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lunes, abril 26, 2021

Un lector empedernido y su librero

Esta tarde de tercer pico de pandemia salí de mi casa a acompañar a mi hija a una larga consulta de oftalmología, en un edificio de consultorios en Usaquén. Como la consulta podía demorar más de una hora, decidí caminar unas cuadras hasta Hacienda Santa Barbara, uno de mi lugares favoritos para caminar en Bogotá. Mientras caminaba por los desolados corredores, me topé de frente con la Librería Nacional, un almacén que siempre me ha atraído, como les comentaré más adelante.


Entré, recorrí la zona de novedades, llena de nuevas ediciones de muchos libros que me llamaron la atención. Iba en concreto a buscar el reciente libro de memorias de Rudolf Hommes, ASÍ LO RECUERDO, que se puede encontrar en Amazon, pero quería tener en edición física. Llegué a la caja, pedí mi descuento de lector frecuente, pagué y ya me disponía a salir, cuando oí una voz muy conocida a mis espaldas. Me acerqué al dueño de esa voz ronca e inconfundible y pregunté: ¿Fernando? El librero se volteó y me saludo ¡Don Germán! ¡Tiempos sin verlo! 


Llegaron a mi memoria años y años de visitas a la Librería Nacional. Muy recién llegado de la Escuela Naval a Bogotá en 1975, el sitio de moda era la carrera 15, entre calles 77 y 85. Allí podía uno encontrarse con amigos en una nueva cafetería llamada Oma, comprar pan en Pan Fino, tomar onces en El Chiquito, sucursal del Cream Helado grande de la Caracas, tomar cerveza en la Taberna Bávara y comer pizza en un nuevo restaurante llamado Jeno´s.  El centro de actividad era el Centro Comercial El Lago, lleno de almacenes elegantes y concurridos. Allí, en ese centro comercial, se montó la primera Librería Nacional de Bogotá, seguida muy rápido de la Librería Nacional de Unicentro. En La Nacional compraba en aquellos años El Gráfico de Argentina, que llegaba de vez en cuando a sus estantes de revistas. Recuerdo mucho las bellas ediciones del Mundial de Argentina de 1978.

Centro Comercial El Lago de Bogotá




Unos años más tarde, La Nacional montó una nueva sucursal en el centro, en un pasaje en la carrera séptima, entre calles 17 y 18. Allí compraba en aquellos años todos los comics franceses de Tintin, Lucky Luke, Asterix y Obelix, junto a los libros de Mafalda y revistas de economía. Compraba igualmente la edición dominical del New York Times. Ya trabajando desde 1982, La Nacional de la 17 era mi refugio cuando almorzaba solo, pues era la única librería de Bogotá donde uno podía sentarse a leer libros antes de comprarlos. 


Hacia 1983 llegó a La Nacional de la 17 un nuevo muchacho vendedor. Fernando destacaba por su voz ronca y su habilidad para aconsejar nuevas publicaciones. Pronto se acostumbró a verme llegar, me decía por ejemplo que me había guardado la edición del periódico o que había llegado un nuevo libro de Asterix. Varios años fue mi librero en el centro, mis gustos iban cambiando en la medida de los años. Poco a poco las responsabilidades me fueron alejando de mis continuas visitas a la librería.


Llegaron los años 90 y comencé a visitar la Nacional de Unicentro. Yo iba a la librería los fines de semana, ya con dos niños pequeños y algunas veces acompañado de mi esposa. Los niños corrían a la zona de libros infantiles, mientras yo compraba revistas de tecnología y los más recientes libros. En una de esas mañanas de sábado, me encontré con Fernando. Había sido ascendido al segundo puesto en esa importante sucursal, pues el primer puesto lo tenía Felipe Ossa Domínguez, el gerente en esa época y ahora propietario de La Nacional. Retomamos la vieja rutina y de nuevo se convirtió en mi librero. Un buen día, Fernando me dijo que había logrado que, de por vida, me dieran un descuento del 10% sobre cualquier compra que hiciera. Un honor que aún hoy conservo y que le agradecí mucho.



En 1997 llegó mi tercera hija y vinieron muchas cosas que me alejaron de los libros y de La Nacional. Llegó el Siglo XXI, me establecí algún tiempo fuera del país, cuando volví a Bogotá descubrí las librerías de viejo en el centro y diversifiqué mis visitas en varios lugares. Después llegaron los libros electrónicos, primero en PDF y luego en el maravilloso invento del Kindle.  Solo de vez en cuando compraba libros en La Nacional de Unicentro o de Santa Barbara.


Por eso mi emoción de hoy al encontrarme a Fernando, mi librero desde 1983. Habían pasado 24 años sin vernos. Me contó que ya está jubilado, pero que La Nacional le pidió seguir con ellos "hasta cuándo el cuerpo aguante". Se acordaba perfectamente de mí, recordaba a mis dos hijos pequeños. Le conté que ahora tengo un nieto de la edad que tenían mis hijos cuando visitaba La Nacional en los 90s. Nos miramos con nostalgia. Un lector empedernido y su librero volvían a encontrarse.

La Nacional cumple 80 años en septiembre de este año. He leído mucho sobre su historia y ha sido una compañera de vida muy importante para mí. Llevo con honor el título de lector frecuente de esa importante institución colombiana. Hoy volví a revivir con nostalgia aquellos maravillosos momentos que me ha brindado La Nacional. Gracias por tantos libros, gracias por tantos recuerdos.

