martes, junio 12, 2018

La segunda estrella de un gran equipo

Voy a contarlo como lo viví. A distancia, digitalmente, pero con el corazón en el Anastasio Girardot de Medellín. Frente a un computador, pero sintiendo plenamente el sentimiento de los muchachos en la cancha. En casa de mi querida familia en México, pero al mismo tiempo en el Parque Murillo Toro de Ibagué. Sintiendo a cada momento el orgullo y la emoción de ser tolimense.


Los primeros 45 minutos los pasé casi sin mirar el Twitter, en un hotel en la Ciudad de México. Al final de ese primer tiempo supe que íbamos 0-0 y que todavía había esperanzas. Nos recogieron para ir a una reunión familiar y en el camino uno de mis sobrinos me gritó "tío, acaba de meter gol Tolima!". Una emoción sin límites me llenó el corazón con ese gol de Sebastián Villa, apenas llegué a la casa corrí a buscar más detalles y encontré que estaban mirando el partido en el computador de la casa. Pude ver como Tolima dominaba al Nacional, como el equipo jugaba con personalidad y eficiencia. Pude ver como nos robaban un penalti y como nos empataban. Ante la inminente derrota, me quedé solo, esperando un milagro, mientras el computador comenzaba a perder la señal desde Medellín.



Pocos minutos antes de terminar, nuevamente entró mi sobrino "parece que Tolima metió otro gol!", ante lo cual nuevamente se llenó la zona del computador. Todos buscábamos quien tenía esa información, pues la señal del partido todavía estaba en el minuto 89. Una sobrina desde Bogotá confirmó la noticia en Whatsapp, con un mensaje de goooooooooool que nos llenó de alegría. Tolima dando vuelta al marcador! Frente a 40.000 espectadores! Con todo en contra! No lo podía creer. Un golazo de Danovis Banguero nos ponía en los penaltis.


Los siguientes cinco minutos los pasamos buscando una señal más estable y pidiendo que Tolima cobrara los penaltis como contra Medellín unos días antes, como contra Cali en el 2003. Todos nos sentamos frente al computador. Nacional metió el primero. Dairo Moreno continuaba su racha en finales contra sus paisanos tolimenses. 1-1 empató Tolima, otra vez Sebastián Villa. 2-1, ganando Nacional. 2-2 empatamos, con gol de Omar Albornoz. Llegó el tercer cobro y la gran atajada de Montero! El milagro se venía venir! Cobró con mucha personalidad Banguero y nos fuimos adelante 3-2. Por primera vez en toda la final estábamos ganando! Faltaba muy poco! El cuarto cobro de Nacional fue detenido por el pie del gigante arquero tolimense. Un grito grande de todos nosotros en Ciudad de México llegó hasta el Anastasio, llegó hasta el Murillo Toro de Ibagué.


En esos pocos segundos antes del cuarto penalti volví a 1965, viendo mis primeros partidos del Tolima con mi papá. Volví a ver el gran equipo de 1982, pero sobre regresé a diciembre del 2003, cuando fuimos por primera vez campeones. Junto a Marco Pérez pateamos con el alma millones de tolimenses y junto con todos los jugadores saltamos hasta el cielo celebrando la hazaña. Yo no podía reaccionar. Solo decía "campeones, campeones!". Todos esperaban que me largara a llorar, pero la tensión y la incredulidad todavía me dominaban. Me abracé con Valeria, agradeciendo el increíble triunfo. Pensaba en mis hermanos, los hinchas de de cada fecha en el estadio de Ibagué . Sonaban en el computador la guabina tolimense y los gritos emocionados de los jugadores, mientras 40.000 espectadores desocupaban el estadio en silencio absoluto.


Minutos más tarde pude hablar con mi hermano Juan Manuel en Ibagué, que ya en ese momento estaba con sus calles repletas de felices paisanos celebrando la gran hazaña. También con mis hijos nos cruzamos mensajes emocionados. Luego apareció desde España mi hermano Juan Carlos, el más constante de los hinchas tolimenses, el que más veces ha ido al estadio Murillo Toro en toda la historia. Todos felices, orgullosos de nuestro gran equipo.



Así lo viví, otra vez fuera del estadio. Como viví el subcampeonato de 1982, de rodillas todo el segundo tiempo oyendo el partido en Bogotá. Como viví el ascenso del 94, pegado al radio y llorando de alegría. Como viví el campeonato del 2003 en Cali, llorando de emoción en Ibagué junto a mis dos hijos mayores. La única vez que iba a ver coronarse al Tolima en Ibagué, perdimos una increíble final frente al Cucuta de Jorge Luis Pinto. El destino de los tolimenses ha sido que el equipo se haya coronado en Cali, Bogotá y Medellín. La próxima será en nuestro querido Murillo Toro. Espero que el destino me permita estar allí celebrando una nueva hazaña.


domingo, mayo 20, 2018

Luis Prieto Ocampo

La lamentable muerte de Luis Prieto Ocampo me ha llenado de tristeza y nostalgia, devolviéndome la memoria de una época muy especial de mi vida. Trabajé con el doctor Prieto entre 1983 y 1986, comenzando mi carrera bancaria y tengo muchos recuerdos y anécdotas de aquellos tiempos.

A comienzos de octubre de 1983, recién llegado de mi luna de miel, comencé a trabajar en el Banco del Estado, donde era presidente Luis Prieto Ocampo. Me habían ofrecido el puesto un mes antes, como llovido del cielo, pues estaba a punto a casarme y necesitaba mejorar mis ingresos. En el Banco del Estado me ofrecían el doble de sueldo de mi anterior trabajo, buenas condiciones laborales y entraba a trabajar como analista de crédito junto a mi amigo de infancia Francisco Moreno. Nuestro jefe era Carlos Alberto Pérez, con quien todavía conservamos una buena amistad en la actualidad.


