domingo, julio 24, 2016

Melina

Una de las canciones que más he cantado en la vida es "Melina", la hermosa melodía de Camilo Sesto. Recién llegado de la Escuela Naval a Bogotá a mediados de 1975, me encontré con esta bella canción, que estaba dando palo en España en el verano de aquel año. Han pasado más de 40 años y "Melina" aún me acompaña, en la ducha, caminando, pensando, recordando. Esta es la historia detrás de esa canción compañera de mi vida.

AMOR LIBRE

Para el verano de 1975 Camilo Sesto era uno de los grandes cantantes españoles, en aquellos años del boom de las baladas en español. En 1973 había logrado llegar al numero uno de los 40 principales con "Amor, amar" y "Todo por nada" y en 1974 había logrado el tope de las listas con "Ayudadme". Había comprado a Andrew Lloyd Weber los derechos para producir y protagonizar "Jesucristo Superstar" y pasaba por un excelente momento artístico. Simultáneamente al trabajo en el gran musical, decidió sacar un long play para el verano, al que llamó AMOR LIBRE.


Aunque se esperaba que "Amor libre" fuera la gran canción del long play, la canción sorpresa fue "Melina". La canción llegó al numero uno de las listas españolas el 19 de julio de 1975, se sostuvo durante 6 semanas en el tope de los 40 principales y sonó durísimo durante el resto del año y todo 1976 en Latinoamérica. Apenas la canción llegó al número uno, se lanzó un single en 45 revoluciones para aumentar las ventas.



El long play terminó vendiendo 15 millones de copias. Aún hoy, 40 años después,  el album registra más de 60 millones de visitas en YouTube, es considerado uno de los más grandes trabajos de Camilo Sesto en su historia musical y uno de los grandes álbumes de la década de los 70 en música en español.

LA CANCIÓN "MELINA"

Aunque no lo supe sino varios años después, "Melina" estaba impulsada por muchas cosas para convertirse en una canción muy importante. Tenía excelente música y una letra que me sigue pareciendo muy especial, que Camilo Sesto había dedicado a una actriz griega llamada Melina Mercouri. La canción, como lo supe después, era una homenaje directo de Sesto a la lucha de Melina contra la dictadura militar griega, que había culminado en 1974 con un resonante triunfo de la oposición. Melina Mercouri había regresado a Atenas a la caída de la dictadura, convirtiéndose en una gran figura política. Para los españoles de 1975, viviendo los últimos meses del gobierno de Francisco Franco, "Melina" representaba no solo una bella canción, sino toda una protesta simbólica, que además se podía cantar a todo grito sin temor a represalias.

"Tu vida y tu razón es tu país,  donde el mar se hizo gris,  donde el llanto ahora es canto", debía sonar muy especial en aquel verano de 1975 en España. "La huella de tu canto echó raíces, Melina, y vuelven a reír tus ojos tristes, Melina", era una homenaje a una bella película de 1960 y a una gran canción que había cantado Melina Mercouri 15 años atrás. Toda una historia que vale la pena contar.

QUIEN ERA MELINA MERCOURI


Nacida Maria Amalia Mercouri en 1920 según unos biógrafos y en 1925 según ella, Melina Mercouri fue una actriz griega, nacida en Atenas, que se hizo famosa internacionalmente con la película "Nunca en domingo" en 1960. Su interpretación de una prostituta griega le valió ser nominada al Oscar como mejor actriz y ganar el premio a mejor interprete femenina en el Festival de Cannes y los premios BAFTA de 1961. La película fue nominada a 6 premios Oscar y ganó el Oscar a la mejor canción con "Los Niños del Pireo", una de las más hermosas canciones de aquellos años, que seguramente todos hemos oído alguna vez, pero que no sabemos su nombre. Aquí se las dejo:



Con el éxito logrado por esta película, Melina se trasladó a los Estados Unidos y se embarcó en varios proyectos artísticos, incluido el montaje de "Never in Sunday" para Broadway. En esas estaba, cuando el 21 de abril de 1967 un grupo de coroneles griegos, dirigido por Georgios Papadopoulos, se tomó el poder y comenzó una violenta represión contra la oposición. 

