viernes, marzo 11, 2022

40 años con una gran mujer

El viernes 12 de marzo de 1982, hoy hace  exactamente 40 años, fue uno de los días más especiales e importantes de mi vida, aunque en ese momento parecía un día más. Habíamos sido convocados alrededor de 20 personas al Banco del Comercio, para informarnos que estábamos admitidos al Curso de Análisis de Crédito y Técnicas Bancarias, un exigente curso de postgrado organizado por el Chase Manhattan Bank para formar ejecutivos bancarios. 

A la salida, nos reunimos en la calle 13 con octava de Bogotá un grupo de los nuevos estudiantes, a comentar la buena noticia y a felicitarnos por haber terminado el proceso, donde habían sido descabezados alrededor de 400 aspirantes. Todos estábamos felices, menos una niña que nos dijo con toda seguridad que iba a pensar si ingresaba al curso. Ella tenía otras dos ofertas de trabajo y se iba a tomar el fin de semana para saber que iba a hacer. Me pareció un poco antipática su actitud. Me dije a mi mismo que ojalá decidiera tomar una de sus otras opciones.

Aquella niña de las tres ofertas de trabajo, la antipática que no sabía si iba a entrar a ese curso tan atractivo, es la mujer que me ha acompañado durante 40 años, 38 de ellos en un feliz matrimonio. Liliana Albornoz lo pensó durante ese fin de semana y entró al curso del Banco del Comercio el lunes 15 de marzo de 1982. Inteligente, segura de si misma, simpática, se convirtió en la numero 1 del curso muy fácilmente. Yo, que siempre he sido un buen matemático y buen estudiante, estaba de segundo y trataba de recortarle terreno, pero era muy difícil seguirle los pasos. 


Liliana no tenía inconveniente en hacer siesta a la hora del almuerzo: se tiraba al piso, ponía 2 ó 3 libros como almohada y dormía su buena media hora. Esa capacidad de dormir en cualquier circunstancia la sigue teniendo 40 años después. Abierta y amigable, era capaz de convocar a una fiesta en su casa a todo el curso, llevar 6 ó 7 personas en su carro hacia el norte de Bogotá, llevarse a todo el curso y varios profesores a un paseo gigantesco a su finca en los llanos. Todo un terremoto. Yo la veía de lejos, no me interesaba mucho, pues estaba de novio, en una relación que ya llevaba 4 años. Pero Liliana no pasaba inadvertida.

1982 fue un año de muchos acontecimientos que he contado en este blog. En mayo de 1982 ganó Belisario las elecciones, en junio se jugó la Copa Mundo en España, mientras se peleaba la Guerra de las Malvinas en Argentina. En agosto asistí a la posesión de Belisario, que también he comentado en este blog. El curso era muy exigente, lo que motivó que nos concentráramos cada vez en el grupo de los 20 estudiantes, dejando de lado novias y amigas. Mi relación de muchos años se dañó en esos meses. Es muy cierto el dicho de que la novia del estudiante no es la esposa del profesional.

En algún momento de agosto y septiembre comencé a mirar con otros ojos a Liliana. Teníamos un grupo de 5 ó 6 amigos que almorzábamos todos los días y que frecuentemente estudiábamos juntos. Un día, no se porqué, le regalé el último disco de Roberto Carlos "Cama y Mesa". Conversábamos mucho después de almuerzo, a tal punto que Liliana sacrificaba 10 minutos de su siesta para estar conmigo. La invité a cine, al Teatro Almirante en la 85 abajo de la 15. Allí, a finales de septiembre de 1982, le cogí la mano y al final de la película nos dimos un beso. Han pasado casi 40 años desde aquella noche y todavía lo recuerdo con emoción.