El ambiente de trabajo en el Banco era espectacular. El doctor Prieto se había rodeado de un grupo de magníficos ejecutivos y muy buenos técnicos, contratados a toda prisa en los mejores bancos del país. El banco se había quebrado en la crisis del año 1982 y el gobierno de Belisario Betancur había decidido recuperarlo, poniendo en frente del mismo a Prieto Ocampo, quien había sido alcalde de Bogotá, presidente de la ANDI, así como un industrial exitoso, honrado y eficaz. Liberal, había aceptado entrar al gobierno conservador de Belisario con la condición de que no aceptaría ninguna condición del gobierno en el manejo del Banco del Estado. Tanto Belisario como Prieto Ocampo cumplieron a cabalidad aquella condición inicial.

Las jornadas de trabajo eran largas y rigurosas. El ritmo de trabajo que imponía Prieto Ocampo era frenético y sin intermediarios. Muchas veces yo debía ir hasta la presidencia, acompañado de Carlos Pérez, Director Nacional de Crédito, para explicarle al doctor Prieto y a José Fernando Londoño, Vicepresidente Bancario, los detalles de alguna operación de crédito. Prieto nos desarmaba con preguntas claras y concretas sobre los clientes. La más clásica: "Doctor Niño, si usted tuviera que prestarle a ese cliente la única plata de su mamá viuda, lo haría?". Era un hombre sagaz, de una inteligencia muy clara, que confiaba en su equipo de trabajo y nos delegaba grandes responsabilidades.

Prieto tenía buen ojo y, modestia aparte, recomendó que me dieran un ascenso. En marzo de 1984 me nombraron segundo a bordo en la División Nacional de Crédito, como Jefe del Departamento de Análisis de Crédito. Una buena noticia, que coincidía con el nacimiento de Germán Felipe, mi primer hijo. El doctor Prieto nos enviaba junto con Carlos Pérez a reuniones muy importantes, representando al Banco en complejas negociaciones. Yo tenía apenas 27 años.

El doctor Prieto nos permitió crear muchos productos novedosos, con el entusiasta apoyo del Vicepresidente Bancario José Fernando Londoño, a quien había traído de Manizales para manejar la parte comercial del Banco. Recuerdo mucho que lanzamos una línea de crédito de vehículo que tenía un seguro incorporado que permitía tener grúa, asistencia vehicular y otras novedades que no existían en Colombia. En ese buen producto tuvimos la asesoría de Enrique Fajardo y Mario Giraldo Palacio, pero también el apoyo incondicional de Prieto, que quería ver al Banco a la vanguardia del mercado.

En marzo de 1985, ante la dolorosa noticia de la muerte de mi padre, uno de los primeros telegramas de condolencia llegó por parte del doctor Prieto. Cuando regresé al Banco, me concedieron varios días extras para encargarme de todas las gestiones por la muerte de mi papá, así como un periodo de vacaciones adelantado, para que yo tuviera el tiempo que necesitaba. Cosas que le agradecí con todo mi corazón y toda mi lealtad.

Cuando regresé, le propuse al Banco una gran idea. Había conocido en esas semanas el mundo de la computación y estaba seguro que podía servir en el Banco. Un fin de semana me llevé a la casa todos los formularios de análisis que hacíamos a mano, junto con los conceptos técnicos que hacían las secretarias en viejas máquinas de escribir para presentar en los Comités de Crédito. Pasé todo el fin de semana trabajando en uno de los primeros PC de la historia, el Radio Shack TRS-80, con dos grandes floppys y una hoja de cálculo llamada Multiplan. En ese computador hice todo el trabajo del Comité, impecablemente presentado. Cuando el doctor Prieto vio ese trabajo, quedó completamente descrestado y entusiasmado. Me llamó a su oficina, me hizo toda clase de preguntas y compró de inmediato la idea. Una semana más tarde, todos los analistas de crédito teníamos modernos computadores.



Ese afán y ese inquietud del doctor Prieto por estar a la vanguardia de la tecnología no era nuevo. Cuando había sido presidente de Tejidos Unica había introducido muchos cambios que convirtieron a esa empresa en una moderna fábrica regional. Cuando fue alcalde de Bogotá introdujo un moderno concepto desconocido en América Latina, la llamada ciclovía. En el Banco del Estado, había invertido grandes sumas en un concepto que era totalmente desconocido en Colombia: Una cuenta corriente que permitía hacer retiros en cualquier ciudad del país. El Banco estaba totalmente en línea, la Telecuenta atrajo gran cantidad de clientes empresariales y también muchísimas personas que vieron la conveniencia del sistema. El cajero automático de aquellos años. Prieto era un visionario.



En julio de 1985, recién nacido mi hijo Daniel Humberto, me salió una oportunidad de trabajo que no podía rechazar. El Banco del Comercio me ofrecía volver a trabajar con ellos, en unas condiciones de sueldo que el Banco del Estado no podía ofrecer. Hablé con el doctor Prieto, quien entendió la situación y aceptó la candidata que propuse para reemplazarme, mi gran amiga Lucy Cortés.

En el segundo semestre de 1985 y primer semestre de 1986 estuve en el Banco del Comercio y luego en un muy importante puesto en el IDEMA, cortesía del aprecio del Ministro Roberto Mejía Caicedo por nuestra familia. Estaba terminando el gobierno de Belisario, en medio de los desastres del Palacio de Justicia y de la tragedia de Armero. No sabía que iba a hacer después del 7 de agosto de 1986, más cuando el nuevo gobierno era liberal. De nuevo, llegó la ayuda de Luis Prieto Ocampo en un momento muy oportuno.