Melina Mercouri se convirtió en una dura vocera contra el régimen militar, aprovechando su gran popularidad. Su vocación política le venía de casa, pues su padre había sido ministro de un gobierno griego. Entre 1967 y 1974 Melina se dedicó a luchar internacionalmente contra el gobierno griego, denunciando sus abusos, que eran muchos. El gobierno la despojó de su ciudadanía y le prohibió viajar a Grecia. Los 7 años de desastre acabaron el 24 de julio de 1974, cuando finalmente los coroneles entregaron el poder a un gobierno civil. Dos días después, Melina Mercouri llegaba a Atenas, siendo recibida por una gran multitud.

La canción "Melina" es entonces un resumen de esos 7 años de lucha y del regreso triunfal de Melina Mercouri a Atenas en julio de 1974.


Con los años, Melina Mercouri hizo una gran carrera pública. Diputada varias veces, ministra de cultura en Grecia en 3 ocasiones, representante griega en varias conferencias internacionales, se convirtió en una gran defensora del patrimonio cultural griego. Falleció el 6 de marzo de 1994 en Nueva York, víctima de un cáncer de pulmón. Un millón de personas asistieron a sus exequias con rango de funeral de estado en Atenas. El gobierno griego ordenó la emisión de una estampilla y la construcción de un monumento recordatorio de la vida de esta gran mujer.


CAMILO SESTO Y MELINA

Les dejo la versión de Camilo Sesto de 1975, subida a youtube por el usuario Amilcar Ramos, que incluyó algunas fotos de Melina Mercouri en su video:



Y obviamente, la letra de la canción:

Eres fuego de amor
luz del sol
volcán y tierra
por donde pasas
dejas huella

Mujer
tú naciste para querer
has luchado por volver
a tu tierra y con tu gente

Has vuelto
Melina
alza tus manos hacia Dios
que el escuche tu voz

Has vuelto
Melina
tus ojos reflejan el dolor
y tu alma el amor

La huella de tu canto
echó raíces
Melina
y vuelven a reír
tus ojos tristes
Melina

Tu vida y tu razón
es tu país
donde el mar se hizo gris
donde el llanto
ahora es canto

Has vuelto, Melina
alza tus manos hacia Dios
que el escuche tu voz

Has vuelto, Melina
tus ojos reflejan el dolor
y tu alma el amor

La huella de tu canto
echó raíces
Melina
y vuelven a reír
tus ojos tristes
Melina

sábado, julio 09, 2016

Primer vuelo postal a Ibagué

En días pasados encontré en el Foro de Fotografías antiguas del Tolima una foto de uno de los primeros aviones que aterrizó en Ibagué, foto publicada por Mauricio Vila Mejía el 11 de julio 2012. Investigando, pude reconstruir la historia de esta hermosa fotografía:


Se trata de un avión De Havilland DH.60 Moth (‘polilla’ en inglés), un biplaza ligero de turismo británico de la década de 1920, comprado por la compañía de aviación SCADTA en 1929, incorporado al servicio con el numero C-34, que puede ser apreciado debajo de la estructura inferior del avión. Fue adquirido el 19 de septiembre de 1929 y bautizado como "Gaviota".

PRIMER VUELO POSTAL A IBAGUÉ

El día 23 de octubre de 1929 este avión hizo el primer vuelo postal entre Bogotá e Ibagué. Estos son sobres que fueron emitidos ese histórico día:



Como se puede apreciar, el avión hizo un primer vuelo Bogotá - Ibagué, entregó el correo, para posteriormente ser exhibido al público en el improvisado campo de aviación La Brisa, hoy barrio Las Brisas de Ibagué. En horas de la tarde regresó a Bogotá, con otro paquete de correo.

PRIMER VUELO POSTAL A ARMENIA

El 21 de diciembre de 1929, dos meses después del vuelo a Ibagué, este mismo avión hizo el primer vuelo postal Bogotá - Armenia, al mando del piloto alemán Burckardt. Ese día fue emitido el siguiente sobre:


PRIMER VUELO POSTAL A BUGA

El mismo 21 de diciembre de 1929, horas después de haber estado en Armenia, el "Gaviota" continuó hacia Buga. De ese día quedaron estos testimonios:



Esta foto pertenece al archivo departamental de fotos del Valle del Cauca, entidad a la que se la da crédito en esta publicación.

ACCIDENTE 

En 1930, antes de cumplir un año de servicio, el "Gaviota" sufrió un accidente que lo dejó fuera de servicio. No hay constancia de la fecha exacta del insuceso.


