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viernes, enero 28, 2022

Silvia Buenaventura Sendoya

La dolorosa noticia de la temprana desaparición de Silvia Buenaventura Sendoya me ha dejado muy conmovido. Retrocedí en el tiempo hasta aquellos maravillosos años de comienzos de los 70s, cuando tuve la fortuna de pasar mucho tiempo al lado de la familia Buenaventura Sendoya, en el hermoso barrio de Cadiz en Ibagué.

Mi primera novia, aquel amor de los 15 años que jamás se olvida, fue Helena Buenaventura Sendoya. A su lado conocí la casa de Jaime Buenaventura y Belencita Sendoya, así como a Julita, Silvia, Jaime Alberto (QEPD) y María Victoria. Una casa llena de música, allí conocí a Eydie Gorme y Los Panchos, a Jose Alfredo y Alicia, aprendí a apreciar boleros y rancheras, allí di mi primera serenata. Era la clásica visita en la sala, con Julita y Silvia actuando discretamente como chaperonas. 


Las Buenaventura Sendoya habían nacido con vena artística. Cantaban muy bien, especialmente rancheras. Eran espectaculares bailarinas, de las que "se formaba rueda para verlas bailar". Un ambiente de rumba animaba aquella casa, de la que tengo muy buenos recuerdos. En junio de 1973 viajé a la Escuela Naval, un par de veces me vi con Helena, pero pronto llegó la universidad, Bogotá, la vida, etc. y aquel amor juvenil quedó atrás.

Cuando iba a Ibagué, muchas veces coincidía con Silvia. Siempre amable, siempre sonriente, me transmitía todo el cariño de aquellos años pasados. Era verla y volver a transportarme en el tiempo. La veía en fotos de amigos ibaguereños y siempre tenía aquella hermosa risa, que transmitía bondad. Nunca supe que estuvo enferma, nunca pude pedir por su salud. La noticia de su muerte me llegó ayer en la mañana y el dolor y las lágrimas me invadieron. Descansa en paz, Silvia, que tu sonrisa y tu recuerdo nos sigan acompañando toda la vida. Abrazos a Julita, Helena y María Victoria, a sus familias y a todos los amigos de nuestra hermosa Silvia. 

lunes, abril 26, 2021

Un lector empedernido y su librero

Esta tarde de tercer pico de pandemia salí de mi casa a acompañar a mi hija a una larga consulta de oftalmología, en un edificio de consultorios en Usaquén. Como la consulta podía demorar más de una hora, decidí caminar unas cuadras hasta Hacienda Santa Barbara, uno de mi lugares favoritos para caminar en Bogotá. Mientras caminaba por los desolados corredores, me topé de frente con la Librería Nacional, un almacén que siempre me ha atraído, como les comentaré más adelante.


Entré, recorrí la zona de novedades, llena de nuevas ediciones de muchos libros que me llamaron la atención. Iba en concreto a buscar el reciente libro de memorias de Rudolf Hommes, ASÍ LO RECUERDO, que se puede encontrar en Amazon, pero quería tener en edición física. Llegué a la caja, pedí mi descuento de lector frecuente, pagué y ya me disponía a salir, cuando oí una voz muy conocida a mis espaldas. Me acerqué al dueño de esa voz ronca e inconfundible y pregunté: ¿Fernando? El librero se volteó y me saludo ¡Don Germán! ¡Tiempos sin verlo! 


Llegaron a mi memoria años y años de visitas a la Librería Nacional. Muy recién llegado de la Escuela Naval a Bogotá en 1975, el sitio de moda era la carrera 15, entre calles 77 y 85. Allí podía uno encontrarse con amigos en una nueva cafetería llamada Oma, comprar pan en Pan Fino, tomar onces en El Chiquito, sucursal del Cream Helado grande de la Caracas, tomar cerveza en la Taberna Bávara y comer pizza en un nuevo restaurante llamado Jeno´s.  El centro de actividad era el Centro Comercial El Lago, lleno de almacenes elegantes y concurridos. Allí, en ese centro comercial, se montó la primera Librería Nacional de Bogotá, seguida muy rápido de la Librería Nacional de Unicentro. En La Nacional compraba en aquellos años El Gráfico de Argentina, que llegaba de vez en cuando a sus estantes de revistas. Recuerdo mucho las bellas ediciones del Mundial de Argentina de 1978.

Centro Comercial El Lago de Bogotá




Unos años más tarde, La Nacional montó una nueva sucursal en el centro, en un pasaje en la carrera séptima, entre calles 17 y 18. Allí compraba en aquellos años todos los comics franceses de Tintin, Lucky Luke, Asterix y Obelix, junto a los libros de Mafalda y revistas de economía. Compraba igualmente la edición dominical del New York Times. Ya trabajando desde 1982, La Nacional de la 17 era mi refugio cuando almorzaba solo, pues era la única librería de Bogotá donde uno podía sentarse a leer libros antes de comprarlos. 


Hacia 1983 llegó a La Nacional de la 17 un nuevo muchacho vendedor. Fernando destacaba por su voz ronca y su habilidad para aconsejar nuevas publicaciones. Pronto se acostumbró a verme llegar, me decía por ejemplo que me había guardado la edición del periódico o que había llegado un nuevo libro de Asterix. Varios años fue mi librero en el centro, mis gustos iban cambiando en la medida de los años. Poco a poco las responsabilidades me fueron alejando de mis continuas visitas a la librería.


Llegaron los años 90 y comencé a visitar la Nacional de Unicentro. Yo iba a la librería los fines de semana, ya con dos niños pequeños y algunas veces acompañado de mi esposa. Los niños corrían a la zona de libros infantiles, mientras yo compraba revistas de tecnología y los más recientes libros. En una de esas mañanas de sábado, me encontré con Fernando. Había sido ascendido al segundo puesto en esa importante sucursal, pues el primer puesto lo tenía Felipe Ossa Domínguez, el gerente en esa época y ahora propietario de La Nacional. Retomamos la vieja rutina y de nuevo se convirtió en mi librero. Un buen día, Fernando me dijo que había logrado que, de por vida, me dieran un descuento del 10% sobre cualquier compra que hiciera. Un honor que aún hoy conservo y que le agradecí mucho.