A mediados de junio de 1986 me llamó el doctor Prieto y me invitó a visitarlo en el Banco. Sin preámbulos, me ofreció la Dirección Nacional de Crédito, una muy importante posición en la organización. Yo le dije que aceptaba encantado, tenía apenas 29 años y era una responsabilidad y un honor muy grande para mi volver a trabajar a su lado. Lo único que le pedí era poder acompañar al doctor Orlando Sardi de Lima en el IDEMA hasta el 7 de agosto. Muy directo, Prieto me dijo: "Doctor Niño, le doy 20 días para estar aquí trabajando. Si no se presenta a trabajar el primero de julio, no cuente con nosotros". Salí de su oficina, presenté mi renuncia en el IDEMA y estuve a las 7 de la mañana del día indicado en su oficina.

Vinieron años muy importantes en mi carrera. Todo el año 1986 trabajé al lado de Prieto, manejando la División de Crédito, presidiendo el Comité de Crédito y representando al Banco del Estado en muchas reuniones. Prieto era un jefe estricto, pero que confiaba en nuestro trabajo. Como siempre, el ambiente de trabajo era fluido y excitante. El Banco manejaba excelentes indicadores. Prieto Ocampo era un administrador serio, honrado, eficiente, la definición perfecta de lo que debe ser un buen servidor público. Recuerdo con gran aprecio sus enseñanzas y sus consejos. El paso por el Banco me dejó grandes amigos, pero especialmente a Gustavo Rojas y a Claudia Uribe.

Prieto fue llamado a nuevas responsabilidades, dejaba al Banco en una posición de privilegio a su partida. Fue una pieza muy importante en el gobierno de Virgilio Barco y manejó buena parte de los hilos de las campañas presidenciales de Luis Carlos Galán y de Cesar Gaviria. Fue nombrado presidente del Banco Cafetero, una entidad muy grande y compleja, donde los juegos de poder eran muy grandes. Siguió sirviendo al país desde distintas juntas, asesorías y consejos. Fue embajador en Gran Bretaña hacia 1994, donde convirtió la Embajada en una empresa seria y eficiente. Lo define perfectamente el ministro de Transporte, Germán Cardona, quien fue alcalde de Manizales en dos periodos: "Fue de los seres humanos más honestos y respetables que he conocido". 

Prieto Ocampo formó una gran familia, al mejor estilo caldense. Tuvo 10 hijos, 22 nietos y 20 bisnietos. Su hija Marcela lo define: "Fue un padre maravilloso. Nos guiaba y nos amaba. Toda su vida giró en torno a su familia". Su familia le dio grandes alegrías y, como es inevitable, grandes tristezas. A principios de los 70 su primera esposa, Beatriz Uribe, y su hijo Luis Guillermo murieron en un accidente aéreo entre Medellín y Manizales. Recientemente, el duro golpe de su hijo Roberto Prieto, involucrado en el caso Odebrecht.

Prieto Ocampo estudió Ingeniería Química en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. En lo empresarial, fue gerente de Tejidos Única, gerente del Instituto de Fomento Industrial (IFI), presidente de la Andi, gestor de la Corporación Financiera de Caldas, gerente de los bancos Cafetero y del Estado. Representó a Colombia en la Junta Directiva del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). En lo político, ocupó la Alcaldía de Bogotá, designado por el expresidente Alfonso López Michelsen, su amigo personal; gerente de las campañas a la presidencia de Luis Carlos Galán Sarmiento y de César Gaviria Trujillo, y embajador de Colombia en el Reino Unido.  Pasó por todas esas posiciones dejando un legado de honradez, eficiencia y gallardía. Paz en la tumba de un gran colombiano.


domingo, septiembre 24, 2017

34 años maravillosos

Hoy, cuando se cumplen 34 años del maravilloso día de mi matrimonio, vale la pena reproducir y actualizar este post, que escribí hace unos años. Estos dos últimos años han estado llenos de acontecimientos muy lindos, que han reforzado un matrimonio de bases muy sólidas. Aquí va el escrito:

El viernes 12 de marzo de 1982 fue uno de los días más especiales e importantes de mi vida, aunque en ese momento parecía un día más. Habíamos sido convocados alrededor de 20 personas al Banco del Comercio, para informarnos que estábamos admitidos al Curso de Análisis de Crédito y Técnicas Bancarias, un exigente curso de postgrado organizado por el Chase Manhattan Bank para formar ejecutivos bancarios. 

A la salida, nos reunimos en la calle 13 con octava un grupo de los nuevos estudiantes, a comentar la buena noticia y a felicitarnos por haber terminado el proceso, donde habían sido descabezados alrededor de 400 aspirantes. Todos estábamos felices, menos una niña que nos dijo con toda seguridad que iba a pensar si ingresaba al curso. Ella tenía otras dos ofertas de trabajo y se iba a tomar el fin de semana para saber que iba a hacer. Me pareció un poco antipática su actitud. Me dije a mi mismo que ojalá decidiera tomar una de sus otras opciones.

Aquella niña de las tres ofertas de trabajo, la antipática que no sabía si iba a entrar a ese curso tan atractivo, es la mujer que me ha acompañado durante 35 años, 34 de ellos en un feliz matrimonio. Liliana Albornoz lo pensó durante ese fin de semana y entró al curso del Banco del Comercio el lunes 15 de marzo de 1982. Inteligente, segura de si misma, simpática, se convirtió en la numero 1 del curso muy fácilmente. Yo, que siempre he sido un buen matemático y buen estudiante, estaba de segundo y trataba de recortarle terreno, pero era muy difícil seguirle los pasos. 