Aquí una magnífica foto a color de un "polilla" De Havilland, como el que viajó a Ibagué, Armenia y Buga a finales de 1929.





domingo, julio 03, 2016

Knox Martín, el primer aviador que llegó Bogotá e Ibagué

Día de navidad de 1920. Los habitantes de Bogotá son sorprendidos a las 5 de la tarde por el ruido de un aeroplano que llega desde el occidente de la Sabana. Muchos de ellos entienden que por fin se ha cumplido la promesa de regresar del aviador William Knox Martin, que había sido el primero en volar sobre Bogotá 16 meses antes. Saludan con entusiasmo a Knox, desde calles, balcones y azoteas. El avión se dirige hacia la Plaza de Bolívar, donde hace atrevidas maniobras y arroja cientos de hojas con el siguiente saludo:

“El aviador William Knox Martin, en su nuevo tipo de avión, especialmente escogido en Estados Unidos para batir el record de la altiplanicie, saluda de la manera más efusiva a la culta sociedad bogotana y experimenta la mayor complacencia al sentirse de nuevo en el seno de ella, por la cual ha sentido siempre un inmenso aprecio”

Se cumplía un sueño y a la vez una venganza para Knox Martín. Había salido de Bogotá con sentimientos agridulces 15 meses antes y ahora regresaba en un potente avión, callando a los críticos que había dejado en su primera visita. El viaje de 65 minutos que acababa de hacer desde Honda, Tolima, lo reivindicaba para la historia.

QUIÉN ERA WILLIAM KNOX MARTÍN

William Knox Martin había nacido en Salem, Virginia, el 30 de octubre de 1894. Desde muy joven se había entusiasmado con el nuevo invento de la aviación. El 3 de septiembre de 1913, a las 9 de la mañana, hizo su primer vuelo oficial en la feria de Norwich, con apenas 18 años. 

Ante 3000 espectadores, el joven Knox Martin hizo un vuelo sobre el campo de la feria y luego se dirigió a la ciudad, volando a una altura de 2000 pies. A las 2 de la tarde repitió su vuelo, esta vez dirigiéndose hacia su ciudad natal de Salem, alcanzando alturas hasta los 5000 pies.  A las 3 de la tarde intentó su vuelo final, volando hacia el sur del campo de la feria. Cuando intentaba regresar, el motor del avión falló y Martin comprendió que debía aterrizar donde fuera posible. Divisó el Mapplewood Cemetery y hacia allí se dirigió. Cuando ya estaba aterrizando, se encontró de frente con un árbol e intentó una brusca maniobra, que lo arrojó del avión pocos metros antes de tocar tierra. Milagrosamente, solo recibió unos pocos raspones, mientras el avión se destruía totalmente en su caída. A las 3:45 llegó caminando a la feria, saludando feliz a los espectadores que lo aplaudían y animaban. Hacia su entrada en la aviación una leyenda que recorrería literamente el mundo entero.

8 días más tarde, el joven Martin tuvo su segundo accidente en la feria de Greensburg, Pennsylvania. Esta vez, en su caída se encontró de frente con un perro, al que mató instantáneamente. Tampoco tuvo heridas de consideración. Los 2 accidentes en poco más de una semana no desalentaron al joven aviador, que decidió consagrarse de lleno a esta profesión.


Durante los siguientes 5 años William Knox Martin tuvo una vida comparable a la de Indiana Jones. Participó en una expedición aérea al Orinoco, llena de obstáculos y grandes aventuras. Fue contratado como aviador por Pancho Villa, para bombardear posiciones enemigas, aprendiendo español en pocos meses. Viajó al lejano oriente, formando parte del ejercito revolucionario de Sun Yat-Sen.  En la Primera Guerra Mundial, entrenó pilotos canadienses en Inglaterra y luego fue piloto de la aviación de Estados Unidos. Al terminar la guerra en 1918, comenzó a trabajar con la Boeing y posteriormente con Glen Curtiss.



EL VIAJE A COLOMBIA

En los hangares de la Curtiss se encontraba trabajando Martin a comienzos de 1919, cuando fue llamado por Glen Curtiss para que atendiera a dos empresarios bogotanos que querían comprar una maquina para iniciar la aviación en Colombia. Martin conversó en español con Carlos Obregón y Ulpiano Valenzuela y les vendió un biplano Curtiss Standard J-1, construido en madera y tela, con un motor de 150 caballos. Pero al entender lo que podía hacer en Colombia, un país muy extenso con pocas vías de comunicación, decidió tomar el mismo la oportunidad y viajar con su propio avión, aprovechando las muchas unidades disponibles por el fin de la guerra.