Felipe Ossa, propietario de la Librería Nacional






domingo, septiembre 24, 2017

34 años maravillosos

Hoy, cuando se cumplen 34 años del maravilloso día de mi matrimonio, vale la pena reproducir y actualizar este post, que escribí hace unos años. Estos dos últimos años han estado llenos de acontecimientos muy lindos, que han reforzado un matrimonio de bases muy sólidas. Aquí va el escrito:

El viernes 12 de marzo de 1982 fue uno de los días más especiales e importantes de mi vida, aunque en ese momento parecía un día más. Habíamos sido convocados alrededor de 20 personas al Banco del Comercio, para informarnos que estábamos admitidos al Curso de Análisis de Crédito y Técnicas Bancarias, un exigente curso de postgrado organizado por el Chase Manhattan Bank para formar ejecutivos bancarios. 

A la salida, nos reunimos en la calle 13 con octava un grupo de los nuevos estudiantes, a comentar la buena noticia y a felicitarnos por haber terminado el proceso, donde habían sido descabezados alrededor de 400 aspirantes. Todos estábamos felices, menos una niña que nos dijo con toda seguridad que iba a pensar si ingresaba al curso. Ella tenía otras dos ofertas de trabajo y se iba a tomar el fin de semana para saber que iba a hacer. Me pareció un poco antipática su actitud. Me dije a mi mismo que ojalá decidiera tomar una de sus otras opciones.

Aquella niña de las tres ofertas de trabajo, la antipática que no sabía si iba a entrar a ese curso tan atractivo, es la mujer que me ha acompañado durante 35 años, 34 de ellos en un feliz matrimonio. Liliana Albornoz lo pensó durante ese fin de semana y entró al curso del Banco del Comercio el lunes 15 de marzo de 1982. Inteligente, segura de si misma, simpática, se convirtió en la numero 1 del curso muy fácilmente. Yo, que siempre he sido un buen matemático y buen estudiante, estaba de segundo y trataba de recortarle terreno, pero era muy difícil seguirle los pasos. 


Liliana no tenía inconveniente en hacer siesta a la hora del almuerzo: se tiraba al piso, ponía 2 ó 3 libros como almohada y dormía su buena media hora. Esa capacidad de dormir en cualquier circunstancia la sigue teniendo 35 años después. Abierta y amigable, era capaz de convocar a una fiesta en su casa a todo el curso, llevar 6 ó 7 personas en su carro hacia el norte de Bogotá, llevarse a todo el curso y varios profesores a un paseo gigantesco a su finca en los llanos. Todo un terremoto. Yo la veía de lejos, no me interesaba mucho, pues estaba de novio, en una relación que ya llevaba 4 años. Pero Liliana no pasaba inadvertida.

1982 fue un año de muchos acontecimientos que he contado en este blog. En mayo de 1982 ganó Belisario las elecciones, en junio se jugó la Copa Mundo en España, mientras se peleaba la Guerra de las Malvinas en Argentina. En agosto asistí a la posesión de Belisario, que también he comentado en este blog. El curso era muy exigente, lo que motivó que nos concentráramos cada vez en el grupo de los 20 estudiantes, dejando de lado novias y amigas. Mi relación de muchos años se dañó en esos meses. Es muy cierto el dicho de que la novia del estudiante no es la esposa del profesional.

En algún momento de agosto y septiembre comencé a mirar con otros ojos a Liliana. Teníamos un grupo de 5 ó 6 amigos que almorzábamos todos los días y que frecuentemente estudiábamos juntos. Un día, no se porqué, le regalé el último disco de Roberto Carlos "Cama y Mesa". Conversábamos mucho después de almuerzo, a tal punto que Liliana sacrificaba 10 minutos de su siesta para estar conmigo. La invité a cine, al Teatro Almirante en la 85 abajo de la 15. Allí, a finales de septiembre de 1982, le cogí la mano y al final de la película nos dimos un beso. Han pasado 35 años desde aquella noche y todavía lo recuerdo con emoción.


Nos enamoramos locamente. El resto del curso estuvimos muy juntos y cada vez nos necesitábamos más. Ibamos a mi apartamento en la 76 con 15, a su casa en la 94 con 7A, no podíamos separarnos. Viajé con ella a Ibagué por algún exámen del curso, nos quedamos en la casa de mis papás, pero no les conté nada. Mi mamá siempre sospechó que aquella niña era algo más que mi compañera de curso. En marzo de 1983 fuimos juntos al matrimonio de mi cuñada Olga Albornoz con Luis Eduardo Sanmiguel, ya en plan de novios formales. En abril ya la presenté oficialmente a mis papás. En junio fuimos juntos a Prado, a la finca de mi hermana Claudia y mi cuñado Jacky. En agosto decidimos casarnos. Un año loco de noviazgo, que siempre recordaré como una de las etapas mas lindas de mi vida. El 24 de septiembre de 1983, hoy hace 34 años, nos casamos a las 4 de la tarde en la Iglesia de Santa María de Los Angeles en Bogotá.