Liliana no tenía inconveniente en hacer siesta a la hora del almuerzo: se tiraba al piso, ponía 2 ó 3 libros como almohada y dormía su buena media hora. Esa capacidad de dormir en cualquier circunstancia la sigue teniendo 35 años después. Abierta y amigable, era capaz de convocar a una fiesta en su casa a todo el curso, llevar 6 ó 7 personas en su carro hacia el norte de Bogotá, llevarse a todo el curso y varios profesores a un paseo gigantesco a su finca en los llanos. Todo un terremoto. Yo la veía de lejos, no me interesaba mucho, pues estaba de novio, en una relación que ya llevaba 4 años. Pero Liliana no pasaba inadvertida.

1982 fue un año de muchos acontecimientos que he contado en este blog. En mayo de 1982 ganó Belisario las elecciones, en junio se jugó la Copa Mundo en España, mientras se peleaba la Guerra de las Malvinas en Argentina. En agosto asistí a la posesión de Belisario, que también he comentado en este blog. El curso era muy exigente, lo que motivó que nos concentráramos cada vez en el grupo de los 20 estudiantes, dejando de lado novias y amigas. Mi relación de muchos años se dañó en esos meses. Es muy cierto el dicho de que la novia del estudiante no es la esposa del profesional.

En algún momento de agosto y septiembre comencé a mirar con otros ojos a Liliana. Teníamos un grupo de 5 ó 6 amigos que almorzábamos todos los días y que frecuentemente estudiábamos juntos. Un día, no se porqué, le regalé el último disco de Roberto Carlos "Cama y Mesa". Conversábamos mucho después de almuerzo, a tal punto que Liliana sacrificaba 10 minutos de su siesta para estar conmigo. La invité a cine, al Teatro Almirante en la 85 abajo de la 15. Allí, a finales de septiembre de 1982, le cogí la mano y al final de la película nos dimos un beso. Han pasado 35 años desde aquella noche y todavía lo recuerdo con emoción.


Nos enamoramos locamente. El resto del curso estuvimos muy juntos y cada vez nos necesitábamos más. Ibamos a mi apartamento en la 76 con 15, a su casa en la 94 con 7A, no podíamos separarnos. Viajé con ella a Ibagué por algún exámen del curso, nos quedamos en la casa de mis papás, pero no les conté nada. Mi mamá siempre sospechó que aquella niña era algo más que mi compañera de curso. En marzo de 1983 fuimos juntos al matrimonio de mi cuñada Olga Albornoz con Luis Eduardo Sanmiguel, ya en plan de novios formales. En abril ya la presenté oficialmente a mis papás. En junio fuimos juntos a Prado, a la finca de mi hermana Claudia y mi cuñado Jacky. En agosto decidimos casarnos. Un año loco de noviazgo, que siempre recordaré como una de las etapas mas lindas de mi vida. El 24 de septiembre de 1983, hoy hace 34 años, nos casamos a las 4 de la tarde en la Iglesia de Santa María de Los Angeles en Bogotá.


Resumir estos 34 años es muy difícil. Tuvimos dos hijos muy rápido, Germán Felipe en marzo de 1984 y Daniel Humberto en julio de 1985. En pleno embarazo de Danny murió mi papá, en una tragedia que todavía me conmueve de dolor. Liliana estuvo a mi lado en todo momento en esos meses tan duros. Sobrevivimos a ese duro 1985, lleno de contrastes, con niños naciendo en la familia y mucha gente muriendo en Colombia, todo lo cual he contado en ese blog. Tuvimos años muy prósperos, que culminaron en 1997 con la llegada de mi hermosa Valeria. Una crisis económica muy fuerte, un exilio mío de 3 años en los Estados Unidos, fueron durísimas pruebas a las que sobrevivió nuestro matrimonio. Años más estables en este siglo, pero nunca en los niveles de prosperidad de nuestros primeros años. 

Nos hemos hecho más viejos y más sabios. Nos conocemos muchísimo. Somos buenos amigos. Tenemos 3 hijos maravillosos y una familia grande y hermosa. Hacemos muchas cosas juntos, pero también tenemos espacios separados, lo que es clave para una pareja. Liliana ha encontrado su camino en Emaús, donde esparce su amor incondicional y su energía asombrosa. Cada día la admiro más, cada vez la quiero más. Llegamos a los 34 años de matrimonio y seguimos contando. Dios me permita tener muchos años más al lado de la gran mujer con que me premió en la vida.


Estos dos últimos años han sido muy especiales. Se graduó Valeria y culminamos entonces la etapa de hijos de colegio. Vale entró a la Universidad Javeriana, continuando la vinculación de nuestra familia a esa gran institución, que comenzara mi papá por allá en 1951, hace ya 66 años. Germán Felipe nos regaló una gran dicha, con su matrimonio con María Paula Moreno, ganando nosotros una linda hija y una hermosa familia. Danny y Marce nos dieron el más hermoso regalo, Juan Ignacio Niño Cobo, con quien nos convertimos en jóvenes abuelos en abril de 2016.

Seguiremos este año disfrutando la dicha de ver crecer cada día a nuestro nietecito. Esperamos que nos regalen pronto otros más. Nuestra casa se seguirá iluminando con la presencia de Valeria y Simón Niño, que nos acompañan en este momento de nuestras vidas. Gracias, Liliana, por tantas cosas. Gracias, Dios, por tantas bendiciones.








lunes, julio 10, 2017

Los Nevados de la Cordillera Central desde Bogotá

Tengo el privilegio de vivir en una zona de Bogotá donde frecuentemente veo al Nevado del Tolima y a otros 2 nevados, el Santa Isabel y el Ruiz. Esta vista ha maravillado a los bogotanos en diversas épocas, como se puede apreciar en estas imágenes:

1857 - Acuarela Manuel María Paz




Esta acuarela, de Manuel María Paz (1820-1902), muestra la entrada a Bogotá por San Victorino. En el fondo, tal como lo indica el epígrafe, se encuentran los picos nevados del Tolima, Quindío, Santa Isabel, Ruiz y Mesa de Herveo. El trabajo es de 1857, hace 160 años. Fue realizado por Paz como dibujante de una comisión encabezada por Agustín Codazzi. La Biblioteca Nacional de Colombia conserva más de 90 pinturas de Paz, incluida esta maravilla.

