domingo, septiembre 07, 2014

El álbum Papal

Hoy me encontré de frente con un recuerdo lejano de mi niñez. Estaba navegando en un sitio de venta de productos de tecnología y objetos curiosos, cuando tropecé con el Álbum Papal, uno de los tantos productos que se hicieron en Colombia a raíz de la visita del Papa Pablo VI a nuestro país, en agosto de 1968.

El 8 de mayo de 1968, en mi onceavo cumpleaños, mis papás no me regalaron juguetes ni ropa. Recibí a cambio una gran bolsa que contenía el Álbum Papal, junto con dos cajas de figuras (en esa época en Ibagué se hablaba de figuras y no de monas, término bogotano que se volvió omnipresente años después). Yo ya había hecho álbumes de estrellas de cine y de personajes de Walt Disney, pero nunca de pontífices. 

Era una regalo muy raro, pero que muestra el fervor y la pasión que despertó la primera venida de un Papa a Latinoamérica. La figura #1 del álbum era obviamente San Pedro, la #262 Juan XXIII  y la figura #263 era nuestro visitante, el Papa Pablo VI.

Entusiasmado, traté de llenar el álbum durante mayo y junio de 1968, con el mismo fervor de mis hijos llenando el de Brasil 2014. Armado de goma pasaba las tardes pegando las figuras de los Papás, hasta cuando me faltaron unas pocas. El álbum señalaba que cuando faltaban menos de 10, uno podía dirigirse al representante del álbum en su ciudad, para que le suministraran las figuras faltantes. Recuerdo que una de ellas era la del Papa Alejandro VI, el famoso Papa Borgia. Mi papá me contó su historia y creo que algo aprendí de historia en esos dos meses. 

Fuimos a la casa de Aida de Saavedra, que era la representante del álbum en Ibagué. Lo llenamos con las figuras que me dieron, tramitamos un certificado y me dijeron que habría una gran rifa entre todas las personas que completaran el álbum. 

Cual sería mi sorpresa cuando en los primeros días del mes de agosto de 1968 llegó una carta a mi casa, con la noticia de que me había ganado uno de los premios. Cinco Mil Pesos! Toda una fortuna para un niño de 11 años. Mi papá, que tenía un muy buen puesto en esa época, ganaba $3000. El salario mínimo era de $420. Mi premio era toda una fortuna. Le di gracias en silencio al Papa Pablo VI, a quien le atribuía mi buena suerte. Creo que con esa plata me compraron la ropa durante 1968 y varios años más.

Cuando el Papa llegó a Colombia, el jueves 22 de agosto de 1968, vimos la llegada por televisión en Ibagué. Fue tanta la emoción que nos produjo ver a Pablo VI besar tierra colombiana y recorrer Bogotá desde El Dorado hasta la Plaza de Bolivar, que esa misma tarde mi papá agarró su Renault Dauphiné y arrancamos para Bogotá, para verlo personalmente.


El viernes 23 no pudimos ver a Pablo VI. Ese día su agenda lo llevaba al Campo San José en Mosquera, donde se reunió con campesinos de toda América Latina. Por la tarde, presidió una impresionante misa en el Campo Eucarístico, en lo que hoy es el Parque Simón Bolivar. Por la noche recibió a diplomáticos y a representantes de la comunidad judía en Colombia, así como a representantes de iglesias cristianas.


El sábado 24 nos instalamos desde muy temprano en la carrera séptima con calle 64, por donde pasaría Pablo VI hacia las 12 del día. El Papa había estado temprano en el Barrio Venecia, en ese entonces un humilde barrio obrero de Bogotá. Luego había salido hacia la Catedral y posteriormente recorrería toda la carrera séptima desde la Plaza de Bolivar hasta la Avenida Chile, camino a la sede del Celam en la calle 78 con carrera 11. La emoción al paso de la caravana papal fue indescriptible. Todos lloramos de emoción viendo al Papa a metros de distancia, saludando la gran multitud. 

Después de ver al Papa, almorzamos donde mis abuelos Ballesteros, en la 64 con 17 y salimos en nuestro carro hacia la Avenida 68. Pablo VI mientras tanto, volvería esa tarde al Templete, donde casó 24 parejas. A las 5 de la tarde salió hacia El Dorado. A las 6 de la tarde el avión papal salió de Bogotá, mientras miles de carros pitábamos en las nuevas avenidas que se habían construido para su visita. Su último mensaje era emocionante: "No te decimos adiós, Colombia, porque te llevamos en el corazón".


57 horas y 40 minutos había estado Pablo VI en Colombia. 5.700.000 colombianos lo vieron en directo en ese lapso. Recorrió 212 kilómetros en los 3 días en Bogotá, pronunció 21 discursos, casó 24 parejas y dejó una impresión de ser un Papa comprometido con la justicia social, que se reunió con campesinos, obreros y humildes familias.

Yo, apenas un niño, recuerdo más que todo la gran emoción de mi premio y de ver en vivo y en directo a la figura #263 del primer álbum que llené en la vida.