En 1997 llegó mi tercera hija y vinieron muchas cosas que me alejaron de los libros y de La Nacional. Llegó el Siglo XXI, me establecí algún tiempo fuera del país, cuando volví a Bogotá descubrí las librerías de viejo en el centro y diversifiqué mis visitas en varios lugares. Después llegaron los libros electrónicos, primero en PDF y luego en el maravilloso invento del Kindle.  Solo de vez en cuando compraba libros en La Nacional de Unicentro o de Santa Barbara.


Por eso mi emoción de hoy al encontrarme a Fernando, mi librero desde 1983. Habían pasado 24 años sin vernos. Me contó que ya está jubilado, pero que La Nacional le pidió seguir con ellos "hasta cuándo el cuerpo aguante". Se acordaba perfectamente de mí, recordaba a mis dos hijos pequeños. Le conté que ahora tengo un nieto de la edad que tenían mis hijos cuando visitaba La Nacional en los 90s. Nos miramos con nostalgia. Un lector empedernido y su librero volvían a encontrarse.

La Nacional cumple 80 años en septiembre de este año. He leído mucho sobre su historia y ha sido una compañera de vida muy importante para mí. Llevo con honor el título de lector frecuente de esa importante institución colombiana. Hoy volví a revivir con nostalgia aquellos maravillosos momentos que me ha brindado La Nacional. Gracias por tantos libros, gracias por tantos recuerdos.

Felipe Ossa, propietario de la Librería Nacional






viernes, enero 08, 2021

Guillermo Flórez López

El comienzo del año 2021 nos ha sorprendido con la triste noticia de la muerte del Papo Flórez, nuestro compañero de la Escuela Naval. Guillermo Flórez, NR 67-77, ha muerto recién cumplidos los 64 años, dejando una estela de dolor muy grande entre todos los que tuvimos la fortuna de conocerlo.


En mi memoria vuelvo a recordar aquellos bellos tiempos de mediados de los 70s en la Escuela Naval. Guillermo venía de Bogotá, un muchacho de barrio, estudiante del Colegio San Tarcisio, rolo buena gente, querido y bonachón. El Papo había llegado a la Escuela motivado por su gran amigo Gabriel Salazar Saddy, su compañero de infancia y de colegio. 

Eramos compañeros en la tercera sección en la Compañía Delta, reclutas en el segundo semestre de 1973. Conversamos muchas veces con Guillermo y Gabriel, Papo y Lukas, me gustaba mucho oírles sus historias de barrio y colegio en Bogotá, parecidas a las de la vida de barrio que yo había vivido también en Ibagué. Cuando llegué a la Universidad en Bogotá en 1975, pude apreciar lo que habían vivido mis dos compañeros, en aquella tranquila ciudad que era la capital de Colombia a mediados de los años 70s.


Como lo cuenta el mismo Guillermo, la experiencia de la Escuela Naval fue inolvidable y marcó la vida de todos los que hoy somos CONTIS del NR67: "Aprendí la solidaridad, el concepto de la amistad, compartir, soñar, tener paciencia, la añoranza, disfrutar de la piscina después de una hora de trote, llegando en silencio a escondidas, la arepa de huevo en el kiosko los domingos, las salidas francos los sábados y domingos a Cartagena a disfrutar el Tres Esquinas y los submarinos con cerveza y aguardiente. Los embarques, la inmensidad del mar y el cielo estrellado que disfrutaba en la proa de los buques cuando lo permitían, el desfile militar del 20 de Julio de 1974, nunca lo olvidaré." Este recuerdo lo escribió para el ANECDOTARIO DEL NR67, que recopiló en buena hora nuestro compañero Luis Fernando Pérez, NR 67-54


El Papo estuvo en la Escuela hasta diciembre de 1975 y tuvo una muy buena formación académica. Estudió Planeación y Comunicación Estratégica en la Fundación Universidad de América en Bogotá y trabajó en construcción, en comunicaciones en Producciones Punch, RCN Televisión, Canal Caracol, Young & Rubicam y HBO. La vida lo llevó a establecerse en República Dominicana, donde trabajaba en Desarrollo Económico Local y Rural. Tenía una empresa dedicada a la Comunicación Estratégica y Comunicación Política, Flórez Ponce de León. Cómo Guillermo lo describía, pasaba sus días "en el paraíso del trópico, viendo el mar Caribe y disfrutando de un hermoso país y del cariño de sus habitantes."


El 2020, año de pandemia, fue llevadero para los compañeros del NR67, convocados por Gabriel Salazar, Jaime Mallarino, Alejandro Vidal, Rodrigo Quintero, Iván Correa y muchos otros. Con un grupo de Whatsapp y reuniones semanales en Zoom se reafirmó la amistad y compañerismo de casi 50 años atrás. Los jóvenes cadetes del NR67 somos ahora abuelos, algunos jubilados y contamos con algunos compañeros que se nos han adelantado en el viaje al más allá. En varias reuniones de zoom vi al Papo, aún joven y entusiasta, con la misma cara de buena gente y niño travieso de 1973. Por eso, su inesperada muerte nos llena de dolor y de incredulidad.

Los últimos días de Guillermo resumen buena parte de su trayectoria vital. Cerca de la Navidad nos escribió a sus compañeros: "Buenos días a todos! Ayer me quede sin batería y no pude participar de toda la reunión, nuestros mejores deseos para que las fiestas de fin de año sean en salud para todas las familias y que el 2021 que se acerca sea de bienestar, alegría y prosperidad. Estoy con Mónica en Bogotá para pasar la navidad con mi mamá y hermanas. El 26 de diciembre sigo para México a pasar el fin de año con mi hija Mónica que vive en el DF. Estamos con full medidas de bioseguridad en Bogotá y ahora en México también las tendremos". 

