de 7 semanas sin festivos.
13. El lunes 2 de noviembre marca otro puente festivo Emiliani, esta vez con el motivo del Día de todos los santos. El puente del 2019 lo pasamos en Medjugorje, rodeados de miles de italianos que cruzan el Adriatico para también celebrar esa fecha.
14. El lunes 16 de noviembre celebramos la Independencia de Cartagena. Solía ser una fecha muy especial por el Reinado Nacional de Belleza, a quien hace rato le pasó su cuarto de hora.
15. El 8 de diciembre cae en martes, así que toca empatar el fin de semana anterior con este festivo entre semana, para sacar fuerzas para la temporada navideña. Puede ser una buena oportunidad para la Jornada de Acción Social de nuestra familia, seguida de un fin de semana de hotel en la zona del Centro Andino de Bogotá.
16. 25 de diciembre cae en viernes, así que se puede organizar una buena celebración navideña desde el jueves 24 sin ningún problema.
17. El primero de enero de 2021 cae en viernes, así que la celebración de fin de año arranca el jueves 31 de diciembre y termina el lunes 11 de enero de 2021.

LA MALA SUERTE DE LOS BISIESTOS

Parece que nos espera un buen año bisiesto en materia de festivos. Sin embargo, vale la pena recordar que los bisiestos también traen mala suerte. En 1992, cuando tuvimos esta oportunidad, el bisiesto sabatino se dejó ver apenas pasando el 29 de febrero. El lunes 2 de marzo de 1992 arrancó el racionamiento del gobierno Gaviria, que duró hasta el 7 de febrero de 1993. Así que tuvimos muchos puentes, pero literarmente poca energía para disfrutarlos.



En 1964, recién pasado el sábado bisiesto, el gobierno de Guillermo León Valencia arrancó una feroz operación contra un pequeño grupo de guerrilleros en las montañas de Marquetalia. Después de perder una buena cantidad de reses y gallinas, los sobrevivientes fundaron una nueva guerrilla, llamada Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC. Buena herencia nos dejó aquel bisiesto de hace 56 años.



Vamos a ver como se comporta el 2020, que fue precedido por un muy movido año 2019 a nivel mundial. Las marchas descontroladas, la "resistencia" al establecimiento, fueron grandes protagonistas del año pre-bisiesto. ¿Seguiremos el camino de los 2 bisiestos sabatinos anteriores? ¿Mucha fiesta, pero el rancho ardiendo?

viernes, junio 28, 2019

¿Kussamificado? ¿Comodificado? Cosas más extrañas en la galería Dia:Chelsea

(For the original essay in English, click here)
Este es un ensayo de Mónica Albornoz, quien escribirá habitualmente en este Blog. Mónica es graduada de la New York University y es una de las nuevas artistas colombianas que triunfan en el exterior. Aquí va el ensayo: 

El letrero que guía a la exhibición de Rita McBride Particulates (Partículas) en la galería Dia:Chelsea lee “PELIGRO - RADIACIÓN LÁSER” pero no hace lo suficiente para indicar la magnitud de lo que viene. Tras la puerta hay un grande espacio industrial enladrillado, oscuro, ruidoso y húmedo. En la parte izquierda del espacio los brillantes rayos verdes de un láser de alta intensidad forman un túnel en forma de parábola que se extiende hasta el extremo opuesto de la habitación. Diminutas partículas de vapor y polvo saturan el aire y atraviesan los rayos láser, dando la impresión de que el túnel es un canal activo de información que viaja a través del tiempo y el espacio. Una cerca que se ondula como balcones teatrales está parada entre el tremendo túnel y la audiencia que mira desde las sombras. 



La atmósfera es fascinante, el túnel de láser espectacular, y sobre todo, la exhibición es una rareza entre el estándar de exhibiciones que se presentan en la ciudad. Me recuerda al artículo de Ben Davis: State of the Culture, Part I: Museums, “Experiences” and the Year of Big Fun Art (El estado de la Cultura, Parte I: Museos, “Experiencias” y el Año del Gran Arte Divertido), en el que Davis describe las tácticas y el esfuerzo de las instituciones de arte para separar a la audiencia de sus computadores portátiles y llevarla sus puertas. Me pregunto, ¿por qué es que desde hace seis meses que lleva abierta, no me he enterado de Particulates, pese sus características sensorial y visualmente estimulantes (características del Gran Arte Divertido) y por qué es que no lista entre otras exhibiciones taquilleras recientes?