Resumir estos 34 años es muy difícil. Tuvimos dos hijos muy rápido, Germán Felipe en marzo de 1984 y Daniel Humberto en julio de 1985. En pleno embarazo de Danny murió mi papá, en una tragedia que todavía me conmueve de dolor. Liliana estuvo a mi lado en todo momento en esos meses tan duros. Sobrevivimos a ese duro 1985, lleno de contrastes, con niños naciendo en la familia y mucha gente muriendo en Colombia, todo lo cual he contado en ese blog. Tuvimos años muy prósperos, que culminaron en 1997 con la llegada de mi hermosa Valeria. Una crisis económica muy fuerte, un exilio mío de 3 años en los Estados Unidos, fueron durísimas pruebas a las que sobrevivió nuestro matrimonio. Años más estables en este siglo, pero nunca en los niveles de prosperidad de nuestros primeros años. 

Nos hemos hecho más viejos y más sabios. Nos conocemos muchísimo. Somos buenos amigos. Tenemos 3 hijos maravillosos y una familia grande y hermosa. Hacemos muchas cosas juntos, pero también tenemos espacios separados, lo que es clave para una pareja. Liliana ha encontrado su camino en Emaús, donde esparce su amor incondicional y su energía asombrosa. Cada día la admiro más, cada vez la quiero más. Llegamos a los 34 años de matrimonio y seguimos contando. Dios me permita tener muchos años más al lado de la gran mujer con que me premió en la vida.


Estos dos últimos años han sido muy especiales. Se graduó Valeria y culminamos entonces la etapa de hijos de colegio. Vale entró a la Universidad Javeriana, continuando la vinculación de nuestra familia a esa gran institución, que comenzara mi papá por allá en 1951, hace ya 66 años. Germán Felipe nos regaló una gran dicha, con su matrimonio con María Paula Moreno, ganando nosotros una linda hija y una hermosa familia. Danny y Marce nos dieron el más hermoso regalo, Juan Ignacio Niño Cobo, con quien nos convertimos en jóvenes abuelos en abril de 2016.

Seguiremos este año disfrutando la dicha de ver crecer cada día a nuestro nietecito. Esperamos que nos regalen pronto otros más. Nuestra casa se seguirá iluminando con la presencia de Valeria y Simón Niño, que nos acompañan en este momento de nuestras vidas. Gracias, Liliana, por tantas cosas. Gracias, Dios, por tantas bendiciones.








sábado, mayo 06, 2017

Las 60 de mis 60

Llegando al gran paso de mis sesenta años (los nuevos cuarentas, dirán algunos), es hora de hacer listas. Para mi, una de las cosas que más me han llenado es la música. No solamente quiero hacer la famosa Bucket List, que cada día parece más complicada, sino de hacer un repaso de las cosas que influenciaron mi vida durante estas seis décadas.



No he sido un gran melómano, en el sentido de saber de música clásica, opera o cosas muy complicadas. Pero si he oído mucha música, he tenido muchos vinilos, cassettes, CDs, etc. Con la llegada de Spotify he dejado de comprar música, pues está a un click en el computador, la tablet o el iPhone. Hace muchos años no he vuelto al centro a mi almacén favorito, cuyo lema era "disco que no tengamos, no existe". 

Sentí que era el momento de hacer una recopilación de la música que más me ha impactado en mi vida. Una tarea dificilísima, para alguien a quien le ha gustado desde la música de carrilera más extrema hasta la opera más sofisticada, pasando por rancheras, boleras, tangos, música de plancha, etc. Limité mi lista a 60 canciones, una por cada año de vida.

Aquí se las dejo, ordenadas por distintas épocas de mi vida.





La lista completa puede ser escuchada en Spotify. Hay una versión gratis de la aplicación, donde creo que esta lista puede ser guardada por cualquier persona.





viernes, enero 23, 2015

El gran gol de Victor Hugo del Rio


17 de octubre de 1982. Deportes Tolima juega en semifinales de la Copa Libertadores ante 55 mil espectadores en El Campín de Bogotá. Los chilenos de Cobreloa son una muralla que impide el avance de los poderosos pijaos.

Minuto 41 del segundo tiempo. El líder del equipo, Victor Hugo del Rio, cobra rápidamente una falta, se la pasa a Flores y corre decidido hacia el área chilena. Flores se la centra a Evaristo Isasi, quien cabecea el balón al centro del área. Soto intenta despegar sin suerte y la bola le queda a Victor Hugo, que de cabeza se adelanta al arquero Wirth y la pone en el fondo de la red.

55000 tolimenses, yo entre ellos, gritamos como locos aquel gol, el más importante en la historia de las competencias internacionales del Deportes Tolima. Yo estaba aquella tarde en El Campín, agradeciendo al gran Victor Hugo del Rio.

La foto de El Tiempo lo muestra orgulloso y feliz, lleno de potencia deportiva a sus 29 años. Un gran jugador, que nunca bajaba sus brazos ni dejaba de luchar.

sábado, noviembre 15, 2014

Un homenaje de mi tio Hernando Niño a la memoria de mi padre

En este blog he publicado algunas entradas relacionadas con la muerte de mi padre el 31 de marzo de 1985, siempre desde mi punto de vista personal. Recientemente he encontrado algunos homenajes que le rindieron otras personas en aquellos días posteriores a su muerte.