Nos enamoramos locamente. El resto del curso estuvimos muy juntos y cada vez nos necesitábamos más. Ibamos a mi apartamento en la 76 con 15, a su casa en la 94 con 7A, no podíamos separarnos. Viajé con ella a Ibagué por algún examen del curso, nos quedamos en la casa de mis papás, pero no les conté nada. Mi mamá siempre sospechó que aquella niña era algo más que mi compañera de curso. En marzo de 1983 fuimos juntos al matrimonio de mi cuñada Olga Albornoz con Luis Eduardo Sanmiguel, ya en plan de novios formales. En abril ya la presenté oficialmente a mis papás. En junio fuimos juntos a Prado, a la finca de mi hermana Claudia y mi cuñado Jacky. En agosto decidimos casarnos. Un año loco de noviazgo, que siempre recordaré como una de las etapas más lindas de mi vida. El 24 de septiembre de 1983, nos casamos a las 4 de la tarde en la Iglesia de Santa María de Los Angeles en Bogotá.


Resumir estos 40 años es muy difícil. Tuvimos dos hijos muy rápido, Germán Felipe en marzo de 1984 y Daniel Humberto en julio de 1985. En pleno embarazo de Danny murió mi papá, en una tragedia que todavía me conmueve de dolor. Liliana estuvo a mi lado en todo momento en esos meses tan duros. Sobrevivimos a ese duro 1985, lleno de contrastes, con niños naciendo en la familia y mucha gente muriendo en Colombia, todo lo cual he contado en ese blog. Tuvimos años muy prósperos, que culminaron en 1997 con la llegada de mi hermosa Valeria. Una crisis económica muy fuerte, un exilio mío de 3 años en los Estados Unidos, fueron durísimas pruebas a las que sobrevivió nuestro matrimonio. Años más estables en este siglo, pero nunca en los niveles de prosperidad de nuestros primeros años. 

Nos hemos hecho más viejos y más sabios. Nos conocemos muchísimo. Somos buenos amigos. Tenemos 3 hijos maravillosos, 4 nietos y una familia grande y hermosa. Hacemos muchas cosas juntos, pero también tenemos espacios separados, lo que es clave para una pareja. Liliana ha encontrado su camino en Emaús, dónde esparce su amor incondicional y su energía asombrosa. Cada día la admiro más, cada vez la quiero más. Llegamos a los 38 años de matrimonio y seguimos contando. Dios me permita tener muchos años más al lado de la gran mujer con que me premió en la vida.


Estos dos últimos años han sido muy especiales. Una larga pandemia, donde estuvimos mucho tiempo juntos, nos unió mucho. Se graduó Valeria y culminamos entonces la etapa universitaria de nuestros hijos. Valeria está en Londres, feliz haciendo una maestría. Nuestros hijos varones tienen hermosos matrimonios. Juan Ignacio Niño Cobo nos convirtió en jóvenes abuelos en abril de 2016. Después han llegado Abril, Alicia y Alejandro, las alegrías de nuestra vida. Gracias, Liliana, por tantas cosas. Gracias, Dios, por tantas bendiciones.









viernes, enero 28, 2022

Indalecio Liévano y Hanoj Bar Nessim

El primero de abril de 1977 el Ministro De Relaciones Internacionales de Colombia, Indalecio Liévano Aguirre concedió carta de naturaleza colombiana a don Hanoj Bar Nessim, radicado en Colombia desde 1947. Mediante ese documento, don Hanoj, nacido en Jerusalem en 1914,  se convertía en colombiano por adopción, sujeto a los deberes y derechos de cualquier ciudadano. Culminaba así un viejo anhelo de don Hanoj, fundador de Dulces Elite y muy ligado a nuestro país, con hijos y nietos colombianos, que han seguido vinculados a nuestra patria.

Hanoj Bar Nessim, en el Bar Mitzvah de su hijo Jacobo en 1961

Pasaron casi 45 años de aquel día. Un descendiente de don Hanoj, mi sobrino Hanoj Bar Nessim Niño, tiene una comida en Tel Aviv, con una de sus clientes colombianas. Hanoj se dedica desde hace varios años a tramitar nacionalidades sefarditas en España y Portugal y una de sus clientes quiere agradecerle sus buenas gestiones con una atención.

En medio de la comida, la cliente le muestra a Hanoj un documento y le dice: "Hanoj, tu le conseguiste la nacionalidad española a mi familia, te cuento que uno de mis antepasados le consiguió la nacionalidad colombiana a tu abuelo hace 45 años". 