En State of the Culture Davis escribe acerca de la exhibición blockbuster del 2016 Meow Wolf, la cual “pone las palabras Exhibición de Arte Inmersiva primero que su propio nombre”, enfatizando la importancia de marquetar la presencia física de la audiencia para lograr el éxito de una exhibición (par 29). Particulates crea un ambiente que puede ser etiquetado como principalmente inmersivo, pero en realidad lo es solo en el sentido de hace uso de la estética relacional (relational aesthetics). La cerca de fibra de carbon titulada Guidance “Barriers” (“Barreras” Guía) (2017) tanto protege como dirige a la audiencia lejos de los láseres y hacia el muro del lado derecho, donde hay bancas disponibles para sentarse. La llegada de la audiencia al espacio oscuro y neblinoso no es tanto un método de shock o entretenimiento sino las circunstancias fenomenales necesarias para visualizar del láser. En ese sentido, la audiencia activa el espacio únicamente como el espectador pasivo y temporal del fenómeno sobrenatural en Particulates, no como su agente principal.

A pesar de la pasividad forzada sobre la audiencia, Particulates es todavía una instalación monumental que habla en el atractivo lenguaje de lo sublime, el minimalismo e inclusive la ciencia-ficción. Me podría sentar en las bancas de Particulates hipnotizada por el movimiento de los láser, relajándome bajo la cortina de niebla y ruido blanco producida por las máquinas de vapor de agua, tratando de diseccionar las referencias estéticas a la arquitectura, la física cuántica y los thrillers de ciencia-ficción desde 2001: Odisea del Espacio hasta Stranger Things de la  instalación, por un largo tiempo. Es de esta manera que Particulates deja de lado el Gran Arte Divertido, el “sentido de que tenías-que-estar-ahí [como] su aporte más importante”, y le pide a la audiencia que no solo experimente sino que también piense (par. 29).



El problema es que la mayor parte de las personas no tienen la paciencia para ese tipo de trabajo mental. Davis escribe, “El Gran Arte Divertido no requiere de conocimiento histórico, contexto, siquiera paciencia para poder ser disfrutado”. Y Particulates, a diferencia de instalaciones tapadas de colchones con ondas sonoras alfa como Pixel Forest de Pipilotti Rist del 2016, o Dia 15 VI 13 545 West 22 Street Dream House presentada en Dia:Chelsea en 2015, simplemente no es suficientemente cómoda. 

En general, Particulates no se alinea ni con el deseo de agencia ni con el deseo de comodidad de la audiencia del siglo XXI. La instalación, a pesar de estar construida como un ambiente, parece tener la fórmula de Gran Arte Divertido en reversa: donde apaga el cuerpo sensorial en la pasividad, activa la mente en su pedido de paciencia y reflexión de su contenido intangible.



Todas las Imágenes © Rita McBride
Rita McBride, Particulates, 2017, Installation view, Dia:Chelsea, 541 West 22nd Street, New York

Referencias:
Ben Davis, “State of the Culture, Part I: Museums, ‘Experiences,’ and the Year of Big Fun Art,” artnet News, December 27, 2017. https://news.artnet.com/opinion/state-of-the-culture-part-i-1184315

jueves, junio 27, 2019

Te he prometido brilla en los Globos de Oro

Con gran emoción registraron muchos latinoamericanos la gran exposición que tuvo la canción "Te he prometido", en la premiación anoche de la película "Roma" en los Globos de Oro. Yo estuve dentro de los que más se emocionaron, pues la bella canción me ha acompañado durante muchos momentos de mi vida.

"Te he prometido" fue lanzada a comienzos de 1969 en un álbum de 33 revoluciones en toda Latinoamérica, posteriormente fue lanzado en España en 1970 como un sencillo de 45 revoluciones. No tuvo en principio el éxito de las grandes canciones de Leo Dan hacia 1964 y 1965, pero lo volvió a situar en los primeros puestos, en un momento de dura competencia con otros grandes cantantes de aquella época.

La canción está dedicada a un antiguo amor que ha traicionado al cantante, despechado "sabiendo que mañana irás con otro al altar".