El día 8 de junio de 1985, el Directorio Conservador del Tolima, presidido por el senador Guillermo Angulo Gómez, descubrió una placa en memoria de Humberto Niño Rodríguez. Mi papá mantenía cordiales relaciones con los 3 grupos en que se dividía el conservatismo tolimense en aquellos días, pero la relación con Guillermo databa desde sus tiempos como compañeros de bachillerato en el Colegio San Simón de Ibagué.

Intervino en primer lugar aquella noche el senador Angulo Gómez, recordando su amistad con mi padre, señalando la manera tan prematura en que la sociedad tolimense había perdido a uno de sus mejores valores. Guillermo recordó la vocación social de mi papá, siempre atento a contribuir con la niñez y los menesterosos del Tolima. Guillermo, muy cercano a la familia Niño, habló de dolor de mi abuela Paulina y de mis tíos, "compañeros suyos en todo el sentido de la palabra".


Decía Guillermo: "la pena de Gloria, que constituyó junto con él un binomio indestructible, que edificó un hogar modelo, que luchó junto a su lado con coraje y valor increíbles en los momentos de adversidad y que fue su alegría en los momentos amables, tiene que ser inmensa".

Terminó Guillermo diciendo que para él, amigo de tantos años de mi padre, su temprana muerte era un duro golpe. Por todo ello y por el aporte de mi padre a la sociedad, consideraba apenas justo rendirle ese homenaje.

A esas sentidas palabras contestó en nombre de la familia mi tío Hernando Niño Rodríguez, con un discurso que reproduzco enteramente:

"Perdón si se llenan los ojos de lagrimas, perdón si se me turba la voz, pero hace 75 días Humberto entregó su alma al creador y todavía siento sus pasos, su figura delgada pero erguida atravesar el Parque Murillo Toro, llegar a mi empresa a saludar y seguir rápidamente a este nuestro Directorio para cumplir su cita con el Comité de Acción Social.

Aquí estoy con su esposa Gloria, con Juan Carlos y Señora, con Aydeé y mis hijos diciendo presente en este hermoso homenaje y representando a los familiares que por una u otra razón no pudieron asistir.

Yo se que mi querida madre, los hijos de Humberto, German Humberto, Claudia y Juan Manuel, como mis hermanos Oliva, Marina, Martha y Pedro Antonio se sienten, junto a nosotros, en deuda con ustedes.

Bien saben Stella y sus compañeros de Comité que Humberto siempre fue la persona que, a pesar de no estar de lleno en la política, ofreció todos sus conocimientos profesionales para ayudar al mejor bienestar de nuestros copartidarios; que a pesar de sus sufrimientos y tristezas mantuvo su posición vertical y luchó por su partido, ideal por el cual siempre se entregó con todo el corazón.

Guillermo: Al descubrir esta placa en homenaje a su memoria, no quiero terminar estas pocas palabras, mal hilvanadas, sin agradecerle todo su reconocimiento y su preocupación por estos familiares que hoy lloramos igual que hace 75 días a nuestro querido Humberto.

Glorita y sus hijos le agradecen con el mejor de los cariños todos estos detalles.

A todos los que nos acompañan hoy, un fuerte abrazo por este respaldo en esta hora de dolor. 

Muchas gracias."



Muchas gracias por tanta bondad, Hernando. 29 años después estas palabras siguen vigentes, seguimos llorando la muerte de mi papá, pero apreciando cada vez más su gran obra de vida. Y seguimos encontrando cada día más referencias al valor y coraje de mi mamá, parte inseparable de cualquier análisis que se haga de la vida de Humberto Niño Rodríguez.

lunes, octubre 06, 2014

Bette Davis eyes


Hoy se cumplieron 25 años de la muerte de Bette Davis, la legendaria actriz nacida en Lowell, Massachusetts el 5 de abril de 1908 y fallecida el 6 de octubre de 1989 en París, a consecuencia de un cáncer de seno.

Aparte de sus tremendos ojazos, Bette fue una gran actriz, ganando dos Oscars por mejor actríz en 1935 y 1938, siendo nominada 8 veces más. En 941 se convirtió en la primera mujer en ocupar el cargo de presidente de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas y contribuyó durante muchos años al engrandecimiento del séptimo arte.

En 1981, Bette recibió un inesperado homenaje, cuando la cantante Kim Carnes tuvo un impresionante éxito con la canción "Bette Davis eyes", que se situó durante 9 semanas en el puesto #1 en la lista de las más vendidas en Estados Unidos. La canción, compuesta por Donna Weiss y Jackie DeShannon en 1974, no había tenido mucha repercusión hasta cuando la ronqueta Kim Carnes la grabó en marzo de 1981. Ganó el Grammy como canción del año en 1981 y fue numero 1 en 31 países. Se considera como una de las 15 mejores canciones de todos los tiempos en el Billboard de Estados Unidos.

Les incluyo una versión modernizada del video de Kim Carnes, que tiene más de 10 millones de visitas en youtube.