1931 - Foto de Scadta



Esta foto fue tomada por un piloto de Scadta en 1931, sobrevolando la Sabana de Bogotá. Se aprecian los nevados de Tolima, Santa Isabel y Ruiz.

2016 - Foto del Blog de GHNB



La foto fue tomada por Germán Niño el 26 de julio de 2016, en la calle 128 con carrera 3 en Bogotá. Los nevados de Tolima, Santa Isabel y Ruíz en todo su esplendor, fotografiados desde una Bogotá ya completamente urbanizada. Se destaca el Centro Comercial Unicentro en primer plano.

Ñapas







domingo, junio 11, 2017

Por una cabeza, un tango muy especial.

 

Inmortal tango de Carlos Gardel, con letra de Alfredo Le Pera. La versión original fue grabada por Carlos Gardel el 19 de marzo de 1935 con número de master BVE 89227-2 para su última película, "Tango Bar". 

 "Por una cabeza 
 si ella me olvida 
 que importa perderme, 
 mil veces la vida 
 para que vivir... "

El maestro Terig Tucci, relata en su libro “Gardel en New York” una anécdota acerca de la composición de esta canción a comienzos de 1935:

" Suena el teléfono a las tres de la mañana. Medio dormido levanto el receptor y oigo la voz de Gardel que me dice con evidente satisfacción:

—Che viejo, acabo de encontrar una melodía macanuda para el tango " Por una cabeza".

Y procedió a cantármela ipso facto. No sé si sería porque todavía no me había despertado del todo, que al oír por teléfono el fruto de su inspiración, ni la melodía ni la letra me hicieron mucha impresión; y así se lo dije. Algo amoscado Gardel me contestó con su fina ironía: —Mira, Beethoven, vos te quedás con tus corcheas y semifusas; pero no te metas conmigo en asuntos de "matungos".....

........ Sí, creo que Gardel tenia razón. Yo me quedo con mis corcheas. Además, yo sabía que, lo mismo que otras canciones que nos parecen triviales al principio, el genio de Gardel ennoblecería este tango hípico y lo elevaría a una altura insospechada." 





sábado, mayo 06, 2017

Las 60 de mis 60

Llegando al gran paso de mis sesenta años (los nuevos cuarentas, dirán algunos), es hora de hacer listas. Para mi, una de las cosas que más me han llenado es la música. No solamente quiero hacer la famosa Bucket List, que cada día parece más complicada, sino de hacer un repaso de las cosas que influenciaron mi vida durante estas seis décadas.



No he sido un gran melómano, en el sentido de saber de música clásica, opera o cosas muy complicadas. Pero si he oído mucha música, he tenido muchos vinilos, cassettes, CDs, etc. Con la llegada de Spotify he dejado de comprar música, pues está a un click en el computador, la tablet o el iPhone. Hace muchos años no he vuelto al centro a mi almacén favorito, cuyo lema era "disco que no tengamos, no existe". 

Sentí que era el momento de hacer una recopilación de la música que más me ha impactado en mi vida. Una tarea dificilísima, para alguien a quien le ha gustado desde la música de carrilera más extrema hasta la opera más sofisticada, pasando por rancheras, boleras, tangos, música de plancha, etc. Limité mi lista a 60 canciones, una por cada año de vida.

Aquí se las dejo, ordenadas por distintas épocas de mi vida.





La lista completa puede ser escuchada en Spotify. Hay una versión gratis de la aplicación, donde creo que esta lista puede ser guardada por cualquier persona.





viernes, mayo 05, 2017

Las 60 de mis 60 - Años Setentas en Ibagué

Los años setenta del siglo XX, entre mis 13 y mis 23 años, constituyen la época que más me ha influenciado en cuanto a música se refiere. La adolescencia en Ibagué, las alucinantes fiestas de quince, las noches de bohemia, la radio llena de éxitos que aún hoy en día se escuchan, llenan de recuerdos y nostalgia mi vida. 

Melina - Camilo Sesto, 1975: Esta canción llegó al numero uno de las listas españolas el 19 de julio de 1975, en un momento donde Camilo Sesto era el top de los cantantes en España. Toda la vida la he cantado, pero solo hasta hace pocos meses supe que era dedicada a la gran artista griega Melina Mercouri y que Camilo Sesto la había lanzado como una especie de canción protesta en los últimos días del gobierno de Francisco Franco. Escribí una crónica al respecto, que aquí se las comparto.



Este Amor Que Paseo Conmigo - Piero, 1970: Una de las canciones que con solo oírla me transporto a 1971, en aquel mágico Ibagué de mi adolescencia. El álbum "Pedro Nadie" es probablemente el mejor trabajo de su carrera, con al menos 10 canciones de altísimo nivel. Pero "Este amor que paseo conmigo" me llega al alma. Una canción impecable, de un gran artista.




Il Mio Canto Libero - Lucio Battisti, 1972:  Conocí esta bellísima canción en unas vacaciones en San Andrés, a donde llegamos en enero de 1975 con mi familia y unos amigos ibaguereños. Allí conocimos a unas niñas argentinas, que todas las noches sacaban guitarra y se ponían a cantar las canciones de moda en Argentina, muchas de las cuales no habían llegado a Colombia. "Il mio canto libero", "Mi libre canción", fue la canción reina de aquellas inolvidables vacaciones. Me sorprendió gratamente la versión que hicieron en el 2006 Laura Paussini y Juanes, así como la que hizo la gran Rosario Flores unos años después. Una canción histórica, que la llevo muy dentro de mi corazón.