El estribillo es muy pegajoso, donde le anuncia a la mala amante que no podrá ser feliz:

"Lloraras, lloraras por tu capricho 
Si yo sé es a mí a quien queres
No podrás ser feliz con ningún otro 
Pues conmigo conociste el amor"


En un tono altísimo, al que solo Leo Dan llegaba, es una canción simple, pero que poco a poco se convirtió en una de las esenciales de cualquier recopilación del cantante. Fue incluida en el bello homenaje que le hicieron en el 2018 a Leo Dan varios cantantes, "Celebrando a una leyenda". Allí la interpreta magistralmente con Ricardo Montaner.




Teniendo en cuenta la gran influencia de la canción, el director mexicano Alfonso Cuarón la incluyó en la banda sonora de la película Roma. Ayer la canción fue interpretada en 2 momentos cumbres de la premiación de los Globos de Oro.


martes, noviembre 13, 2018

Andrés Uprimny

Leyendo hoy los tweets de la fecha, me enteré de la triste noticia de la muerte de Andrés Uprimny. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y me llenó de nostalgia. Aunque no veía a Andrés desde hace unos 25 años, tengo muy claros y gratos recuerdos de tantas cosas que compartimos.

El sábado 7 de julio de 1973 llegué al Aeropuerto El Dorado de Bogotá trasnochado y aterrado. De 16 años apenas cumplidos, iba a realizar la primera gran aventura de mi vida, al ingresar a la Escuela Naval. En el mostrador de Avianca estaba a mi lado un muchacho de larga cabellera rubia, que me tocó de compañero en el vuelo hacia Cartagena. Me preguntó si también iba para la Escuela y conversamos durante el corto vuelo. "Te voy a llamar Tolima", me dijo en el acento más rolo que uno pudiera imaginarse. "Me llamó Andrés Uprimny", me dijo.

Llegamos juntos a la Escuela, en un bus que nos recogió en el Aeropuerto de Cartagena. Nos metieron juntos a la peluquería, donde acabaron en un dos por tres con su cabellera. Todos estábamos aterrados con las sucesivas experiencias para los reclutas, pero Andrés se veía tranquilo y altivo. Era un reflejo de su gran personalidad y su don de gentes.

Muchas veces conversamos en los 2 años que pasamos juntos en la Escuela. Como fue mi primer amigo, le contaba algunas cosas que yo veía complicadas. Cuando le decía que mi novia en Ibagué me había despachado con el cuento de que amor de lejos, amor de pendejos, Andrés me decía "tranquilo, Tolima, van a llegar muchas otras". Cuando me entraba la nostalgia, me animaba a seguir adelante. Muchas otras personas me ayudaron en la dura vida de la Escuela Naval, pero Andrés siempre fue muy especial conmigo.

Nos encontramos años más tarde trabajando juntos en el sector financiero. En un Congreso en Cartagena, a comienzos de los años 90s, decidimos escaparnos de las conferencias y tomamos un taxi hasta Manzanillo. Llegamos a la Escuela, nos presentamos ante el oficial de guardia y nos permitieron entrar a ver nuestra antigua Alma Mater. Llenos de nostalgia, recorrimos salones, comedores, estancias donde habíamos vivido tantas cosas. Miramos la nueva Escuela, con cadetes mujeres, con supermercado, con aire acondicionado. Que diferencia con aquella vieja Escuela de 1973. Volvimos al hotel con la tranquilidad de haber cerrado con honores un gran ciclo de nuestra vida.

Nunca más supe de Andrés. Sabía que era amigo de mi primo Rafael Stand, pero no recuerdo haberlo visto en los tristes días de la muerte de Rafa. Lo mencionamos varias veces, en las contadas oportunidades que hablaba con alguien de la Escuela. Hasta hoy. Hasta saber que había muerto a sus 62 años. Hoy supe que se llamaba ANDRES RUFINO ALAIN LUIS FERNANDO UPRIMNY YEPES, lo que explica en parte su gran porte y personalidad. Hasta pronto, buen amigo, buen viento y buena mar.

martes, junio 12, 2018

La segunda estrella de un gran equipo

Voy a contarlo como lo viví. A distancia, digitalmente, pero con el corazón en el Anastasio Girardot de Medellín. Frente a un computador, pero sintiendo plenamente el sentimiento de los muchachos en la cancha. En casa de mi querida familia en México, pero al mismo tiempo en el Parque Murillo Toro de Ibagué. Sintiendo a cada momento el orgullo y la emoción de ser tolimense.