Her hair is harlowe gold
Her lips sweet surprise
Her hands are never cold
She's got Bette Davis eyes
She'll turn her music on you
You won't have to think twice
She's pure as New York snow
She got Bette Davis eyes

And she'll tease you
She'll unease you
All the better just to please you
She's precocious and she knows just
What it takes to make a pro blush
She got Greta Garbo stand off sighs
She's got Bette Davis eyes

She'll let you take her home
It whets her appetite
She'll lay you on her throne
She got Bette Davis eyes
She'll take a tumble on you
Roll you like you were dice
Until you come out blue
She's got Bette Davis eyes

She'll expose you, when she snows you
Off your feet with the crumbs she throws you
She's ferocious and she knows just
What it takes to make a pro blush
All the boys think she's a spy
She's got Bette Davis eyes

And she'll tease you
She'll unease you
All the better just to please ya
She's precocious, and she knows just
What it takes to make a pro blush
All the boys think she's a spy
She's got Bette Davis eyes

She'll tease you
She'll unease you
Just to please ya
She's got Bette Davis eyes
She'll expose you, when she snows you
She knows ya
She's got Bette Davis eyes

miércoles, septiembre 24, 2014

31 años y contando

El viernes 12 de marzo de 1982 fue uno de los días más especiales e importantes de mi vida, aunque en ese momento parecía un día más. Habíamos sido convocados alrededor de 20 personas al Banco del Comercio, para informarnos que estábamos admitidos al Curso de Análisis de Crédito y Técnicas Bancarias, un exigente curso de postgrado organizado por el Chase Manhattan Bank para formar ejecutivos bancarios. 

A la salida, nos reunimos en la calle 13 con octava un grupo de los nuevos estudiantes, a comentar la buena noticia y a felicitarnos por haber terminado el proceso, donde habían sido descabezados alrededor de 400 aspirantes. Todos estábamos felices, menos una niña que nos dijo con toda seguridad que iba a pensar si ingresaba al curso. Ella tenía otras dos ofertas de trabajo y se iba a tomar el fin de semana para saber que iba a hacer. Me pareció un poco antipática su actitud. Me dije a mi mismo que ojalá decidiera tomar una de sus otras opciones.

Aquella niña de las tres ofertas de trabajo, la antipática que no sabía si iba a entrar a ese curso tan atractivo, es la mujer que me ha acompañado durante 32 años, 31 de ellos en un feliz matrimonio. Liliana Albornoz lo pensó durante ese fin de semana y entró al curso del Banco del Comercio el lunes 15 de marzo de 1982. Inteligente, segura de si misma, simpática, se convirtió en la numero 1 del curso muy fácilmente. Yo, que siempre he sido un buen matemático y buen estudiante, estaba de segundo y trataba de recortarle terreno, pero era muy difícil seguirle los pasos. 


Liliana no tenía inconveniente en hacer siesta a la hora del almuerzo: se tiraba al piso, ponía 2 ó 3 libros como almohada y dormía su buena media hora. Esa capacidad de dormir en cualquier circunstancia la sigue teniendo 32 años después. Abierta y amigable, era capaz de convocar a una fiesta en su casa a todo el curso, llevar 6 ó 7 personas en su carro hacia el norte de Bogotá, llevarse a todo el curso y varios profesores a un paseo gigantesco a su finca en los llanos. Todo un terremoto. Yo la veía de lejos, no me interesaba mucho, pues estaba de novio, en una relación que ya llevaba 4 años. Pero Liliana no pasaba inadvertida.

1982 fue un año de muchos acontecimientos que he contado en este blog. En mayo de 1982 ganó Belisario las elecciones, en junio se jugó la Copa Mundo en España, mientras se peleaba la Guerra de las Malvinas en Argentina. En agosto asistí a la posesión de Belisario, que también he comentado en este blog. El estudio era aterradoramente exigente, lo que motivó que nos concentráramos cada vez en el grupo de los 20 estudiantes, dejando de lado novias y amigas. Mi relación de muchos años se dañó en esos meses. Es muy cierto el dicho de que la novia del estudiante no es la esposa del profesional.

En algún momento de agosto y septiembre comencé a mirar con otros ojos a Liliana. Teníamos un grupo de 5 ó 6 amigos que almorzábamos todos los días y que frecuentemente estudiábamos juntos. Un día, no se porqué, le regalé el último disco de Roberto Carlos "Cama y Mesa". Conversábamos mucho después de almuerzo, a tal punto que Liliana sacrificaba 10 minutos de su siesta para estar conmigo. La invité a cine, al Teatro Almirante en la 85 abajo de la 15. Allí, a finales de septiembre de 1982, le cogí la mano y al final de la película nos dimos un beso. Han pasado 32 años desde aquella noche y todavía lo recuerdo con emoción.


Nos enamoramos locamente. El resto del curso estuvimos muy juntos y cada vez nos necesitábamos más. Ibamos a mi apartamento en la 76 con 15, a su casa en la 94 con 7A, no podíamos separarnos. Viajé con ella a Ibagué por algún exámen del curso, nos quedamos en la casa de mis papás, pero no les conté nada. Mi mamá siempre sospechó que aquella niña era algo más que mi compañera de curso. En marzo de 1983 fuimos juntos al matrimonio de mi cuñada Olga Albornoz con Luis Eduardo Sanmiguel, ya en plan de novios formales. En abril ya la presenté oficialmente a mis papás. En junio fuimos juntos a Prado, a la finca de mi hermana Claudia y mi cuñado Jacky. En agosto decidimos casarnos. El 24 de septiembre de 1983, hoy hace 31 años, nos casamos a las 4 de la tarde en la Iglesia de Santa María de Los Angeles en Bogotá. Un año loco de noviazgo, que siempre recordaré como una de las etapas mas lindas de mi vida.