El Gualanday - Silva y Villalba, 1972:  Como no incluir una canción de Silva y Villalba en esta antología? Con este dueto di mi primera serenata en Ibagué, cuando todavía no eran muy conocidos a nivel nacional. Con su música me transporto al Tolima de mis amores, la tierra de mi papá, el terruño que nos ha acogido desde la llegada de mi abuelo desde Oiba en los años 20. No se porqué "El Gualanday", pero cada vez que quiero cantar una canción tolimense, la primera que se me viene a la mente es este clásico, compuesto por Jorge Villamil en 1965.

 



Nosotros - Eydie Gorme y Los Panchos, 1972: Eydie Gorme significó para mi el descubrimiento del mundo del bolero, a comienzos de los años setentas. En un momento donde todo era rock y baladas, The Beatles, Mocedades, Nino Bravo, Raphael, Serrat y tantos otros, en 1972 me ennovié con una niña un año mayor que yo, apasionada por los boleros y las rancheras. En una de esas clásicas visitas de novio en la sala de su casa, me puso un disco que desde la primera vez me erizó la piel. Era una cantante gringa cantando boleros con un grupo mexicano, con 12 temas espectaculares. Oímos muchísimas veces esas canciones, las que hasta hoy conozco de memoria y nunca dejo de admirar. El disco grabado en febrero de 1964 me ha acompañado toda la vida, gracias Helenita por ese regalo imperecedero.



Te Solté la Rienda - José Alfredo Jimenez y Alicia Juarez, 1972: En esa misma sala y con la misma niña oí con juicio mi primer disco de rancheras. Seguramente ya había escuchado rancheras en mi casa, pero el impacto que tuve con el disco que grabó José Alfredo Jiménez con Alicia Juárez en 1972 fue muy grande. "Te solté la rienda" era la canción inicial de ese trabajo, que tenía muy lindas canciones. Esta canción representa una época muy fuerte de mi vida, llena de rancheras, tangos, bohemia, todo eso a los quince años de edad. Canté tantas rancheras en aquellos años que me saturé, hoy todavía siento que no tengo ánimo para cantar las viejas rancheras, ni mucho menos asimilar las nuevas expresiones del género, que poco tienen que ver con aquellos clásicos.





La Sirena - Nelson y Sus Estrellas, 1973: En julio de 1973, con 16 años recién cumplidos, me fui para Cartagena a terminar mi bachillerato a la Escuela Naval. Cuando llegué de vacaciones en diciembre de 1973, todo el mundo no hablaba sino de una sola canción. Nelson González, quien ya nos había regalado "Payaso" un par de años antes, había sacado una canción que bailaba todo el mundo. No recuerdo un impacto tan grande como el de "La Sirena" en aquel diciembre de 1973. Nos quedó esa canción para muchos años más.




It's Too Late - Carole King, 1971: En diciembre de 1971 Fernando Vila llevó a Ibagué el famosísimo álbum "Tapestry" de Carole King, que estaba en primer lugar en todas las listas de Estados Unidos. Con "It's Too Late", You´ve got a friend" y muchas otras, "Tapestry" estuvo 300 semanas en los primeros puestos, record que muestra la calidad del trabajo de esta espectacular mujer. Aún hoy la melancólica melodía de "It's Too Late", sobre un corto amor que no pudo ser, me llena de emoción y nostalgia.




La Estrella de David - Juan Bau, 1973:  Una lindísima canción, que compuso Juan Bau sobre una estudiante israelí que vivía en Madrid, me recuerda siempre el amor, la admiración y los lazos que a través de mi vida he tenido con Israel. Fue la canción más popular en España en diciembre de 1973 y enero de 1974. Canción de todos los tiempos, en la voz de un gran cantante.



Tómame o Déjame Mocedades 70s Ibagué 4,0
Un Beso Y Una Flor Nino Bravo 70s Ibagué 4,0
Piel de diciembre Piero 70s Ibagué 4,0
Seasons in the Sun Terry Jacks 70s Ibagué 4,0
Hey Jude The Beatles 70s Ibagué 4,0
Canción para mi muerte Charly García 70s Ibagué 5,0
Adiós Chico de Mi Barrio Tormenta 70s Ibagué 4,0
La cama vacía Oscar Agudelo 70s Ibagué 3,5
En Tu Pelo Javier Solis 70s Ibagué 3,5

lunes, mayo 01, 2017

Las 60 de mis 60 - Años Sesentas

LOS SESENTAS

Ibagué, mi infancia, los discos que traía mi papá a la casa cada semana, la radio en la cocina, los matinés en el Imperial y el Metropol, las canciones en inglés que tatareaba mi tío Pedro recién llegado de Estados Unidos. Esas son algunas de las influencias musicales que tuve en los años 60s.

Dio, Come Ti Amo - Gigliola Cinquetti, 1966: La primera vez que oí esta canción fue en una versión de bolero de Javier Solis. Después, descubrí para siempre a Gigliola Cinquetti. Hace unos 10 años encontré en youtube la bellísima versión de la película. Esta canción me llega al corazón.



Fuiste Mía un Verano - Leonardo Favio, 1968:  Mi papá llegaba frecuentemente a mi casa en Ibagué con un nuevo disco. Obviamente, trajo a Leonardo Favio, con su primera producción, que causó un enorme impacto. De todas las canciones de aquel primer trabajo, la que siempre me llega a la memoria es esta bellísima canción,  Fuiste Mía un Verano, que retrata la nostalgia de un mágico amor de vacaciones. Lamentablemente Sony Music no permite a los blogs usar videos de esta canción en Colombia, vaya uno a saber porqué.