En Bogotá, su mamá estaba muy enferma, pero Guillermo y Mónica debieron seguir viaje para México. El 30 de diciembre celebró su cumpleaños 64. El 2 de enero, lo sorprendió un infarto mortal en CDMX. Un día más tarde, murió su señora madre en Bogotá. Devastadoras noticias. 

Guillermo se casó joven con su novia de toda la vida, Monica Ponce de León, con quien caminó 43 años de su vida. Le sobreviven igualmente sus hijos Alejandra, Daniel y Mónica. A ellos y al resto de la familia, un emocionado abrazo de condolencia. Nos duele en el alma la temprana partida de Guillermo.


En el año en que llegaremos muchos de aquellos compañeros de la Escuela Naval a la mítica edad de los 64, aquella que nos parecía tan lejana en 1973, recuerdo al Papo y recuerdo aquella vieja canción de The Beatles:

When I get older, losing my hair

Many years from now

Will you still be sending me a valentine, 

Birthday greetings, a bottle of wine?

If I'd been out 'til quarter to three

Would you lock the door?

Will you still need me, will you still feed me 

When I'm sixty-four?

Gracias Papo por tu vida, gracias por los recuerdos.



viernes, septiembre 25, 2020

Una semana santa muy canina

Hace pocas semanas me volví a reencontrar en la vida con mis compañeros del contingente NR67 de la Escuela Naval de Cadetes, con quienes compartí 2 intensos años de mi adolescencia entre julio de 1973 y junio de 1975. He recordado episodios de aquella inolvidable época, llena de cosas buenas y también de experiencias muy fuertes y traumáticas. Hoy me sorprendieron con una espectacular foto de la semana santa de 1974, donde salgo yo a mis 16 años, en un día que nunca olvidaremos los que estuvimos allí.



La foto es en una zona rural cerca a Cartagena, después de una larga caminata de 4 o 5 horas, con fusil a la espalda. Yo aparezco con cara de cansancio, los ojos cerrados, seguramente haciendo mi terapia mental de aquellos días: "salgo de aquí y juro que nunca más en la vida haré otra caminata como esta". Así sobrevivía a las experiencias difíciles, aplicando una técnica que también me sirvió para nunca más lavar baños o trapear pisos con las famosas "mopas" de la Escuela Naval. Estoy cargando mi fusil "punto 30", herencia de la Segunda Guerra Mundial, que teníamos de dotación en la Escuela y que nos acompañaba en noches de guardia, paradas militares, orden cerrado, rutinas disciplinarias y tantas otras cosas. La novia del cadete, decían oficiales y guardiamarinas sobre aquel fusil, que pesaba una tonelada después de cargarlo más de 30 minutos.



Aquel día, sábado santo, el entonces Teniente José "Chepe" Calderón nos sacó a una larga caminata por carreteras rurales cerca a la Escuela Naval, con toda la pinta que usábamos para orden cerrado. En esta primera foto, a comienzos de la mañana, varios compañeros del contingente, entre ellos Marino Grisales, estaban felices por la novedad del ejercicio. Esas caras cambiarían cuando comenzó a calentar el fuerte sol cartagenero de mediados de abril. 




Llegamos a un paraje medio boscoso, después de 4 ó 5 horas de camino. Allí nos sirvieron el almuerzo, una carne con arroz y papas. Los guardiamarinas comieron un poco alejados y se cruzaban miradas de malicia e ironía entre ellos. Cuando todos los cadetes terminamos de comer, nos hicieron formar para rendir honores al pabellón. !Tremenda sorpresa cuando izaron el cuero de un perro! Algo como lo que se ve en estas fotos en China.




Varios compañeros devolvieron el almuerzo recién comido. Yo no recuerdo haberlo hecho, mi cara de cansancio y de hambre me dice que no fue así. Un recuerdo muy especial de la Escuela, que nos formó para duras pruebas más adelante. Allí aprendí muchísimas cosas, que apliqué años más tarde en las verdaderas vicisitudes de la vida. El ejercicio de Chepe Calderón aquel sábado santo de 1974 me ha servido muchísimo en épocas de gran estrés y sufrimiento. Gracias, Marino Grisales, por compartir esas bellas fotos.

ÑAPA: Chepe Calderón vive en Cartagena, donde todavía debe sonreír con todas las anécdotas de sus años en la Armada Nacional. Luego de 33 años de servicio, con el grado de Coronel se retiró de la Armada en abril de 1997. Actualmente reside en Bocagrande, con Marie Laure, su esposa francesa, quien , según la Cyber Corredera le ha dado cierto acento franpañol al apodo de su marido al decirle "Chepeeé".  









viernes, junio 12, 2020

Mario Giraldo

En este triste día de la muerte de Mario Giraldo Palacio, solo tengo recuerdos especiales de un gran hombre. Aquel que me abrió su casa en Cartagena en aquellos lejanos días de 1973. Aquel melómano de tantas charlas deliciosas a lo largo de muchos años. El que siempre me miró con ojos bondadosos. El que me abrió oportunidades de trabajo y esperanza en esos oscuros días de 1998, cuando todos me volteaban la espalda. Mi amigo Mario.

Una de las fotos que más me gusta, por muchas razones, la tomó Pedro Miguel Niño, el primero de mayo de 2010. En ella aparecemos Mario Giraldo y Germán Niño, en el Country Club de Bogotá, en medio de una amena conversación. No recuerdo de que hablábamos cuando Pedro nos pidió posar para la cámara, pero el resultado fue muy bueno. Aparece Mario elegante, muy bien puesto, mientras que yo también salgo bien librado. Cada vez que veo esa foto, solo vienen cosas buenas a mi mente.  Todos los primero de mayo Facebook me trae este recuerdo y pienso en Mario, pienso en algunas noches de bohemia en Cali, en su amor por la música. Ahora, esta foto se vuelve muy valiosa. 