Martin compró un biplano Curtiss de 2 asientos, con ocho cilindros y 200 caballos de fuerza, lo adornó al costado del fuselaje con grandes letras W. KNOX MARTIN, lo embaló en cajas y tomó el primer barco hacia Puerto Colombia, donde llegó a comienzos de mayo de 1919. Se alojó en la Pensión Inglesa de Barranquilla y comenzó a buscar posibles socios. Rápidamente conoció en el Club Barranquilla a 3 entusiastas jóvenes, a quienes convenció de ser sus socios en la aventura. Eran Mario Santodomingo, Ernesto Cortissoz y Arturo de Castro. De acuerdo con varias fuentes, ellos pagaron 2000 dólares para poder ser socios del aviador gringo.



Apenas llegó el avión, lo ensambló en compañía de improvisados mecánicos colombianos y lo exhibió ante asombrados espectadores en el Teatro Municipal de Barranquilla, que pagaron 10 centavos por las plateas. Anunció el primer vuelo para el domingo 15 de junio, cobrando por las entradas como se hacía en las ferias de Estados Unidos. En este primer vuelo al nivel del mar, Martin se lució ante los asombrados barranquilleros, haciendo toda clase de piruetas, las que culminó con un looping the loop y un paso entre las dos torres de la Iglesia de San Nicolás en Barranquilla. El publico deliraba y los nuevos socios estaban muy entusiasmados.

El miércoles 18 de junio de 1919, Martin decidió hacer historia. Anunció que viajaría con un pasajero, llevando un envío postal hacia Puerto Colombia. En la Plaza 11 de noviembre de Barranquilla, repleta de espectadores, no salía ningún voluntario. Finalmente, ante la insistencia de Martin, el joven Mario Santodomingo se animó y se subió al Curtiss. Luego de 10 minutos de vuelo, arrojaron un paquete que contenía 164 cartas en la Plaza de Puerto Colombia. Nacía el correo aéreo en nuestro país.



EL VIAJE AL INTERIOR DEL PAÍS

Pronto se conocieron estas noticias en el interior del país. Los bogotanos no estaban muy contentos con que los barranquilleros se hubieran adelantado, pero comprendieron que debían sumarse a la nueva situación. Los hermanos Di Doménico, dueños de varios teatros en Bogotá, visualizaron la oportunidad. Aprovechando los grandes festejos que se celebrarían en Bogotá por el centenario de la Batalla de Boyacá, contactaron a Martin y le propusieron que montara un espectáculo en el altiplano en agosto de 1919. Una vez lograron la aprobación de Martín, llegaron a un acuerdo con la Junta Oficial de Festejos, a cargo de la organización de las grandes festividades que iban a llevar a cabo.

El contrato entre William Knox Martin, Di Doménico Hermanos & Co y la Junta Oficial de Festejos incluía 2 vuelos oficiales, uno el martes 5 de agosto sobre la ciudad de Bogotá, donde se lanzarían proclamas patrióticas sobre diversos puntos de la capital, mientras que el 7 de agosto se pensaba hacer un vuelo histórico: Martin saldría de Bogotá junto con el doctor Alfonso Villegas Restrepo (hermano de Lorencita Villegas de Santos) hacia el Puente de Boyacá, donde arrojaría coronas de laurel en presencia del presidente Marco Fidel Suárez. Luego aterrizaría en Tunja y más tarde volvería a Bogotá. Por todo ello, Martin recibiría 3000 pesos.



Martin desarmó el avión, lo embaló para llevarlo por el rio Magdalena hacia el interior y salió hacia Girardot, donde esperaba llegar a fines de julio de 1919, a tiempo para las festividades del Centenario. Sin embargo, varios retrasos en el camino impidieron que se cumpliera esta meta. Martin terminó llegando a Bogotá en el tren de Girardot al atardecer del lunes 4 de agosto, mientras que el avión se quedaba en Girardot, a cargo del mecánico señor Fogarti, donde la compañía inglesa que operaba el Ferrocarril de la Sabana ponía toda clase de obstáculos para demorar el envío de la máquina.