Resumir estos 31 años es muy difícil. Tuvimos dos hijos muy rápido, Germán Felipe en marzo de 1984 y Daniel Humberto en julio de 1985. En pleno embarazo de Danny murió mi papá, en una tragedia que todavía me conmueve de dolor. Liliana estuvo a mi lado en todo momento en esos meses tan duros. Sobrevivimos a ese duro 1985, lleno de contrastes, con niños naciendo en la familia y mucha gente muriendo en Colombia, todo lo cual he contado en ese blog. Tuvimos años muy prósperos, que culminaron en 1997 con la llegada de mi hermosa Valeria. Una crisis económica muy fuerte, un exilio mío de 3 años en los Estados Unidos, fueron durísimas pruebas a las que sobrevivió nuestro matrimonio. Años más estables en este siglo, pero nunca en los niveles de prosperidad de nuestros primeros años. 

Nos hemos hecho más viejos y más sabios. Nos conocemos muchísimo. Somos buenos amigos. Tenemos 3 hijos maravillosos y una familia grande y hermosa. Hacemos muchas cosas juntos, pero también tenemos espacios separados, lo que es clave para una pareja. Liliana ha encontrado su camino en Emaús, donde esparce su amor incondicional y su energía asombrosa. Cada día la admiro más, cada vez la quiero más. Llegamos a los 31 años de matrimonio y seguimos contando. Dios me permita tener muchos años más al lado de la gran mujer con que me premió en la vida.


martes, agosto 26, 2014

Un lindo Aleluya

Desde hace algunos días estaba pensando publicar un post sobre la canción Hallelujah de Leonard Cohen, una de las más hermosas canciones de la historia. Lo pensaba publicar hacia el 21 de septiembre, cuando Cohen cumple 80 años y se cumplen 30 años del lanzamiento de este bello himno, que ya tiene innumerables versiones. Leí varias discusiones sobre cual es la versión más bella, aunque para mi siempre Hallelujah está asociada a la espectacular versión del cantante norteamericano Rufus Wainwright.

Mientras preparaba el post, encontré esta versión cantada por el padre Ray Kelly, de la parroquia católica de Oldcastle, County Meath, en Irlanda del Norte. El padre Kelly sorprendió a toda la audiencia de la boda de dos de sus feligreses, cantando una perfecta rendición de la difícil canción. La boda estaba siendo filmada por una compañía profesional, con lo que se obtuvo un video muy bueno, que ya llega a más de 3 millones de visitas en youtube. Aquí se las dejo, con la letra que se ideó el padre Kelly para los recién casados.





El padre Kelly no es ningún novato. Ya ha grabado dos discos y va para el tercero. Ha participado en varios concursos de talentos y es muy solicitado para cantar en diversos eventos. Se le ocurrió la idea de cantar en esta boda para celebrar sus 25 años de sacerdocio.

Hallelujah fue lanzada por Leonard Cohen in 1984, pero se hizo muy notoria 10 años después por la versión de Jeff Buckley. Fue muy difundida al haber sido incluida en la película Shrek. Es una de las canciones más conocidas de todos los tiempos, tiene versiones preciosas, que vale la pena oír. En español la versión de Il Divo es muy especial.

En el año 2008 esta canción tuvo los puestos 1 y 2 en la lista de los más vendidos en Inglaterra, pues la ganadora del concurso X Factor, Alexandra Burke llegó al puesto de honor, seguida de la famosa versión de Buckley. La versión de Cohen llegó al número 36 en ese mismo año.

jueves, agosto 07, 2014

La posesión de una esperanza frustada

Hoy hace 32 años asistí como invitado especial a la posesión del presidente Belisario Betancur Cuartas. El sábado 7 de agosto de 1982, en la Plaza de Bolivar de Bogotá inauguraba su mandato Belisario, entonces de 59 años de edad. 

Yo tenía ese día 25 años y había sido invitado al acto por el Comité Belisarista del Tolima, al que le había prestado algún soporte durante el desarrollo de la campaña presidencial.

Belisario Betancur era un signo de esperanza para muchos jóvenes como yo en aquellos comienzos de los años 80s. Había sido candidato presidencial en varias ocasiones, habiendo logrado un buen papel en las elecciones de 1970, cuando ocupó el tercer lugar. 

En 1978 había hecho una formidable campaña, a la que yo me vinculé con gran entusiasmo y pasión. No era el típico político, ni el típico conservador. Hablaba de grandes cambios, de esperanza, de paz entre los colombianos, de casas sin cuota inicial, de SI SE PUEDE. Su derrota por estrecho margen frente a Julio César Turbay fue una catástrofe para mi y para todos los jóvenes del Comité Belisarista Juvenil del Tolima, pues le habíamos dedicado meses a trabajar por él y por su victoria. Así que este día de agosto de 1982 era el momento cumbre de la carrera política de Belisario y la reivindicación de aquella terrible derrota de 1978.

Antes de las 2 de la tarde estuve en la tribuna de invitados especiales, mientras que la Plaza de Bolivar estaba a reventar. Oímos los discursos en la plenaria, el juramento del presidente, los aplausos a su discurso. Alrededor de las 4 de la tarde Belisario salió a la Plaza, en el costado del Capitolio.


Belisario se fajó un muy buen discurso, pues era un excelente orador. Habló de su programa de gobierno, lleno de esperanzas. Habló de la paz con gran vehemencia. Prometió que trataría de que no se derramara una sola gota de sangre entre colombianos.

Aquella tarde, todos queríamos creerle. Lamentablemente las cosas no salieron como él y tantos otros deseábamos. El Belisario poeta y soñador se enfrentaba con grandes monstruos: una guerrilla que aceptó su oferta de paz para continuar haciendo una solapada guerra. El creciente narcotráfico, que lo desafió matando a su joven ministro Rodrigo Lara Bonilla. Ambas fuerzas se unieron para tratar de derrocarlo con el salvaje ataque al Palacio de Justicia.

Belisario fue iluso en muchos campos, especialmente en el de la paz. Debió tener una terrible desilusión cuando aquellos a quienes tendió la mano lo traicionaron aquel noviembre de 1985. No ha querido hablar del tema en todos estos años. Pero ese sábado de agosto de 1982, la esperanza de los colombianos estaba en sus manos y él trató de encarnar esos sueños. Cuando lo saludé al comienzo de esa noche, le desee suerte y le traté de transmitir mi admiración y mi esperanza. Una esperanza que fue frustrada.

Durante su gobierno tuve una activa participación. Recién posesionado, Belisario afrontó una dura crisis financiera, donde nacionalizó el Banco del Estado. Nombrado presidente del banco el brillante ejecutivo Luis Prieto Ocampo, vinculó una serie de jóvenes, a los cuales me uní en octubre de 1983. El Banco salió adelante con el esfuerzo de muchas personas, que trabajamos con entusiasmo y dedicación. En diciembre de 1985 el ministro Roberto Mejía me nombró Subgerente de Comercio Exterior en el IDEMA y también allí trabajé con un entusiasta grupo dirigido por Orlando Sardi de Lima. En junio de 1986 regresé al Banco del Estado, donde el doctor Prieto Ocampo me nombró Director Nacional de Crédito.

Fueron 4 años de entusiasmo, de duro trabajo, cero corrupción. Creo que esa fue la impronta que transmitía Belisario. Muchos errores se produjeron en su gobierno, pero la suerte tampoco lo acompañó. Los precios del café cayeron, la devaluación fue durísima, la guerrilla intransigente, el narcotráfico muy fuerte. La mayoría de los colombianos solo recuerdan lo malo de su gobierno. A Belisario lo tratan mejor en el exterior, donde su obra de vida ha sido muy reconocida. No comparto su posición silenciosa frente al tema del Palacio de Justicia, pero personalmente creo que ha sido uno de los más colombianos que más esfuerzos ha dedicado al tema de la paz, la educación y la concordia.





lunes, marzo 24, 2014

La muerte de Adolfo Suárez

La muerte de Adolfo Suárez me ha traído a la memoria mis años universitarios, cuando dediqué muchas horas a seguir la actualidad española de aquel momento. Siempre pendiente de la historia de España, devoraba en aquellos años cualquier edición de Cambio 16, ABC, El País, Interviú y otras publicaciones españolas. Leía todo lo que podía sobre la transición a la democracia y recuerdo muy especialmente la visita de los reyes Juan Carlos y Sofia a Bogotá en octubre de 1976. 


Conocí entonces la figura de Adolfo Suárez y seguí de cerca el proceso de elecciones, referendo, legalización de partidos políticos y otros apasionantes episodios de la actualidad española de fines de los años 70s. Yo, que tenía la visión española tomada de los libros de Gironella sobre la guerra civil, aprendí a respetar la figura del Rey y la de Suárez, artífices de la transición a la democracia en España.
Seguí muy cerca el episodio del golpe de estado de febrero de 1981 y confirmé mi admiración por el Rey Juan Carlos y el entonces diputado Suárez, el único que no se tiró al piso cuando los militares disparaban al aire para asustar a los diputados. Recuerdo oír el discurso del Rey, uniformado, donde acabó el golpe de estado, con unas brillantes frases que confirmaban la democracia:


"La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la Patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día a través de referéndum."

Con el tiempo, le perdí el rastro a Suárez. No supe de la enfermedad de su esposa, ni del cáncer de sus dos hijas. No supe de su Alzheimer. Pero leí hace unos meses un bello artículo de El País sobre su enfermedad, que me conmovió hasta las lágrimas. Aún en medio de la dura oscuridad de la desmemoria, Adolfo Suárez seguía siendo una persona jovial, familiar y entusiasta. En su casa lo visitó el Rey Juan Carlos, quedando una hermosa fotografía, que resume la amistad de esos dos líderes de la democracia española.

Hoy, en esta hora de tristeza y nostalgia, miro conmovido el homenaje que le hace la sociedad española entera, sin distingos de partido o ideología. Colas de más de 3 kilómetros para rendir homenaje a su memoria, reconocimiento unánime a su obra, admiración por su figura.

Ojalá alguno de nuestros políticos llegue a representar en nuestra historia lo que fue Adolfo Suárez para España. Paz en su tumba.