Los primeros 45 minutos los pasé casi sin mirar el Twitter, en un hotel en la Ciudad de México. Al final de ese primer tiempo supe que íbamos 0-0 y que todavía había esperanzas. Nos recogieron para ir a una reunión familiar y en el camino uno de mis sobrinos me gritó "tío, acaba de meter gol Tolima!". Una emoción sin límites me llenó el corazón con ese gol de Sebastián Villa, apenas llegué a la casa corrí a buscar más detalles y encontré que estaban mirando el partido en el computador de la casa. Pude ver como Tolima dominaba al Nacional, como el equipo jugaba con personalidad y eficiencia. Pude ver como nos robaban un penalti y como nos empataban. Ante la inminente derrota, me quedé solo, esperando un milagro, mientras el computador comenzaba a perder la señal desde Medellín.



Pocos minutos antes de terminar, nuevamente entró mi sobrino "parece que Tolima metió otro gol!", ante lo cual nuevamente se llenó la zona del computador. Todos buscábamos quien tenía esa información, pues la señal del partido todavía estaba en el minuto 89. Una sobrina desde Bogotá confirmó la noticia en Whatsapp, con un mensaje de goooooooooool que nos llenó de alegría. Tolima dando vuelta al marcador! Frente a 40.000 espectadores! Con todo en contra! No lo podía creer. Un golazo de Danovis Banguero nos ponía en los penaltis.


Los siguientes cinco minutos los pasamos buscando una señal más estable y pidiendo que Tolima cobrara los penaltis como contra Medellín unos días antes, como contra Cali en el 2003. Todos nos sentamos frente al computador. Nacional metió el primero. Dairo Moreno continuaba su racha en finales contra sus paisanos tolimenses. 1-1 empató Tolima, otra vez Sebastián Villa. 2-1, ganando Nacional. 2-2 empatamos, con gol de Omar Albornoz. Llegó el tercer cobro y la gran atajada de Montero! El milagro se venía venir! Cobró con mucha personalidad Banguero y nos fuimos adelante 3-2. Por primera vez en toda la final estábamos ganando! Faltaba muy poco! El cuarto cobro de Nacional fue detenido por el pie del gigante arquero tolimense. Un grito grande de todos nosotros en Ciudad de México llegó hasta el Anastasio, llegó hasta el Murillo Toro de Ibagué.


En esos pocos segundos antes del cuarto penalti volví a 1965, viendo mis primeros partidos del Tolima con mi papá. Volví a ver el gran equipo de 1982, pero sobre regresé a diciembre del 2003, cuando fuimos por primera vez campeones. Junto a Marco Pérez pateamos con el alma millones de tolimenses y junto con todos los jugadores saltamos hasta el cielo celebrando la hazaña. Yo no podía reaccionar. Solo decía "campeones, campeones!". Todos esperaban que me largara a llorar, pero la tensión y la incredulidad todavía me dominaban. Me abracé con Valeria, agradeciendo el increíble triunfo. Pensaba en mis hermanos, los hinchas de de cada fecha en el estadio de Ibagué . Sonaban en el computador la guabina tolimense y los gritos emocionados de los jugadores, mientras 40.000 espectadores desocupaban el estadio en silencio absoluto.


Minutos más tarde pude hablar con mi hermano Juan Manuel en Ibagué, que ya en ese momento estaba con sus calles repletas de felices paisanos celebrando la gran hazaña. También con mis hijos nos cruzamos mensajes emocionados. Luego apareció desde España mi hermano Juan Carlos, el más constante de los hinchas tolimenses, el que más veces ha ido al estadio Murillo Toro en toda la historia. Todos felices, orgullosos de nuestro gran equipo.



Así lo viví, otra vez fuera del estadio. Como viví el subcampeonato de 1982, de rodillas todo el segundo tiempo oyendo el partido en Bogotá. Como viví el ascenso del 94, pegado al radio y llorando de alegría. Como viví el campeonato del 2003 en Cali, llorando de emoción en Ibagué junto a mis dos hijos mayores. La única vez que iba a ver coronarse al Tolima en Ibagué, perdimos una increíble final frente al Cucuta de Jorge Luis Pinto. El destino de los tolimenses ha sido que el equipo se haya coronado en Cali, Bogotá y Medellín. La próxima será en nuestro querido Murillo Toro. Espero que el destino me permita estar allí celebrando una nueva hazaña.


domingo, mayo 20, 2018

Luis Prieto Ocampo

La lamentable muerte de Luis Prieto Ocampo me ha llenado de tristeza y nostalgia, devolviéndome la memoria de una época muy especial de mi vida. Trabajé con el doctor Prieto entre 1983 y 1986, comenzando mi carrera bancaria y tengo muchos recuerdos y anécdotas de aquellos tiempos.