Al día siguiente, martes 5 de agosto, no se pudo cumplir con el primer vuelo contratado. El avión terminó llegando el 6 de agosto a Bogotá. Martin, entretanto, había localizado un lote que podría servir como base de operaciones, en la población de Fontibón, en el kilometro 7 de la ruta del Ferrocarril de la Sabana. Anunció que necesitaba un par de días para ensamblar el avión y uno más para probarlo, por lo que tampoco podría cumplir con el compromiso del segundo vuelo del 7 de agosto. Los miembros de la Junta de Festejos trinaban de la indignación y los hermanos Di Doménico no sabían donde esconderse.



LOS VUELOS SOBRE BOGOTÁ

Con una presión muy grande, Martin hizo un vuelo de prueba el sábado 9, que levantó nuevamente el entusiasmo. Los Di Doménico planearon un gran espectáculo para el domingo 10 de agosto de 1919, último día de las festividades del Centenario. Contrataron 2 trenes expresos para llevar al público hasta Fontibón, donde montaron el aeródromo. Cobraban $1.00 por la entrada al campo, incluyendo el viaje en tren ida y vuelta, $2.00 para la gente que llegara en coche y $4.00 por cada carro. Se vendían boletas en la sede de la empresa, Carrera 7 No 547 y en la Estación de la Sabana. Hubo lleno total en los trenes expresos que salieron a la 1 y 2 de la tarde.


Hacia las 3 de la tarde del domingo 10 de agosto, Martin despegó y tomó la ruta de la Avenida de la República hacia el centro de la ciudad. Cuando llegó a la Plaza de Bolívar hizo una maniobra arriesgadísima, la llamada “Falling Leaf”, apagando el motor y acercándose hasta 25 pies de la estatua de Bolívar en la Plaza, arrojando una corona de laurel, lo que causó grandes vítores entre la multitud. De vuelta a Fontibón, realizó diversas maniobras en el aeródromo, complaciendo al público que había pagado su boleta. Las reseñas del espectáculo fueron muy favorables. Era el primer vuelo en la historia sobre la ciudad de Bogotá.



No obstante lo anterior, los problemas continuaban. Martin se había dado cuenta de varias cosas durante este primer vuelo: 1) era muy distinto volar a 2600 metros que a nivel del mar 2) Varias maniobras, incluido el looping the loop, eran imposibles a esa altitud 3) No podía llevar pasajeros 4) el viaje a Tunja era muy arriesgado y totalmente impredecible. Así se lo comunicó en carta a Villegas Restrepo, que seguía muy molesto por el cambio de reglas de juego. Algunas fuentes señalan que Knox Martin tuvo varios incidentes callejeros con bogotanos que le reclamaban por sus incumplimientos.

El día sábado 16 de agosto de 1919, Martin realizó un segundo vuelo, saliendo de Fontibón hacia el Hipódromo de La Merced, entre Bogotá y Chapinero. Sobrevoló Bogotá y luego realizó varias maniobras sobre el Hipódromo, donde se había reunido una gran concurrencia, que había pagado para asistir al espectáculo. Nuevamente Martin sintió que su aparato apenas podía sostenerlo a él, cosa que le hizo saber a Villegas Restrepo en una nueva carta. En cuanto al vuelo a Tunja, indicó que solo lo haría si la Junta de Festejos respondía por la totalidad del costo del avión si llegara a tener algún siniestro. Obviamente, eso era imposible para un ente oficial en aquellos días, más cuando la impopularidad del Presidente Suárez era muy grande.


Las negociaciones entre Martin, los Di Doménico y la Junta no prosperaron. Martin ofrecía reemplazar el vuelo de Tunja por un raid Fontibón – Facatativá – Zipaquirá – Bogotá – Fontibón, pero la Junta no accedió. Los Di Doménico, que ya le habían adelantado una gran cantidad a Martin, fueron los principales perjudicados. Martin permaneció en Bogotá, con el avión, buscando nuevos negocios y nuevas oportunidades. Se hizo muy amigo de Carlos Padilla, un joven aviador que ya había hecho 2 cortos vuelos sobre el Puente del Común en junio de 1916.