Les anexo el discurso que pronunció el Rey Juan Carlos para despedir al amigo de tantas luchas:



«El fallecimiento de Adolfo Suárez me llena de consternación y de pena. Tuve en él a un amigo leal y, como Rey, a un colaborador excepcional que, en todo momento, tuvo como guía y pauta de comportamiento su lealtad a la Corona y a todo lo que ella representa: la defensa de la democracia, del Estado de Derecho, de la unidad y la diversidad de España.

Mi gratitud hacia el Duque de Suárez es, por todo ello, honda y permanente, y mi dolor hoy, es grande. Pero el dolor no es obstáculo para recordar y valorar uno de los capítulos más brillantes de la Historia de España: la Transición que, protagonizada por el pueblo español, impulsamos Adolfo y yo junto con un excepcional grupo de personas de diferentes ideologías, unidos por una gran generosidad y un alto sentido del patriotismo. Un capítulo que dio paso al periodo de mayor progreso económico, social y político de nuestro país.

Adolfo Suárez fue un hombre de Estado, un hombre que puso por delante de los intereses personales y de partido el interés del conjunto de la Nación española. Vio, con clarividencia y gran generosidad, que el bienestar y el mejor porvenir de todos pasaba por el consenso, sabiendo ceder en lo accesorio, si ello era necesario, para poder lograr los grandes acuerdos en lo fundamental.

La superación de la fractura política y social que vivió la sociedad española en el siglo XX fue su objetivo prioritario, como lo fue también el mío. En ese empeño, Adolfo Suárez dio lo mejor de sí mismo. También trabajó sin descanso para lograr la mejor articulación de la diversidad de España, y la recuperación de la legítima posición de nuestro país en el escenario internacional.

El ejemplo que nos deja es muestra de que juntos, los españoles, somos capaces de superar las mayores dificultades y de alcanzar, con unidad y solidaridad, el mejor futuro colectivo para todos.

Termino este emocionado recuerdo a Adolfo Suárez enviando, en estos tristes momentos, todo mi cariño a sus hijos y a toda su familia».



domingo, octubre 28, 2012

Recordando a Ethel Farkas


Hoy domingo 28 de octubre de 2012 me levanté enterándome de la triste noticia de la muerte de Ethel Farkas, la mamá de María Clemencia Castillo, Gordy, mi novia de varios años universitarios a finales de los años setenta y comienzos de los ochenta en Bogotá. Me vinieron a la memoria muchos lindos recuerdos, que quisiera compartir.

En el San Pedro de 1979 en Ibagué conocí en una de esas impresionantes fiestas del Club Campestre a Gordy y nos ennoviamos inmediatamente. Ella vivía en Bogotá, pero tenía unos primos muy queridos en nuestra ciudad, los Aragón Farkas. Yo era un muchacho de 22 años y Gordy era una niñita de apenas 15, pero siempre llevamos una linda relación a pesar de la diferencia de edades.

Nuestro noviazgo duró casi 4 años, época de mi vida que recuerdo con mucha nostalgia. Dios me bendijo con una gran mujer, a quien adoro y respeto, que me ha dado grandes alegrías y tres maravillosos hijos, pero en mi corazón siempre habrá un lugar para María Clemencia, Ethel y su gran familia.

Ethel, viuda desde muy joven, vivía en aquellos años en un apartamento en la calle 53 con carrera novena en Bogotá, junto a sus 4 hijas. El ambiente del apartamento era alegre y bullicioso, con los naturales inconvenientes de 5 mujeres de temperamento fuerte viviendo juntas. Para completar, la vecina también era otra viuda, con una única hija. Así que el ambiente del edificio era muy femenino, muy exótico para mi, que era muchas veces el único hombre del grupo. A Ethel le encantaban la música, los naipes, salir al norte, charlar, disfrutar de su familia. Su casa estaba abierta a sus hermanos y hermanas, a sus sobrinos, a sus amigos y a los de sus hijas.

Recuerdo muchas cosas buenas de Ethel y de aquellos años. Yo era un muchacho difícil, lleno de vida, con muchas ganas de hacer locuras, varios años mayor que Gordy. Mi suegra siempre supo llevar con tacto esa relación, hablaba mucho conmigo, me aconsejaba, me guiaba, tenía siempre la palabra exacta. Muchas veces la veía sufrir por la dolorosa experiencia de la viudez, que era más difícil de llevar porque sus 4 hijas eran apenas unas niñas. Pero Ethel era una mujer valiente, echada para adelante, que siempre se reía de la vida. Aprendí de Ethel que, a pesar de las dificultades y las tristezas, hay que seguir adelante y mostrar una cara fuerte y decidida ante la adversidad.

Mi asociación con la música es muy grande y Ethel no puede ser la excepción. Me vienen a la memoria en su casa Richard Clayderman, Vikki Carr, Rocio Durcal y tantos otros. Obviamente Pastor López, Boney M y otros ochenteros. Recuerdo a Pilar Aragón y a Luis Enrique con su música. Pero hoy tengo fija en mi cabeza la imagen de Ethel, con su voz ronca y su sonrisa fácil, tarareando Total de Vikki Carr: "Total, si me hubieras querido, ya me hubiera olvidado, de tu querer, ya ves, si no tengo tus besos, yo no muero por eso, yo ya estoy cansada de tanto besar"…….descansa en paz Ethel, saludos a Gordy, gracias por ser tan linda y especial.