A comienzos de octubre de 1983, recién llegado de mi luna de miel, comencé a trabajar en el Banco del Estado, donde era presidente Luis Prieto Ocampo. Me habían ofrecido el puesto un mes antes, como llovido del cielo, pues estaba a punto a casarme y necesitaba mejorar mis ingresos. En el Banco del Estado me ofrecían el doble de sueldo de mi anterior trabajo, buenas condiciones laborales y entraba a trabajar como analista de crédito junto a mi amigo de infancia Francisco Moreno. Nuestro jefe era Carlos Alberto Pérez, con quien todavía conservamos una buena amistad en la actualidad.


El ambiente de trabajo en el Banco era espectacular. El doctor Prieto se había rodeado de un grupo de magníficos ejecutivos y muy buenos técnicos, contratados a toda prisa en los mejores bancos del país. El banco se había quebrado en la crisis del año 1982 y el gobierno de Belisario Betancur había decidido recuperarlo, poniendo en frente del mismo a Prieto Ocampo, quien había sido alcalde de Bogotá, presidente de la ANDI, así como un industrial exitoso, honrado y eficaz. Liberal, había aceptado entrar al gobierno conservador de Belisario con la condición de que no aceptaría ninguna condición del gobierno en el manejo del Banco del Estado. Tanto Belisario como Prieto Ocampo cumplieron a cabalidad aquella condición inicial.

Las jornadas de trabajo eran largas y rigurosas. El ritmo de trabajo que imponía Prieto Ocampo era frenético y sin intermediarios. Muchas veces yo debía ir hasta la presidencia, acompañado de Carlos Pérez, Director Nacional de Crédito, para explicarle al doctor Prieto y a José Fernando Londoño, Vicepresidente Bancario, los detalles de alguna operación de crédito. Prieto nos desarmaba con preguntas claras y concretas sobre los clientes. La más clásica: "Doctor Niño, si usted tuviera que prestarle a ese cliente la única plata de su mamá viuda, lo haría?". Era un hombre sagaz, de una inteligencia muy clara, que confiaba en su equipo de trabajo y nos delegaba grandes responsabilidades.

Prieto tenía buen ojo y, modestia aparte, recomendó que me dieran un ascenso. En marzo de 1984 me nombraron segundo a bordo en la División Nacional de Crédito, como Jefe del Departamento de Análisis de Crédito. Una buena noticia, que coincidía con el nacimiento de Germán Felipe, mi primer hijo. El doctor Prieto nos enviaba junto con Carlos Pérez a reuniones muy importantes, representando al Banco en complejas negociaciones. Yo tenía apenas 27 años.

El doctor Prieto nos permitió crear muchos productos novedosos, con el entusiasta apoyo del Vicepresidente Bancario José Fernando Londoño, a quien había traído de Manizales para manejar la parte comercial del Banco. Recuerdo mucho que lanzamos una línea de crédito de vehículo que tenía un seguro incorporado que permitía tener grúa, asistencia vehicular y otras novedades que no existían en Colombia. En ese buen producto tuvimos la asesoría de Enrique Fajardo y Mario Giraldo Palacio, pero también el apoyo incondicional de Prieto, que quería ver al Banco a la vanguardia del mercado.

En marzo de 1985, ante la dolorosa noticia de la muerte de mi padre, uno de los primeros telegramas de condolencia llegó por parte del doctor Prieto. Cuando regresé al Banco, me concedieron varios días extras para encargarme de todas las gestiones por la muerte de mi papá, así como un periodo de vacaciones adelantado, para que yo tuviera el tiempo que necesitaba. Cosas que le agradecí con todo mi corazón y toda mi lealtad.

Cuando regresé, le propuse al Banco una gran idea. Había conocido en esas semanas el mundo de la computación y estaba seguro que podía servir en el Banco. Un fin de semana me llevé a la casa todos los formularios de análisis que hacíamos a mano, junto con los conceptos técnicos que hacían las secretarias en viejas máquinas de escribir para presentar en los Comités de Crédito. Pasé todo el fin de semana trabajando en uno de los primeros PC de la historia, el Radio Shack TRS-80, con dos grandes floppys y una hoja de cálculo llamada Multiplan. En ese computador hice todo el trabajo del Comité, impecablemente presentado. Cuando el doctor Prieto vio ese trabajo, quedó completamente descrestado y entusiasmado. Me llamó a su oficina, me hizo toda clase de preguntas y compró de inmediato la idea. Una semana más tarde, todos los analistas de crédito teníamos modernos computadores.