En febrero de este año tuve mi último encuentro con Mario, en Ibagué. Tuve la oportunidad de charlar un buen rato con él e hicimos un par de negocios, más por insistencia de Mario que por parte mía. Le conté que tenía un parlante Bosé casi sin usar e insistió en comprármelo. Me preguntaba por cada detalle, con un entusiasmo juvenil que nada tenía que ver con su estado de salud. Me pidió precio, regateó como buen paisa y me insistió en que apenas llegara a Bogotá debía enviárselo. Se lo envié algunos días después de nuestro encuentro y hablamos varias veces de cuánto lo disfrutaba. La última vez que hablamos subió el volumen, dejándome oír alguna buena melodía de su amplio repertorio musical.

En sus últimas semanas, me hizo un regalo, pero pidiéndome que asumiera el flete desde Cali. Me dijo que quería regalarme su bola de bolos. "¿Que voy a hacer yo con eso, Mario?" Le decía yo. "Quiero que quede en buenas manos", me insistía. Me la envió y aquí la tengo. Un recuerdo muy especial de parte de un gran amigo.

En ese último encuentro, tuve oportunidad de tomar una foto que resume la existencia vital de Mario Giraldo Palacio. Aparece en el Hotel Sonesta de Ibagué, sonriente, rodeado de su bella familia. Mi hermosa tía Marina, mis primos Jose Fernando, Luis Mario y Ana María. Felices, en un fin de semana muy especial. Llegarían poco después la pandemia, la gravedad, la muerte. Nadie, sin embargo, nos podrá quitar los bellos recuerdos de esa última ocasión en que estuvimos juntos.


Un abrazo fuerte, Mario. Un saludo para mi papá y para Cico Pérez, nos hacen mucha falta. Queda tu recuerdo, queda mi tía Marina y mis queridos primos, los nietos y los bisnietos, a quienes hoy les envío todo mi amor y mi solidaridad. Gracias por todo, gracias por tu vida.


martes, enero 21, 2020

Marielita

La triste noticia de la muerte de Marielita Quintero de Levy me ha llenado de nostalgia y añoranzas. Para muchas familias ibaguereñas, incluida la nuestra, Marielita, como todos la llamábamos, forma parte de nuestros recuerdos infantiles y de adolescencia.

Mariela Quintero Mahecha nació en Arrancaplumas, un bello paraje de la ciudad de Honda, Tolima, en 1929. No conozco detalles de su llegada a Ibagué, pero ya en 1950 estaba en nuestra ciudad y era una destacada deportista. Por su relación con el basquet conoció a un inmigrante alemán, Helmuth Levy Hoffmann, que había llegado a Ibagué a mediados de los años 40s, junto con toda su familia. Supongo que se conocieron a través del deporte, pues Mariela era basquetbolista, integrante de la selección Tolima y Helmuth y sus hermanos unos entusiastas de los deportes, incluido el ciclismo y el basquetbol. 

Los Levy habían huido de la Alemania nazi hacia 1938, llegando a Colombia, donde se establecieron en Palmira. Hacia 1941 llegaron a Ibagué, donde don Arthur Levy Levy (don Arturo) montó una panadería. En ella trabajaba también su esposa Gertrud, la siempre amable doña Gertrudis de mis recuerdos infantiles. Para 1948, la familia Levy tenía 2 establecimientos muy conocidos en Ibagué, el Centro Social en el Colegio San Simón de la tercera con 11 y el Bar Florida, prácticamente pasando la calle desde la panadería, donde eran famosos el pan, bizcochos y los ponqués. 



Después del 9 de abril, que obligó el cierre del Bar Florida, don Arturo pensó en establecerse en el importante barrio de La Pola, donde construyó una gran sede, que se inauguró hacia 1953. Como gancho importante del nuevo establecimiento se incluyó en el menú el jamón de cordero, con el que comenzaron a prepararse los aún famosos sanduches del Centro Social. 

El nuevo negocio, financiado por el BCH, funcionaba en la carrera Tercera con calle Tercera en La Pola, empleaba a 32 personas y tenía vehículos que atendían muchas de las poblaciones vecinas a Ibagué.


Recién llegado el Centro Social a La Pola, Marielita y Helmut decidieron casarse. Es famosa la foto del 2 enero de 1954, donde los recién casados salen de la la capilla de la Escuela Normal Nacional en la Carrera Quinta con Calle 30. Como muchas ocasiones religiosas en aquel pequeño Ibagué, la ceremonia se hizo con la bendición de monseñor Luis Felipe Jáuregui. Los Levy Quintero se instalaron en La Pola, donde nacieron Giselle, Erika y Helmut, los primeros hijos del matrimonio.



MIS RECUERDOS

Ya para esa época funcionaba el Liceo Val en Ibagué y Marielita era una de sus profesoras. No conozco si hubo una sede anterior, pero mis recuerdos sitúan al colegio en una vieja casa de la calle 10 con carrera cuarta, muy cerca de la Plaza de Bolivar y el Parque Murillo Toro. Allí me llevaron a comienzos de 1961, cuando mis papás decidieron radicarse en Ibagué. Humberto Niño, recién salido de la Armada Nacional, pediatra, quería hacer su carrera en Ibagué. Gloria Ballesteros, santandereana, con 2 hijos y esperando mellizos, estuvo de acuerdo. 

Para un niño de 4 años, recién llegado a una nueva ciudad, la experiencia del colegio fue aterradora. El Liceo Val funcionaba a una cuadra de la casa de mis abuelos, era un colegio espectacular al que Cecilia Valbuena y Mariela Quintero le ponían amor y algo más, pero no me pude acomodar. Apenas llegaba Helena, la empleada de mis abuelos, a traerme las mediasnueves, me aferraba a sus piernas y lloraba y lloraba. Cecilita y Marielita llamaron a mis papás y les recomendaron esperar un año más. Toda la vida me ha perseguido el fantasma de haber perdido kinder en el Liceo Val, pero reconozco que fue una decisión sensata de dos buenas educadoras.