Mi Gran Noche - Raphael, 1966: Hay muchas canciones de Raphael que son muy buenas, pero ninguna me produce el sentimiento de aquella canción de 1966, que seguramente oí por primera vez en un matiné de sábado en el Teatro Imperial en Ibagué. Es de las pocas canciones que me atrevo a cantar en público y me he ganado un par de concursos de karaoke con ella.





La foule - Edith Piaf, 1957: No se donde oí por primera vez "Que nadie sepa mi sufrir", una canción peruana que sonaba en los años de mi infancia en Ibagué, pero si se que me encantaba su ritmo. Hace unos 10 años descubrí la versión en francés de Edith Piaf de 1957 y quedé maravillado. La nostalgia que me produce esta mágica canción es indescriptible. La incluyo en los 60s por haberla conocido en aquellos años.





Cuéntame - Fórmula V, 1969: De las pegajosas canciones de aquellos años, Cuéntame me sigue acompañando aún en estos días. Si cierro los ojos y quiero cantar alguna canción de esa época, esta melodía llega a mi memoria. Muchos años después Rosario Flores hizo una versión espectacular, que también oigo frecuentemente. Muchas veces me imagino viendo a algún amigo de mi infancia y preguntándole: "Cuéntame como te ha ido? Si has conocido la felicidad?"



Somethin'Stupid - Frank Sinatra, Nancy Sinatra, 1967: conocí la bellísima versión de Frank Sinatra y su hija Nancy, grabada en 1967, por mi tío Pedro, que acababa de llegar de Estados Unidos con un buen cargamento de música en inglés. De todas esas lindas canciones, esta me llena de imágenes de Estados Unidos en los 60s, que después he visto en muchas películas. Gracias al tío Piter conocí esta música tan linda.




Nathalie - Gilbert Becaud, 1964: Obviamente, la primera versión que conocimos de Nathalie fue la de los Hermanos Arriagada. Pero incluyo aquí la poderosa y bella versión de Gilbert Becaud en 1964, que es la original. Como muchas otras canciones, la versión oficial no llegaba a Colombia y los músicos traducían esas canciones de otros idiomas. La música francesa siempre me ha parecido muy linda y Nathalie es una de las más bellas canciones de los años 60s, en francés y en español.




Te He Prometido - Leo Dan, 1969: Leo Dan nos acompañó durante buena parte de los años 60s y 70s, con canciones muy especiales, que se nos quedaron para toda la vida. "Te he prometido" es una de esas, la que todavía tarareo de vez en cuando. Un recuerdo muy especial del Ibagué de antes de los Novenos Juegos.



Corazón Contento - Marisol, 1968: Esta canción combina dos de los grandes ídolos de los años 60s. Palito Ortega compuso la canción y Marisol la cantó cuando ya era toda una mujer. Vi el video de esta canción hace unos 10 años y me transportó inmediatamente al matinal del Teatro Tolima, en aquellos lindos domingos ibaguereños. Desayuno donde la abuela Paulina, matinal en uno de los 3 teatros cercanos a su casa, almuerzo en la casa de Cadiz y tarde en el San Bonifacio.



Tu Nombre Me Sabe A Yerba - Marisol, 1969: En el primer trabajo realizado por Joan Manuel Serrat en 1969, el álbum "La Paloma", aparece esta bella canción. También vi el video de Marisol muchos años después y quedé otra vez enamorado de esta linda canción. Serrat y Marisol, unidos por "Tu nombre me sabe a hierba" y después por la militancia política. Otra canción que me lleva a esos bellos años de mi infancia.



Happy Together - The Turtles, 1967: Otra de las canciones que seguramente están en mi memoria por mi tío Pedro. Un grupo que seguramente no conocimos en su momento, pero que siempre estuvo ahí presente. Alguna vez oí la canción y sentí que ya la conocía en detalle. Me gusta muchísimo su ritmo, me trae mucha alegría cada vez que la escucho.




Rosa Rosa - Sandro, 1969: Un buen día de 1968 llevó mi papá a la casa "Una muchacha y una guitarra" de Sandro, un cantante argentino. Al año siguiente, siendo ya muy popular, sacó un nuevo trabajo titulado "Sandro de América", donde incluyó esta canción, que también me recuerda mucho al Ibagué de aquel entonces, donde la buena música nunca faltaba.

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miércoles, abril 26, 2017

El accidente del hidroavión Tolima

Tres de la tarde del domingo 8 de junio de 1924. El hidroavión Tolima de la empresa SCADTA queda totalmente destruido al caer en picada sobre la casa de la familia Glen, situada en la Calle Santander de Barranquilla. Mueren sus 6 ocupantes, incluido el pionero de la aviación colombiana Ernesto Cortissoz.

El Junkers F13, con numero de registro A-16 en SCADTA, cayó en la calle Santander entre la carrera Francisco J. Palacio y la avenida Veinte de Julio (hoy sector Hotel Caribana), directamente en el patio de la casa número 6 perteneciente a la señora Flora Salcedo de Glen. Un incendio a bordo lo precipitó a tierra donde quedó reducido a cenizas, después de sobrevolar la ciudad, cuando repartía volantes en una campaña cívica para presionar al Gobierno Nacional para que se realizaran los trabajos de apertura de las Bocas de Ceniza.


Perecieron en el accidente el piloto alemán Helmuth Von Krohn; el presidente y fundador de la Scadta, Ernesto Cortissoz Álvarez-Correa; el ciudadano alemán Christian Meyer, el mecánico Guillermo Fischer, el joven agente viajero de la casa Breuer Moller & Co, Albretch Nickisch Von Roseneck, y el empleado del Banco Alemán Antioqueño Fritz Troost, quien fue el único sobreviviente por unas horas. 

Es claro por las informaciones de la época que el accidente se originó por chispas de un cigarrillo que estaba fumando un pasajero, chispas que quemaron la gran cantidad de volantes y confeti que iban a arrojar sobre la ciudad. Al quemarse el interior del avión, el piloto Von Krohn perdió el control del aparato, que cayó a la vista de una gran cantidad de público.


A través de un informe de prensa, SCADTA ratificó que el accidente se había producido por un incendio a bordo.


Aunque el piloto Von Krohn era el más conocido entre el público, la pérdida más sensible del accidente para la sociedad barranquillera era la de Ernesto Cortissoz, judío sefardita, banquero, empresario, que había sido uno de los fundadores de Scadta y presidente de la compañía desde su fundación hasta el día de su muerte en este accidente.

Cortissoz es considerado como uno de los pioneros de la aviación en Colombia y Latinoamérica. Había nacido en Barranquilla el 30 de diciembre de 1884. Su padre, Jacobo Cortissoz Pinto se había casado con Julia Alvarez Correa. La familia Cortissoz había emigrado de Curazao hacia Barranquilla en la primera mitad del siglo XIX. El aeropuerto de Barranquilla lleva con orgullo su nombre. Sus restos descansan en la zona judía del Cementerio Universal de esa ciudad.



El piloto alemán Hellmut von Krohn había llegado a Colombia a comienzos de 1920, en compañía de su coterráneo y colega Wilhelm Hammer, para volar los aviones Junkers F13 que la Sociedad Colombo-Alemana de Transportes Aéreos (SCADTA), había adquirido en Alemania. Se había hecho famoso al haber llegado de primero a Bogotá en un vuelo aéreo. El sábado 11 de diciembre de 1920, en compañía del jefe de pilotos de Scadta señor Wilhelm Hammer y del ingeniero Schnurrbusch, despegó de la pequeña pista de Flandes tripulando el avión "Bogotá" con rumbo a la capital, donde aterrizó una hora después, a las 9 de la mañana.


El hidroavión Tolima había tenido su primer vuelo el 7 de noviembre de 1923. Solo estuvo en funcionamiento 7 meses.


La tragedia conmovió a Barranquilla y al país entero. Eran los comienzos de la aviación y un siniestro de este tipo, en pleno corazón de una importante ciudad, causó un gran impacto mediático.



lunes, abril 24, 2017

Un viva a España algo distorsionado - Charles de Gaulle en Bogotá

Las recientes elecciones francesas me trajeron a la memoria, no se muy bien porqué, la histórica visita que hizo el presidente Charles de Gaulle a Bogotá en septiembre de 1964. Yo era un niño de apenas 7 años, pero recuerdo varios detalles de aquella visita, que emocionó muchísimo a los colombianos de entonces. Para mi era muy curioso que todo el mundo estuviera interesado en aquel señor viejo, altísimo, con una gorra rara, que además era presidente de un deporte. "Papá", pregunté una noche en el comedor de mi casa, "porqué todo el mundo quiere conocer al presidente del golf?". Mi papá contuvo la risa, abrió uno de los tantos libros que tenía sobre la Segunda Guerra Mundial y me mostró quien era ese héroe que visitaba Colombia. Seguí entonces la visita con mucho interés, pues a esa edad ya me gustaba leer cuidadosamente la prensa del día.

 

 
 

De Gaulle fue recibido con todos los honores por el presidente Guillermo León Valencia, el 22 de septiembre de 1964, en una visita que duró 39 horas. El presidente francés quería recorrer toda Sudamérica, en un periplo que duró más de 3 semanas. Llegó a Bogotá proveniente de Caracas. Se alojó en el Club Militar, único establecimiento en la ciudad que tenía una cama de su tamaño. Recorrió la ciudad en un carro descubierto, a pesar de los rumores de que terroristas de OAS habían venido a asesinarlo.

 

 

La primera noche, Valencia agasajó a De Gaulle y a su comitiva con un Banquete de Estado en el Palacio de San Carlos para 130 personas, seguido de una recepción más abierta, a la que asistieron 700 invitados. En el brindis del Banquete, Valencia cometió uno de los más grandes osos de un presidente colombiano, al saludar a España en lugar de Francia. En la historia popular, muchos dicen que Valencia gritó ¡Viva España! en lugar de !Viva Francia! La realidad fue ligeramente distinta. Valencia venía hablando en su discurso todo el tiempo de Francia, pero cuando llegó el momento del brindis dijo lo siguiente: 

"Señoras y señores: acompañadme a brindar esta copa por el futuro y la grandeza de ESPAÑA, por la salud y la ventura del general De Gaulle y su ilustre comitiva"

 

El traductor oficial quedó mudo por unos instantes y luego le tradujo una versión diplomática del brindis a De Gaulle. Las señoras vecinas de mesa no sabían donde meter la cabeza. Afortunadamente, la prensa francesa nunca mencionó el incidente.

 

Independientemente del oso, el Banquete tuvo toda la pompa que merecía la ocasión. Los 130 invitados habían sido cuidadosamente escogidos, entre ellos figuraba el expresidente Dario Echandía y su señora, muy cerca de los presidentes  Valencia y De Gaulle. La selección musical, mezcla de música clásica y música colombiana, incluía nuestro Bunde Tolimense como la pieza más representativa de la parte colombiana.

 

 

Al día siguiente, De Gaulle estuvo en la Plaza de Bolivar, la Quinta de Bolivar y el Liceo Francés, recorriendo la ciudad nuevamente en carro descubierto. Por la noche, en la embajada francesa, condecoró al presidente Valencia con la Legión de Honor.

 

 

 

 

 

El 24 de septiembre de 1964, en horas de la mañana, De Gaulle continuó su exitoso viaje, que lo llevó a recorrer 10 países y viajar por 32.000 kilómetros.