Diciembre 21 de 2003. Hoy se cumplen 10 años de aquel campeonato
del Deportes Tolima. Recuerdo como si fuera hoy las emociones de aquella tarde
gloriosa.
El día comenzó temprano en La Mesa, de donde salimos para Ibagué
con mis hijos Germán Felipe y Daniel Humberto, acompañados por mi cuñada Rocío
Albornoz y su esposo Chris Agate. Almorzamos en Ibagué con mis hermanos, cerca
al Club Campestre. Toda la ciudad hervía de entusiasmo por el partido en Cali.
A los 19 minutos del primer tiempo las cosas habían cambiado. A
los 14 nos metieron el primer gol y a los 19 Cali ya ganaba 2-0. Tolima era un
manojo de nervios y el ambiente en la universidad desesperado. Cali atacaba y
atacaba. En uno de los pocos contragolpes del Tolima, Gerardo Bedoya se
equivocó y un autogol nos dio el respiro del 2-1. Pero a los 39 Cali pasó a ganar
3-1. El primer tiempo terminó con gran incertidumbre.
Al medio tiempo nos dieron picadas, cerveza, para levantar el
ánimo. La llegada del gobernador del Tolima Guillermo Alfonso Jaramillo levantó
el ambiente. Todos confiábamos en que el Chiqui García calmaría a los
jugadores, que venían haciendo excelente campaña. Así fue. El segundo tiempo
fue manejado por Tolima, que desesperó al Cali y le cerró las puertas. Venían
los penales.
Recuerdo esos últimos minutos del partido con gran emoción.
Estábamos juntos con Pipe, Danny, Chris y Rocío en la parte trasera del salón,
nerviosos como nunca. Tolima arrancó cobrando de primero. La serie se puso 2-1
a favor del Cali y veíamos perder la estrella. Pero Diego Gómez le tapó a Mayer
Candelo y logramos el 2-2 después del tercer penalti. Rogeiro Pereira metió el
cuarto y Tolima pasaba a ganar 3-2. Milton Rodríguez cobró el cuarto del Cali y
Diego Gómez se convirtió en héroe al tapar su disparo.
Venía el cobro de Artigas. Pipe y Danny me abrazaron, cada uno a
mi lado. Cuando ese balón entró, el salón entero fue un solo grito de alegría.
Terminaban décadas de frustraciones deportivas. Mis hijos me abrazaban,
gritando el campeonato. Yo lloraba y lloraba. Pensaba en mi papá, que nunca vio
campeón al equipo. Pensaba en aquel equipazo del 82. Pensaba en tantos años de
seguir al Tolima. Llorábamos todos de alegría en aquel salón. Cantamos el bunde
a todo grito. Por fin! Tolima Campeón!
Salimos a la Avenida Ambalá para subir al centro de la ciudad.
Nunca he vuelto ver algo como lo de aquella tarde. Miles de ibaguereños estaban
en la calle, con banderas, pitos, cornetas.
Un sentimiento colectivo de alegría y orgullo inundaba el
ambiente. Todos éramos campeones aquella tarde de diciembre. El clima era
cálido, todo era perfecto. Llegamos al apartamento de mi hermano Juan Carlos
sobre la plaza Murillo Toro, llena de gente entusiasmada. Ya el equipo venía en
vuelo chárter desde Cali. De pronto, me entró un gran cansancio. La tensión de
tantas horas, la alegría, el llanto, los abrazos, los gritos, el bunde a todo
pulmón, cobraban su cuota. Nos fuimos para el apartamento de mi mamá
relativamente temprano, ya era suficiente celebración.
Recuerdo que Danny fue al estadio a ver llegar el equipo, en el tumulto perdió por un rato sus zapatos. Recuerdo
el viaje al día siguiente a La Mesa, con todos los pueblos llenos de banderas y
alegría. Recuerdo a Chris, un inglés convertido en tolimense al ver tanto
entusiasmo colectivo. Vuelvo a recordar el abrazo de mis hijos. Pasaron 10
años, ojalá no tenga que esperar 10 años más para volver a vivir algo así.