El domingo 14 de septiembre de 1919, Martin hizo una tercera exhibición aérea en Bogotá, cediendo parte de los ingresos a favor de Padilla, quien quería comprar un avión. Esta vez el sitio escogido fue el “Paradero del Olarte” en el kilometro 11 de la vía del Ferrocarril del Sur, cerca del actual Cementerio El Apogeo en el sur de Bogotá. Se contrataron 3 trenes expresos desde Bogotá, que salieron a la 1:00PM, 1:45PM y 2:30PM hacia El Olarte, cobrando $1.20 para los pasajeros de primera clase y $0.60 para los pasajeros de segunda clase. Para los que ingresaban en carro se cobró una tarifa de $1.00. El programa incluía toda clase de arriesgadas maniobras, incluidas el “Cart Wheeling”, el “Wing Overs”, el “Immelmann Turn”, la “Falling Leaf”, entre otras.


Después de esa última exhibición, William Knox Martín desarmó el avión, lo embaló hacia Girardot y salió de Bogotá con Carlos Padilla, jurando que volvería como un triunfador a esa ciudad. Pensaba montar en Girardot una escuela de entrenamiento, así como hacer varias exhibiciones y vuelos cortos de recreación con pasajeros que quisieran vivir la experiencia de montarse en un biplano, ya sin el inconveniente que representaba la altura.



EL VUELO A IBAGUÉ

A finales de septiembre, Martin y Padilla llegaron a Girardot y encontraron que el punto ideal para hacer sus exhibiciones estaba en Flandes, en el costado tolimense del Rio Magdalena. Cuando comenzaron a ensamblar nuevamente el avión, se dieron cuenta que algo se había dañado en el embalaje en Bogotá y que el avión no funcionaba. Más de un mes estuvieron arreglando la máquina. Todo estaba listo para el sábado primero de noviembre de 1919, con un programa que incluía vuelos de exhibición, maniobras aéreas y el plato fuerte, el primer viaje por avión a la ciudad de Ibagué.


A primera hora hizo un vuelo de ensayo, en medio del entusiasmo de las gentes de Flandes y Girardot. Inmediatamente, hizo 2 vuelos con pasajeros, cobrando 50 dólares a cada viajero. Cenón Espinosa y Francisco Clement fueron los afortunados clientes. Martin y Padilla volvieron a Girardot y esa misma tarde Martin decidió volar a Ibagué, donde un grupo de personas le había pedido realizar un vuelo.


A las 3:30 de la tarde del primero de noviembre de 1919, William Knox Martin y Carlos Padilla salieron hacia Ibagué, acompañados de un pequeño tigrillo que había comprado Martin en Girardot. Llamaron por teléfono a sus amigos en Ibagué y les pidieron preparar grandes fogatas y armar una pista de aterrizaje en el campo de Belén. Llevaban como provisiones varias botellas de cerveza Maltina, latas de sardinas y cajas de galletas. Padilla preparó una bella crónica para El Tiempo de Bogotá, de las cual extraemos los siguientes apuntes:

En el carreteo, Martín le pasa el tigrecito a Padilla, quien apenas lo puede contener. La multitud está a lado y lado de la pista. Al comenzar a volar, el animal le clava los colmillos y uñas a Padilla, brotando charcos de sangre. Padilla lo coge por el pescuezo, lo tira al fondo del aeroplano y le echa encima la maleta de viaje.
En el aire, a 800 metros de altura, Padilla ve atrás las curvas del Magdalena. Enfrente, ve la hermosa llanura del Tolima, la vía en construcción del tren hacia Ibagué, el camino de herradura entre Girardot y El Espinal. Al fondo, entre una tenue neblina azul, se alcanza a divisar la hermosa ciudad de Ibagué.
Un poco más adelante, Padilla reconoce la población de Coello, llena de puntos blancos que corresponden a habitantes que contemplan por primera vez en la vida un avión. Aparece el rio Coello, encajonado entre grandes peñas, reflejando en sus aguas purísimas el azul del cielo.
Absorto en la próxima llegada a la meseta de Ibagué, Padilla ha olvidado al tigrecito, que salta sobre él para morderlo nuevamente. Padilla le grita, el animal se refugia al lado de Martin y vuelve al fondo del avión.
Padilla decide organizar el lunch, a 2000 metros de altura. Abre las sardinas y las galletas, organiza unos sándwiches,  destapa las Maltinas y almuerzan rápidamente, mientras pasan por Gualanday y entran en la meseta. 
Siguen la ruta del tren hasta Sesteadero. Vuelan sobre esa estación y enfilan hacia Ibagué, llevando en ese momento 25 minutos de vuelo. Ya divisan el llano de Belén y las fogatas de la pista de aterrizaje. Van planeando, entre los techos rojos y oscuros de la ciudad.
Aterrizan en la pista de 200 metros, entre una multitud de espectadores locos de entusiasmo, 30 minutos después de haber salido de Flandes.