Ese afán y ese inquietud del doctor Prieto por estar a la vanguardia de la tecnología no era nuevo. Cuando había sido presidente de Tejidos Unica había introducido muchos cambios que convirtieron a esa empresa en una moderna fábrica regional. Cuando fue alcalde de Bogotá introdujo un moderno concepto desconocido en América Latina, la llamada ciclovía. En el Banco del Estado, había invertido grandes sumas en un concepto que era totalmente desconocido en Colombia: Una cuenta corriente que permitía hacer retiros en cualquier ciudad del país. El Banco estaba totalmente en línea, la Telecuenta atrajo gran cantidad de clientes empresariales y también muchísimas personas que vieron la conveniencia del sistema. El cajero automático de aquellos años. Prieto era un visionario.



En julio de 1985, recién nacido mi hijo Daniel Humberto, me salió una oportunidad de trabajo que no podía rechazar. El Banco del Comercio me ofrecía volver a trabajar con ellos, en unas condiciones de sueldo que el Banco del Estado no podía ofrecer. Hablé con el doctor Prieto, quien entendió la situación y aceptó la candidata que propuse para reemplazarme, mi gran amiga Lucy Cortés.

En el segundo semestre de 1985 y primer semestre de 1986 estuve en el Banco del Comercio y luego en un muy importante puesto en el IDEMA, cortesía del aprecio del Ministro Roberto Mejía Caicedo por nuestra familia. Estaba terminando el gobierno de Belisario, en medio de los desastres del Palacio de Justicia y de la tragedia de Armero. No sabía que iba a hacer después del 7 de agosto de 1986, más cuando el nuevo gobierno era liberal. De nuevo, llegó la ayuda de Luis Prieto Ocampo en un momento muy oportuno.

A mediados de junio de 1986 me llamó el doctor Prieto y me invitó a visitarlo en el Banco. Sin preámbulos, me ofreció la Dirección Nacional de Crédito, una muy importante posición en la organización. Yo le dije que aceptaba encantado, tenía apenas 29 años y era una responsabilidad y un honor muy grande para mi volver a trabajar a su lado. Lo único que le pedí era poder acompañar al doctor Orlando Sardi de Lima en el IDEMA hasta el 7 de agosto. Muy directo, Prieto me dijo: "Doctor Niño, le doy 20 días para estar aquí trabajando. Si no se presenta a trabajar el primero de julio, no cuente con nosotros". Salí de su oficina, presenté mi renuncia en el IDEMA y estuve a las 7 de la mañana del día indicado en su oficina.

Vinieron años muy importantes en mi carrera. Todo el año 1986 trabajé al lado de Prieto, manejando la División de Crédito, presidiendo el Comité de Crédito y representando al Banco del Estado en muchas reuniones. Prieto era un jefe estricto, pero que confiaba en nuestro trabajo. Como siempre, el ambiente de trabajo era fluido y excitante. El Banco manejaba excelentes indicadores. Prieto Ocampo era un administrador serio, honrado, eficiente, la definición perfecta de lo que debe ser un buen servidor público. Recuerdo con gran aprecio sus enseñanzas y sus consejos. El paso por el Banco me dejó grandes amigos, pero especialmente a Gustavo Rojas y a Claudia Uribe.

Prieto fue llamado a nuevas responsabilidades, dejaba al Banco en una posición de privilegio a su partida. Fue una pieza muy importante en el gobierno de Virgilio Barco y manejó buena parte de los hilos de las campañas presidenciales de Luis Carlos Galán y de Cesar Gaviria. Fue nombrado presidente del Banco Cafetero, una entidad muy grande y compleja, donde los juegos de poder eran muy grandes. Siguió sirviendo al país desde distintas juntas, asesorías y consejos. Fue embajador en Gran Bretaña hacia 1994, donde convirtió la Embajada en una empresa seria y eficiente. Lo define perfectamente el ministro de Transporte, Germán Cardona, quien fue alcalde de Manizales en dos periodos: "Fue de los seres humanos más honestos y respetables que he conocido". 