La emoción de ambos fue muy grande. Una coincidencia increíble y muy bonita, que muestra las vueltas que puede dar la vida. Aquí queda para el recuerdo la foto de Claudia Arrázola Liévano y de Hanoj Bar Nessim Niño, en enero de 2022 en Tel Aviv. El mundo es un pañuelo.

Claudia Arrázola Liévano y Hanoj Bar Nessim Niño, enero de 2022, Tel Aviv.






Silvia Buenaventura Sendoya

La dolorosa noticia de la temprana desaparición de Silvia Buenaventura Sendoya me ha dejado muy conmovido. Retrocedí en el tiempo hasta aquellos maravillosos años de comienzos de los 70s, cuando tuve la fortuna de pasar mucho tiempo al lado de la familia Buenaventura Sendoya, en el hermoso barrio de Cadiz en Ibagué.

Mi primera novia, aquel amor de los 15 años que jamás se olvida, fue Helena Buenaventura Sendoya. A su lado conocí la casa de Jaime Buenaventura y Belencita Sendoya, así como a Julita, Silvia, Jaime Alberto (QEPD) y María Victoria. Una casa llena de música, allí conocí a Eydie Gorme y Los Panchos, a Jose Alfredo y Alicia, aprendí a apreciar boleros y rancheras, allí di mi primera serenata. Era la clásica visita en la sala, con Julita y Silvia actuando discretamente como chaperonas. 


Las Buenaventura Sendoya habían nacido con vena artística. Cantaban muy bien, especialmente rancheras. Eran espectaculares bailarinas, de las que "se formaba rueda para verlas bailar". Un ambiente de rumba animaba aquella casa, de la que tengo muy buenos recuerdos. En junio de 1973 viajé a la Escuela Naval, un par de veces me vi con Helena, pero pronto llegó la universidad, Bogotá, la vida, etc. y aquel amor juvenil quedó atrás.

Cuando iba a Ibagué, muchas veces coincidía con Silvia. Siempre amable, siempre sonriente, me transmitía todo el cariño de aquellos años pasados. Era verla y volver a transportarme en el tiempo. La veía en fotos de amigos ibaguereños y siempre tenía aquella hermosa risa, que transmitía bondad. Nunca supe que estuvo enferma, nunca pude pedir por su salud. La noticia de su muerte me llegó ayer en la mañana y el dolor y las lágrimas me invadieron. Descansa en paz, Silvia, que tu sonrisa y tu recuerdo nos sigan acompañando toda la vida. Abrazos a Julita, Helena y María Victoria, a sus familias y a todos los amigos de nuestra hermosa Silvia. 

sábado, enero 22, 2022

El histórico muelle de Puerto Colombia

El jueves 15 de junio de 1893 se inauguró en la pequeña población de Cupino, cerca de Barranquilla, un imponente muelle, que reemplazaba al anterior de madera, construido cinco años atrás. Se trataba de una vía de 3500 pies, emplazada sobre las olas del Mar Caribe, con un muelle para el atraque de 180 metros de largo, hasta donde llegaba el ferrocarril, lo que permitía el transbordo directo entre los dos sistemas de transporte y su conexión directa con la estación Montoya, al lado de la Aduana en Barranquilla. Era en ese momento el segundo más largo del mundo y el tercero de mayor calado.

Su constructor fue el famoso ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros, que dejó grandes obras en Colombia, especialmente en todo lo relacionado con ferrocarriles. Cisneros fue el responsable de la construcción del ferrocarril de Antioquia, el ferrocarril del Cauca o del Pacífico, que partió de Buenaventura y llegó a Cali, así como de los ferrocarriles de Girardot a Facatativá, y de La Dorada a Honda. También participó en el tranvía de Barranquilla, la mejora de la navegación en el bajo Magdalena, organizando al mismo tiempo varias compañías de navegación a vapor para transportar pasajeros y correo por el canal del Dique, el río Magdalena, el Nechí y el bajo Cauca.


Cisneros le había propuesto al presidente Rafael Nuñez que la población alrededor del muelle se llamara Puerto Nuñez, a lo que el presidente le sugirió que prefería que se llamara Puerto Cisneros. Finalmente, tomaron la decisión que se llamara Puerto Colombia. A Cisneros se le considera el fundador de la población.