Así culminó un viaje histórico, el primero entre dos ciudades colombianas. Martin y Padilla se tomaron una foto a su llegada, junto con el tigrecito y varios espectadores. Asistieron a un té organizado en homenaje, durmieron en un hotel en el centro de Ibagué y regresaron al día siguiente a Girardot, después de hacer historia.


1920 Y EL PRIMER VUELO EN SOLITARIO SOBRE LOS ANDES COLOMBIANOS

En 1920 Martin permaneció en Girardot, realizando vuelos particulares, dando lecciones y recuperando su inversión. Entretanto, la fiebre de la aviación ya había prendido motores en Colombia y se habían organizado varias compañías aéreas, en Barranquilla, Medellín y Bogotá. Sus amigos de Barranquilla habían tomado camino propio y habían invertido en SCADTA, una compañía colombo alemana que dominó la aviación durante 20 años en nuestro país. 

A mediados de 1920, sus amigos de Bogotá lo contactaron para revivir el proyecto de hacer un vuelo sobre los Andes, desde el rio Magdalena. Con las lecciones de 1919 aprendidas, Martin les sugirió comprar el mejor avión posible y planear un vuelo desde Honda. Ellos aceptaron y a comienzos de diciembre de 1920 el nuevo avión llegó a la ciudad de los puentes. Todo llegó bien, menos la brújula, que no fue embalada desde Estados Unidos. Martín recorrió Honda entera y logró improvisar una brújula de juguete, que le costó 75 centavos de aquel tiempo.

Entretanto, los aviadores de SCADTA habían logrado llegar a Bogotá desde Girardot. Con algo de frustración, pero sabiendo que su vuelo en solitario era más importante, Knox siguió preparándose. Hizo una exhibición en Honda el 24 de diciembre, para probar los últimos detalles y recolectar fondos para cubrir sus gastos.



El día de navidad, sábado 25 de diciembre de 1920, William Knox Martín partió de Honda a las 4:05PM, rumbo a Bogotá. Dio varias vueltas sobre Honda y con ayuda de la diminuta brújula enfiló hacia la cordillera y localizó la población de Guaduas, cuando volaba a una altura de 1000 metros. Pero repentinamente se produjo una gran neblina y Martin quedó sin ayuda.

Lleno de recursos técnicos en su larga carrera, Martin decidió subir hasta 7000 metros. Esta altura estaba prohibida en aquel entonces sin máscara de oxigeno y guantes para el hielo, que no tenía consigo Martin. A esa altura, buscando desesperadamente un punto de orientación, el aviador notó que el motor trabajaba con dificultad y los cordajes se llenaban de hielo. Martin dedujo que la gasolina también debería estar coagulándose. 

Cuando estaba a punto de desfallecer, entre las nubes Martin pudo divisar a Facatativá.  Rápidamente descendió a 1000 metros y siguió la ruta de la carrilera de tren, llegando a Bogotá hacia las 5 de la tarde. Cuando el avión apareció, los bogotanos supieron que William Knox Martin cumplía su promesa de regresar. Su aterrizaje en el Hipódromo de La Merced, lleno a reventar, fue la culminación de una impresionante carrera de 7 años, a la que mucho le debe Colombia.



Allí en el Hipódromo lo esperaban los socios de la Compañía Bogotana de Aviación, que habían pagado el avión y los honorarios del piloto. Eran Ulpiano Valenzuela, Rafael Reyes Angulo, José María Obregón, Mario Rocha, Alfredo Valenzuela, Harry Koppel, Julio Holguín, Carlos Dávila, Nemesio Camacho, Enrique Reyes, Federico de Castro y Enrique Alford. A ellos se sumaba Alfonso Villegas Restrepo, el frustrado pasajero del fallido vuelo a Tunja en 1919.



LOS ULTIMOS AÑOS

Con todo cumplido como aviador, