Esta tarde de tercer pico de pandemia salí de mi casa a acompañar a mi hija a una larga consulta de oftalmología, en un edificio de consultorios en Usaquén. Como la consulta podía demorar más de una hora, decidí caminar unas cuadras hasta Hacienda Santa Barbara, uno de mi lugares favoritos para caminar en Bogotá. Mientras caminaba por los desolados corredores, me topé de frente con la Librería Nacional, un almacén que siempre me ha atraído, como les comentaré más adelante.
Entré, recorrí la zona de novedades, llena de nuevas ediciones de muchos libros que me llamaron la atención. Iba en concreto a buscar el reciente libro de memorias de Rudolf Hommes, ASÍ LO RECUERDO, que se puede encontrar en Amazon, pero quería tener en edición física. Llegué a la caja, pedí mi descuento de lector frecuente, pagué y ya me disponía a salir, cuando oí una voz muy conocida a mis espaldas. Me acerqué al dueño de esa voz ronca e inconfundible y pregunté: ¿Fernando? El librero se volteó y me saludo ¡Don Germán! ¡Tiempos sin verlo!

Llegaron a mi memoria años y años de visitas a la Librería Nacional. Muy recién llegado de la Escuela Naval a Bogotá en 1975, el sitio de moda era la carrera 15, entre calles 77 y 85. Allí podía uno encontrarse con amigos en una nueva cafetería llamada Oma, comprar pan en Pan Fino, tomar onces en El Chiquito, sucursal del Cream Helado grande de la Caracas, tomar cerveza en la Taberna Bávara y comer pizza en un nuevo restaurante llamado Jeno´s. El centro de actividad era el Centro Comercial El Lago, lleno de almacenes elegantes y concurridos. Allí, en ese centro comercial, se montó la primera Librería Nacional de Bogotá, seguida muy rápido de la Librería Nacional de Unicentro. En La Nacional compraba en aquellos años El Gráfico de Argentina, que llegaba de vez en cuando a sus estantes de revistas. Recuerdo mucho las bellas ediciones del Mundial de Argentina de 1978.
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| Centro Comercial El Lago de Bogotá |
La Nacional cumple 80 años en septiembre de este año. He leído mucho sobre su historia y ha sido una compañera de vida muy importante para mí. Llevo con honor el título de lector frecuente de esa importante institución colombiana. Hoy volví a revivir con nostalgia aquellos maravillosos momentos que me ha brindado La Nacional. Gracias por tantos libros, gracias por tantos recuerdos.

Felipe Ossa, propietario de la Librería Nacional