En algún momento del año 1961 nos mudamos a La Pola, al llamado Barrio Pabón Peláez. Recuerdo haber ido muchas veces al Centro Social de la tercera con tercera, junto con mis papás. En febrero de 1962, ya más aclimatado a Ibagué, volví al Liceo Val de la calle 10, donde estudié hasta 1964. La filosofía de Vida, Amor y Luz se aplicaba con toda la fuerza en el colegio, donde aparte de lo académico teníamos deporte, música, danzas y canto, todo bajo la dirección entusiasta de Marielita.


1965 fue un año de grandes cambios para todos nuestros conocidos en Ibagué. Mis papás y varios vecinos del Pabón Peláez compraron casas en un nuevo barrio, llamado en aquellos años Cadis (no Cadiz, como empezaron a llamarlo muchos años después). Cuando pensaban en que colegio meternos, se enteraron que el Liceo Val se trasladaba muy cerca a Cadis, así que seguimos en el colegio. Y para completar la alegría, el Centro Social se trasladaba desde La Pola para el nuevo barrio, a cinco minutos en bicicleta desde nuestra casa.

No sabíamos que la situación del Centro Social no era fácil. Dos descalabros económicos se sucedieron en línea, un asalto a un conductor del Centro Social en Anzoátegui, que no fue cubierto por el seguro, así como un gran incendio en el local de La Pola. Después de más de 20 años en Ibagué, don Arturo y doña Gertudris la veían difícil. Un ingeniero, me imagino que fue Carlos Mazuera, les ofreció un local en el nuevo barrio de Cadis y allí volvieron a comenzar. El éxito fue rotundo, pues los precedía la gran fama y calidad de sus productos.

Muy bien planeado, Cadis era un barrio que ofrecía una buena calidad de vida a profesionales jóvenes como mis papás. Todo el mundo se conocía, vivíamos la típica vida de los suburbios, todo el tiempo en la calle, las casas siempre abiertas, la felicidad plena. Ir al Centro Social en bicicleta era toda una aventura y Helmut, al frente del negocio, nos atendía como principes. Allí también estaban don Arturo y doña Gertudris, siempre muy bien puestos. Ibamos en bus al Liceo Val, que quedaba relativamente cerca, en una hermosa sede campestre donde hice segundo de primaria. 



En aquel 1965, aparte de izadas de bandera y exámenes con presencia de los padres, protagonicé una pelea monumental con mi compañero del Liceo Val Fernando Vila (QEPD), a la llegada del bus del colegio. Después de 5 minutos de una pelea muy reñida, mi hermana Claudia hizo la diferencia. Le quitó los zapatos a Fernando y comenzó a golpearlo con ellos. Le dimos una muenda fenomenal. Marielita estaba aterrada, no sabía que hacer con 2 niños en semejante situación. Llevó la situación con mucho tacto y terminamos aquel año sin problemas.

En 1966 pasé a colegio grande, el Jiménez de Cisneros, pero siempre llevo con mucho cariño el recuerdo de mi primer colegio, donde aprendí tantas cosas. Marielita fue una gran educadora, como lo reconocen todos sus antiguos alumnos.

LA NATACIÓN

En los años 60s se completó la familia Levy Quintero. Llegaron Ingrid y Claudine. Helmut y Marielita se metieron de lleno en la natación, teniendo como sede primero el Club del Comercio de Ibagué y luego el mundo entero. Todos los hijos fueron buenos nadadores, pero Helmut hijo y Giselle se destacaron especialmente. Marielita era una buena madre de deportistas, apoyando y exigiendo a sus hijos, Erika incluida, a pesar de su condición de haber nacido con síndrome de Down. Helmut papá era un buen dirigente y aprovechaba su paso por la Voz del Tolima para difundir y fomentar el bienestar de la natación tolimense.



La gran ocasión de los IX Juegos Nacionales en Ibagué disparó a la natación tolimense. Helmut papá estuvo en el Comité Organizador, que construyó unas bellas piscinas, orgullo de nuestra ciudad por muchas décadas. Marielita estuvo al frente del joven equipo tolimense, que no podía pelear mucho frente al poderoso equipo del Valle del Cauca, comandado por Olga Lucía de Angulo (QEPD). Ya vendrían tiempos mejores, aprovechando la magnífica experiencia de esos Juegos.

Helmut Levy Quintero se convirtió en una gloria del deporte tolimense y la natación colombiana.  Por más de una década, en los años 70s, dominó las pruebas de los 200 y los 400 metros combinados. Ganó muchas medallas de oro en su categoría a nivel nacional e internacional y participó en 123 competencias internacionales en todo el mundo, entre juegos centroamericanos, suramericanos y juegos olímpicos, participando en Montreal 1976 y Moscú 1980. Después de sus segundos olímpicos, decide retirarse en 1980. 

Erika Levy también representó a Colombia, como abanderada y deportista en competencias de nadadores con síndrome de Down y siempre fue una persona feliz y querida. Marielita y Helmut la manejaron con inmenso afecto, al igual que a su hermana Arlette, también con síndrome de Down y quien murió muy joven. La muerte de Erika, en enero de 2017, fue un golpe duro para una familia que mucho se centraba en ella.



LOS ÚLTIMOS AÑOS

Cuando salí de Ibagué para la Escuela Naval de Cartagena en julio de 1973, los Levy Quintero estaban en un momento de gran apogeo. El Centro Social era el sitio de reunión de los adolescentes ibaguereños y funcionaba como un relojito. El Liceo Val funcionaba también muy bien, con Cecilita y Mariela al frente de la institución. Helmut brillaba en las piscinas de medio mundo y Giselle había dejado igualmente una estela de triunfos. Era el mundo ideal.

Ya no volví a vivir de tiempo completo en Ibagué. Volvía en vacaciones y siempre me daba vuelta por el Centro Social, donde Helmut me saludaba y me atendía con el mismo cariño de 1966. Con el tiempo Helmut hijo se convirtió en un buen periodista y un líder regional. El Liceo Val cambió de manos, cerrando un hermoso capítulo de buenas enseñanzas. En el 2011, cansados, Helmut y Marielita decidieron cerrar el Centro Social de Cadiz (ya se había españolizado el barrio). Concluía un largo camino, iniciado por don Arturo y doña Gertudris 70 años atrás. Helmut papá sigue ofreciendo el famoso jamón de cordero, que distribuye entre sus amigos y conocidos. Todavía soy fiel usuario y con cada bocado recuerdo aquellos bellos años.






En mayo de 2019, con ocasión de los noventa años de Mariela Quintero Mahecha de Levy, sus antiguos alumnos le hicieron un homenaje de reconocimiento a su gran trayectoria. Fue un momento lleno de alegría, pero también de mucha nostalgia. Fue reconocimiento y a la vez despedida. Una gran mujer, que disfrutó ese día con profunda alegría. Ocho meses después, esos mismos alumnos, acompañados por Ibagué entero, despedían a Marielita en su viaje a la inmortalidad.






sábado, mayo 06, 2017

Las 60 de mis 60

Llegando al gran paso de mis sesenta años (los nuevos cuarentas, dirán algunos), es hora de hacer listas. Para mi, una de las cosas que más me han llenado es la música. No solamente quiero hacer la famosa Bucket List, que cada día parece más complicada, sino de hacer un repaso de las cosas que influenciaron mi vida durante estas seis décadas.



No he sido un gran melómano, en el sentido de saber de música clásica, opera o cosas muy complicadas. Pero si he oído mucha música, he tenido muchos vinilos, cassettes, CDs, etc. Con la llegada de Spotify he dejado de comprar música, pues está a un click en el computador, la tablet o el iPhone. Hace muchos años no he vuelto al centro a mi almacén favorito, cuyo lema era "disco que no tengamos, no existe". 

Sentí que era el momento de hacer una recopilación de la música que más me ha impactado en mi vida. Una tarea dificilísima, para alguien a quien le ha gustado desde la música de carrilera más extrema hasta la opera más sofisticada, pasando por rancheras, boleras, tangos, música de plancha, etc. Limité mi lista a 60 canciones, una por cada año de vida.

Aquí se las dejo, ordenadas por distintas épocas de mi vida.





La lista completa puede ser escuchada en Spotify. Hay una versión gratis de la aplicación, donde creo que esta lista puede ser guardada por cualquier persona.





domingo, julio 24, 2016

Melina

Una de las canciones que más he cantado en la vida es "Melina", la hermosa melodía de Camilo Sesto. Recién llegado de la Escuela Naval a Bogotá a mediados de 1975, me encontré con esta bella canción, que estaba dando palo en España en el verano de aquel año. Han pasado más de 40 años y "Melina" aún me acompaña, en la ducha, caminando, pensando, recordando. Esta es la historia detrás de esa canción compañera de mi vida.

AMOR LIBRE

Para el verano de 1975 Camilo Sesto era uno de los grandes cantantes españoles, en aquellos años del boom de las baladas en español. En 1973 había logrado llegar al numero uno de los 40 principales con "Amor, amar" y "Todo por nada" y en 1974 había logrado el tope de las listas con "Ayudadme". Había comprado a Andrew Lloyd Weber los derechos para producir y protagonizar "Jesucristo Superstar" y pasaba por un excelente momento artístico. Simultáneamente al trabajo en el gran musical, decidió sacar un long play para el verano, al que llamó AMOR LIBRE.


Aunque se esperaba que "Amor libre" fuera la gran canción del long play, la canción sorpresa fue "Melina". La canción llegó al numero uno de las listas españolas el 19 de julio de 1975, se sostuvo durante 6 semanas en el tope de los 40 principales y sonó durísimo durante el resto del año y todo 1976 en Latinoamérica. Apenas la canción llegó al número uno, se lanzó un single en 45 revoluciones para aumentar las ventas.



El long play terminó vendiendo 15 millones de copias. Aún hoy, 40 años después,  el album registra más de 60 millones de visitas en YouTube, es considerado uno de los más grandes trabajos de Camilo Sesto en su historia musical y uno de los grandes álbumes de la década de los 70 en música en español.

LA CANCIÓN "MELINA"

Aunque no lo supe sino varios años después, "Melina" estaba impulsada por muchas cosas para convertirse en una canción muy importante. Tenía excelente música y una letra que me sigue pareciendo muy especial, que Camilo Sesto había dedicado a una actriz griega llamada Melina Mercouri. La canción, como lo supe después, era una homenaje directo de Sesto a la lucha de Melina contra la dictadura militar griega, que había culminado en 1974 con un resonante triunfo de la oposición. Melina Mercouri había regresado a Atenas a la caída de la dictadura, convirtiéndose en una gran figura política. Para los españoles de 1975, viviendo los últimos meses del gobierno de Francisco Franco, "Melina" representaba no solo una bella canción, sino toda una protesta simbólica, que además se podía cantar a todo grito sin temor a represalias.

"Tu vida y tu razón es tu país,  donde el mar se hizo gris,  donde el llanto ahora es canto", debía sonar muy especial en aquel verano de 1975 en España. "La huella de tu canto echó raíces, Melina, y vuelven a reír tus ojos tristes, Melina", era una homenaje a una bella película de 1960 y a una gran canción que había cantado Melina Mercouri 15 años atrás. Toda una historia que vale la pena contar.