La obra tuvo una importancia impresionante para Barranquilla, que pasó a considerarse la Puerta de Oro de Colombia. A los 10 años de su inauguración, las exportaciones que se hacían desde Puerto Colombia eran espectaculares. Los 40.000 sacos de café que se exportaban en 1874 por Salgar se habían multiplicado por 10. La expansión de la economía cafetera beneficiaba a Barranquilla y esta, a la vez, beneficiaba con su dinámica portuaria a la economía nacional. Puerto Colombia era, a comienzos del Siglo XX, el primer puerto colombiano que manejaba el 60 por ciento del comercio con el mundo. El agitado muelle de Puerto Colombia era la obra civil más importante de todas. Barranquilla pasó de 16.000 habitantes en 1875 a 40.000 en 1905. Hacia 1938 tenía 150.000 habitantes.


Así lucía el puerto en junio de 1909, en una postal enviada por un turista francés a su familia. Había una frenética actividad de todo tipo alrededor del muelle, que era referencia obligada de Colombia en el exterior.

El miércoles 18 de junio de 1919, el aviador William Knox Martin decidió llevar un envío postal de Barranquilla hacia Puerto Colombia. El joven Mario Santodomingo se animó y se subió al Curtiss. Luego de 10 minutos de vuelo, arrojaron un paquete que contenía 164 cartas en la Plaza de Puerto Colombia. Nacía el correo aéreo en nuestro país. 


Muchos barcos de turistas e inmigrantes llegaban por Puerto Colombia a nuestro país, incluido el vapor Patricio de Satrústegui, que llegó a Puerto Colombia el 2 de julio de 1918, con 120 inmigrantes españoles, la mayoría de ellos contagiados con la gripa española, la pandemia de hace 100 años. 


Esta es otra foto del puerto hacia 1924, cuando ya se comenzaban a presentar problemas de sedimentación. Desde 1919 las autoridades y los empresarios buscaban una alternativa al problema que ello causaba.



Los sucesivos gobiernos de los años 20s y 30s dieron completa prioridad a Bocas de Ceniza, para reemplazar al muelle de Puerto de Colombia. En 1937 el puerto de Barranquilla se dio al servicio con la doble función fluvial y marítima. En 1943 una decisión gubernamental prohibió el atraque de naves en el muelle inaugurado 50 años atrás en Puerto Colombia. 

El municipio, con aquella decisión, entró en completa decadencia, condenando así a la ruina y al olvido a la floreciente población. Se generó algo de turismo, proveniente de familias barranquilleras. Mis padres visitaban mucho las playas de Puerto Colombia, cuando en 1959 mi papá estaba en la Armada Nacional como oficial médico. En esas playas disfruté mi primer baño de mar. 


El 7 de marzo de 2009, el muelle colapsó, derrumbándose sus últimos 200 metros, por lo que la estructura fue cerrada. Parecía el último golpe que acabaría con la moribunda población.


En 2016, la Gobernación del Atlántico comenzó el proceso para recuperar parte del muelle. El 5 de julio de 2019 la empresa colombo francesa Soletanche Bachy Cimas, inició la demolición completa del muelle por encargo del gobernador del Atlántico Eduardo Verano De La Rosa, desapareciendo así las ruinas del que fue uno de los muelles más largos del mundo. Se diseñó una superestructura de 200 metros lineales, con una plataforma de 4,45 metros de ancho, soportada sobre pilotes metálicos hincados. Adicionalmente, cuenta con la instalación de barandas de protección e iluminación sobre toda la plataforma. Durante su ejecución, el proyecto generó más 200 empleos directos y 35 indirectos.

Hoy, 22 de enero de 2022, se inauguró esta obra por parte del presidente Duque y la gobernadora Elsa Noguera, obra que rescata una importante parte de la historia colombiana y debe traer recuerdos grandes a muchos inmigrantes a nuestros país. Se construyó cerca de la llamada Plaza del Inmigrante. Ojalá vuelvan los tiempos dorados a Puerto Colombia.