Prieto Ocampo formó una gran familia, al mejor estilo caldense. Tuvo 10 hijos, 22 nietos y 20 bisnietos. Su hija Marcela lo define: "Fue un padre maravilloso. Nos guiaba y nos amaba. Toda su vida giró en torno a su familia". Su familia le dio grandes alegrías y, como es inevitable, grandes tristezas. A principios de los 70 su primera esposa, Beatriz Uribe, y su hijo Luis Guillermo murieron en un accidente aéreo entre Medellín y Manizales. Recientemente, el duro golpe de su hijo Roberto Prieto, involucrado en el caso Odebrecht.

Prieto Ocampo estudió Ingeniería Química en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. En lo empresarial, fue gerente de Tejidos Única, gerente del Instituto de Fomento Industrial (IFI), presidente de la Andi, gestor de la Corporación Financiera de Caldas, gerente de los bancos Cafetero y del Estado. Representó a Colombia en la Junta Directiva del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). En lo político, ocupó la Alcaldía de Bogotá, designado por el expresidente Alfonso López Michelsen, su amigo personal; gerente de las campañas a la presidencia de Luis Carlos Galán Sarmiento y de César Gaviria Trujillo, y embajador de Colombia en el Reino Unido.  Pasó por todas esas posiciones dejando un legado de honradez, eficiencia y gallardía. Paz en la tumba de un gran colombiano.


domingo, septiembre 24, 2017

34 años maravillosos

Hoy, cuando se cumplen 34 años del maravilloso día de mi matrimonio, vale la pena reproducir y actualizar este post, que escribí hace unos años. Estos dos últimos años han estado llenos de acontecimientos muy lindos, que han reforzado un matrimonio de bases muy sólidas. Aquí va el escrito:

El viernes 12 de marzo de 1982 fue uno de los días más especiales e importantes de mi vida, aunque en ese momento parecía un día más. Habíamos sido convocados alrededor de 20 personas al Banco del Comercio, para informarnos que estábamos admitidos al Curso de Análisis de Crédito y Técnicas Bancarias, un exigente curso de postgrado organizado por el Chase Manhattan Bank para formar ejecutivos bancarios. 

A la salida, nos reunimos en la calle 13 con octava un grupo de los nuevos estudiantes, a comentar la buena noticia y a felicitarnos por haber terminado el proceso, donde habían sido descabezados alrededor de 400 aspirantes. Todos estábamos felices, menos una niña que nos dijo con toda seguridad que iba a pensar si ingresaba al curso. Ella tenía otras dos ofertas de trabajo y se iba a tomar el fin de semana para saber que iba a hacer. Me pareció un poco antipática su actitud. Me dije a mi mismo que ojalá decidiera tomar una de sus otras opciones.

Aquella niña de las tres ofertas de trabajo, la antipática que no sabía si iba a entrar a ese curso tan atractivo, es la mujer que me ha acompañado durante 35 años, 34 de ellos en un feliz matrimonio. Liliana Albornoz lo pensó durante ese fin de semana y entró al curso del Banco del Comercio el lunes 15 de marzo de 1982. Inteligente, segura de si misma, simpática, se convirtió en la numero 1 del curso muy fácilmente. Yo, que siempre he sido un buen matemático y buen estudiante, estaba de segundo y trataba de recortarle terreno, pero era muy difícil seguirle los pasos. 


Liliana no tenía inconveniente en hacer siesta a la hora del almuerzo: se tiraba al piso, ponía 2 ó 3 libros como almohada y dormía su buena media hora. Esa capacidad de dormir en cualquier circunstancia la sigue teniendo 35 años después. Abierta y amigable, era capaz de convocar a una fiesta en su casa a todo el curso, llevar 6 ó 7 personas en su carro hacia el norte de Bogotá, llevarse a todo el curso y varios profesores a un paseo gigantesco a su finca en los llanos. Todo un terremoto. Yo la veía de lejos, no me interesaba mucho, pues estaba de novio, en una relación que ya llevaba 4 años. Pero Liliana no pasaba inadvertida.

1982 fue un año de muchos acontecimientos que he contado en este blog. En mayo de 1982 ganó Belisario las elecciones, en junio se jugó la Copa Mundo en España, mientras se peleaba la Guerra de las Malvinas en Argentina. En agosto asistí a la posesión de Belisario, que también he comentado en este blog. El curso era muy exigente, lo que motivó que nos concentráramos cada vez en el grupo de los 20 estudiantes, dejando de lado novias y amigas. Mi relación de muchos años se dañó en esos meses. Es muy cierto el dicho de que la novia del estudiante no es la esposa del profesional.