QUIEN ERA MELINA MERCOURI


Nacida Maria Amalia Mercouri en 1920 según unos biógrafos y en 1925 según ella, Melina Mercouri fue una actriz griega, nacida en Atenas, que se hizo famosa internacionalmente con la película "Nunca en domingo" en 1960. Su interpretación de una prostituta griega le valió ser nominada al Oscar como mejor actriz y ganar el premio a mejor interprete femenina en el Festival de Cannes y los premios BAFTA de 1961. La película fue nominada a 6 premios Oscar y ganó el Oscar a la mejor canción con "Los Niños del Pireo", una de las más hermosas canciones de aquellos años, que seguramente todos hemos oído alguna vez, pero que no sabemos su nombre. Aquí se las dejo:



Con el éxito logrado por esta película, Melina se trasladó a los Estados Unidos y se embarcó en varios proyectos artísticos, incluido el montaje de "Never in Sunday" para Broadway. En esas estaba, cuando el 21 de abril de 1967 un grupo de coroneles griegos, dirigido por Georgios Papadopoulos, se tomó el poder y comenzó una violenta represión contra la oposición. 

Melina Mercouri se convirtió en una dura vocera contra el régimen militar, aprovechando su gran popularidad. Su vocación política le venía de casa, pues su padre había sido ministro de un gobierno griego. Entre 1967 y 1974 Melina se dedicó a luchar internacionalmente contra el gobierno griego, denunciando sus abusos, que eran muchos. El gobierno la despojó de su ciudadanía y le prohibió viajar a Grecia. Los 7 años de desastre acabaron el 24 de julio de 1974, cuando finalmente los coroneles entregaron el poder a un gobierno civil. Dos días después, Melina Mercouri llegaba a Atenas, siendo recibida por una gran multitud.

La canción "Melina" es entonces un resumen de esos 7 años de lucha y del regreso triunfal de Melina Mercouri a Atenas en julio de 1974.


Con los años, Melina Mercouri hizo una gran carrera pública. Diputada varias veces, ministra de cultura en Grecia en 3 ocasiones, representante griega en varias conferencias internacionales, se convirtió en una gran defensora del patrimonio cultural griego. Falleció el 6 de marzo de 1994 en Nueva York, víctima de un cáncer de pulmón. Un millón de personas asistieron a sus exequias con rango de funeral de estado en Atenas. El gobierno griego ordenó la emisión de una estampilla y la construcción de un monumento recordatorio de la vida de esta gran mujer.


CAMILO SESTO Y MELINA

Les dejo la versión de Camilo Sesto de 1975, subida a youtube por el usuario Amilcar Ramos, que incluyó algunas fotos de Melina Mercouri en su video:



Y obviamente, la letra de la canción:

Eres fuego de amor
luz del sol
volcán y tierra
por donde pasas
dejas huella

Mujer
tú naciste para querer
has luchado por volver
a tu tierra y con tu gente

Has vuelto
Melina
alza tus manos hacia Dios
que el escuche tu voz

Has vuelto
Melina
tus ojos reflejan el dolor
y tu alma el amor

La huella de tu canto
echó raíces
Melina
y vuelven a reír
tus ojos tristes
Melina

Tu vida y tu razón
es tu país
donde el mar se hizo gris
donde el llanto
ahora es canto

Has vuelto, Melina
alza tus manos hacia Dios
que el escuche tu voz

Has vuelto, Melina
tus ojos reflejan el dolor
y tu alma el amor

La huella de tu canto
echó raíces
Melina
y vuelven a reír
tus ojos tristes
Melina

viernes, marzo 06, 2015

Pasa a la historia Germán Castellanos

Hoy murió uno de los grandes hombres que he conocido en mi vida. No destacó por sus grandes triunfos, ni por ser el mejor de los mejores. Pero Germán Castellanos, muerto en Ibagué, simboliza grandes cualidades: honor, lealtad, coraje, orgullo de vestir una camiseta, de pertenecer a un equipo. Tiene el inmenso honor de haber sido el futbolista que más veces vistió los gloriosos colores del Deportes Tolima, donde jugó 359 partidos a los largo de 14 años.




Yo vi jugar muchísimas veces a Germán Castellanos y recuerdo muchos de sus 53 goles con el Tolima. En aquellas tardes de los años 60s, nuestras tardes de domingo siempre eran las mismas: almorzábamos en la casa, mi papá se acostaba a hacer una pequeña siesta y luego encendía el radio. Cuando comenzaba a sonar el himno nacional en el San Bonifacio, salíamos de nuestra casa en el barrio Cadiz, situada a pocas cuadras del estadio. Llegábamos justo cuando la Banda del Batallón Rooke salía del estadio y ya iba a comenzar al partido. Castellanos siempre estaba ahí, un jugador no muy destacado, pero que siempre corría, cumplía y muchas veces anotaba. Al final de los 60s no siempre era titular y muchas veces, cuando Tolima iba perdiendo, pedíamos a gritos que lo metieran. Castellanos salía, cumplía con su deber y nos alegraba muchas tardes. Tengo una inmensa gratitud con Germán, quien me enseñó a querer aún más a mi amado Deportes Tolima.

Castellanos nació en San Andrés, Santander, el 11 de octubre de 1941. Llegó a Ibagué en 1961, a jugar un partido amistoso contra el equipo de la Escuela Agronómica de San Jorge, cuando vivía en Silvania. Los dirigentes del Tolima le ofrecieron quedarse a jugar en Ibagué y aquí se quedó, hace 54 años. Su primer gol lo marcó el 20 de agosto de 1961, al legendario arquero Pablo Centurión, una tarde donde Tolima perdió 2-3 en Ibagué contra Millonarios. Tolima quedó de último en aquel año.



En 1962 todavía no era titular en el equipo dirigido por Roberto Avallay, que fue penúltimo en el campeonato, a pesar de los esfuerzos de los directivos Jorge Guzmán Molina y Jaime Rengifo Pardo por conformar un buen equipo. En 1963 Castellanos llegó a la titular, pero el equipo volvió a ocupar el último lugar, sufriendo goleadas por 8-1 frente a Millonarios y 8-5 frente a Santa Fe. 