En algún momento de agosto y septiembre comencé a mirar con otros ojos a Liliana. Teníamos un grupo de 5 ó 6 amigos que almorzábamos todos los días y que frecuentemente estudiábamos juntos. Un día, no se porqué, le regalé el último disco de Roberto Carlos "Cama y Mesa". Conversábamos mucho después de almuerzo, a tal punto que Liliana sacrificaba 10 minutos de su siesta para estar conmigo. La invité a cine, al Teatro Almirante en la 85 abajo de la 15. Allí, a finales de septiembre de 1982, le cogí la mano y al final de la película nos dimos un beso. Han pasado 35 años desde aquella noche y todavía lo recuerdo con emoción.


Nos enamoramos locamente. El resto del curso estuvimos muy juntos y cada vez nos necesitábamos más. Ibamos a mi apartamento en la 76 con 15, a su casa en la 94 con 7A, no podíamos separarnos. Viajé con ella a Ibagué por algún exámen del curso, nos quedamos en la casa de mis papás, pero no les conté nada. Mi mamá siempre sospechó que aquella niña era algo más que mi compañera de curso. En marzo de 1983 fuimos juntos al matrimonio de mi cuñada Olga Albornoz con Luis Eduardo Sanmiguel, ya en plan de novios formales. En abril ya la presenté oficialmente a mis papás. En junio fuimos juntos a Prado, a la finca de mi hermana Claudia y mi cuñado Jacky. En agosto decidimos casarnos. Un año loco de noviazgo, que siempre recordaré como una de las etapas mas lindas de mi vida. El 24 de septiembre de 1983, hoy hace 34 años, nos casamos a las 4 de la tarde en la Iglesia de Santa María de Los Angeles en Bogotá.


Resumir estos 34 años es muy difícil. Tuvimos dos hijos muy rápido, Germán Felipe en marzo de 1984 y Daniel Humberto en julio de 1985. En pleno embarazo de Danny murió mi papá, en una tragedia que todavía me conmueve de dolor. Liliana estuvo a mi lado en todo momento en esos meses tan duros. Sobrevivimos a ese duro 1985, lleno de contrastes, con niños naciendo en la familia y mucha gente muriendo en Colombia, todo lo cual he contado en ese blog. Tuvimos años muy prósperos, que culminaron en 1997 con la llegada de mi hermosa Valeria. Una crisis económica muy fuerte, un exilio mío de 3 años en los Estados Unidos, fueron durísimas pruebas a las que sobrevivió nuestro matrimonio. Años más estables en este siglo, pero nunca en los niveles de prosperidad de nuestros primeros años. 

Nos hemos hecho más viejos y más sabios. Nos conocemos muchísimo. Somos buenos amigos. Tenemos 3 hijos maravillosos y una familia grande y hermosa. Hacemos muchas cosas juntos, pero también tenemos espacios separados, lo que es clave para una pareja. Liliana ha encontrado su camino en Emaús, donde esparce su amor incondicional y su energía asombrosa. Cada día la admiro más, cada vez la quiero más. Llegamos a los 34 años de matrimonio y seguimos contando. Dios me permita tener muchos años más al lado de la gran mujer con que me premió en la vida.


Estos dos últimos años han sido muy especiales. Se graduó Valeria y culminamos entonces la etapa de hijos de colegio. Vale entró a la Universidad Javeriana, continuando la vinculación de nuestra familia a esa gran institución, que comenzara mi papá por allá en 1951, hace ya 66 años. Germán Felipe nos regaló una gran dicha, con su matrimonio con María Paula Moreno, ganando nosotros una linda hija y una hermosa familia. Danny y Marce nos dieron el más hermoso regalo, Juan Ignacio Niño Cobo, con quien nos convertimos en jóvenes abuelos en abril de 2016.

Seguiremos este año disfrutando la dicha de ver crecer cada día a nuestro nietecito. Esperamos que nos regalen pronto otros más. Nuestra casa se seguirá iluminando con la presencia de Valeria y Simón Niño, que nos acompañan en este momento de nuestras vidas. Gracias, Liliana, por tantas cosas. Gracias, Dios, por tantas bendiciones.