Deportes Tolima 1963. Castellanos parado, segundo a la derecha de la foto


En 1964 se conformó un buen equipo, de la mano del argentino Lorenzo Delli. Estuvimos invictos las primeras cinco fechas, todo un récord para un equipo chico. Pero el equipo se vino abajo, perdió 4 partidos seguidos y nunca pudo recuperar el ritmo. 15 partidos sin ganar condenaron al Tolima a los últimos lugares. La temporada se salvó con un histórico triunfo de 4-1 frente a Santa Fe en Bogotá. Kuki López fue tercero en la tabla de goleadores y el Tolima logró subir un poco en la tabla final, al quedar antepenúltimo. Como dato curioso, el 7 de agosto de 1964 expulsaron al arquero Fontán en Medellín y Castellanos ocupó el arco tolimense, recibiendo un gol en contra. Con esto, se convirtió en el único jugador del Deportes Tolima que ha jugado en las 11 posiciones dentro del terreno de juego. 



Deportes Tolima 1964. Castellanos parado, cuarto de izquierda a derecha

En 1965 los dirigentes formaron un gran equipo, el primero que yo personalmente recuerdo, que generó muchas expectativas. Castellanos era titular y lo acompañaban grandes jugadores argentinos: Oscar Fontán en el arco, César Reynoso, Juanito Martínez, más el gran Oscar Jamardo. El paraguas Silva, el olímpico Marcos Coll, Hernando Piñeros, toda una nómina de lujo. Sin embargo, el equipo no respondió y volvió a ser antepenúltimo. 

Deportes Tolima 1965, Castellanos parado, segundo a la derecha de la foto.

En 1966 el equipo sigue siendo el del año anterior, con algunos refuerzos como Roberto Mirabelli y el arquero León Reyes. Sin embargo, Tolima no levanta y vuelve a quedar penúltimo. Castellanos no siempre fue titular en aquel año, donde los técnicos fueron Marcos Coll y Roberto Avallay.

En 1967 regresa Castellanos a la titular, en un equipo donde tapaba Isidro Olmos, el arquero más gordo que he visto jugar en mi vida. Era el único extranjero, en un equipo que ya buscaba tener "puros criollos". Marcos Coll dirigió el equipo, que tuvo la peor campaña de su historia. 110 goles en contra es un récord que no ha sido superado y que muestra lo poco eficiente que era Olmos en el arco. Fue sustituido por el "ratón" Raúl Macías a mitad de año, pero el equipo duró 16 fechas sin conocer la victoria. Eran tiempos duros para ser hincha del Deportes Tolima, pero Castellanos siempre nos levantaba el ánimo con su entusiasmo y su profesionalismo.

Deportes Tolima 1967, Castellanos parado, tercero de izquierda a derecha

En 1968 llega Severiano Ramos a dirigir el equipo, en un campeonato que tenía la novedad de tener dos fases: Apertura y Finalización. Se conforma un equipo de "puros criollos", que vuelve a ocupar el último lugar. Castellanos se convierte en jugador polifacético y Ramos lo ocupa reemplazando a cuanto jugador se lesiona. Germán juega de defensa, volante o delantero, en aquel equipo chico que tuvo 9 triunfos, 11 empates y 32 derrotas.

En 1969 el equipo sale del sótano y queda penúltimo en el Torneo Apartura, superando al otro equipo chico de aquellos años, Atlético Nacional de Medellín. Castellanos sigue siendo el jugador disciplinado, comodín de cuanta posición se le ocurriera ponerlo Severiano Ramos. Pero en el Torneo Finalización se llena el Tolima de viejos jugadores de la histórica Selección Colombia de 1962, Coll, Rada, Charol González, Jaime Silva, Carlos Aponte y otros. Los viejos jugadores llevan al Deportes Tolima al séptimo puesto, la mejor posición en muchos años.

En 1970 Tolima continúa la era de Severiano Ramos, ocupando el puesto 13 entre 14 en el Apertura y el puesto 11 entre 14 en el Finalización. Castellanos siguió siendo el suplente de oro del equipo.

Para 1971 las estrechas finanzas del equipo hicieron que Germán Castellanos volviera a la titular. Se lograron buenos triunfos de 1-0 a Millos en Bogotá, la tercera victoria del Tolima en El Campín. 4-1 a Junior en el Metropolitano de Barranquilla. Terminamos décimos en el Apertura. En el Finalización el equipo se derrumbó, con 18 fechas sin conocer la victoria. Castellanos fue el técnico en aquel difícil segundo semestre.

Deportes Tolima 1971. Castellanos agachado, tercero de izquierda a derecha
En 1972 Tolima contrata al gran jugador Delio "Maravilla" Gamboa, figura de la Selección Colombia en los años 60s. De la mano de Gamboa el equipo permanece invicto 11 fechas, terminando séptimo en el año. Lamentablemente Castellanos se lesionó en un momento clave, pues había conformado con Gamboa una de las mejores duplas que ha tenido Tolima en el medio campo.

Tolima 1972. Jorge Uribe, Germán Castellanos, Julio González, Maravilla Gamboa, Luis Carlos Paz

En 1973 se conformó un equipo donde Castellanos, ya de 32 años, solo jugó esporádicamente. Tolima cerró el Finalización con un invicto de 10 fechas y ocupó el quinto lugar, entusiasmando a su hinchada. 

El 20 de enero de 1974 Germán Castellanos vistió por última vez los colores del Deportes Tolima. Comenzando el segundo tiempo de un partido frente al Deportivo Pereira, el gran jugador ingresó, reemplazando a Fabio Espinoza. Tolima ganó 1-0 aquella tarde en Pereira. El público aplaudió de pie largo rato al gran jugador, símbolo de los años más difíciles pero memorables de nuestro equipo.



Castellanos fue convocado en alguna ocasión a la Selección Colombia por el Caimán Sánchez. Jugó un solo partido en Cali. Más que un gran jugador, Germán se destacó por su gran profesionalismo, amor a la camiseta y pundonor deportivo. Cualidades que muchas personas quisieran tener. Un ejemplo para las nuevas generaciones. Gracias por tantos años de recuerdos, Germán, Dios te tenga en su gloria.

FOTOS: Tomadas del libro Historia del Deportes Tolima, de Guillermo Ruiz Bonilla.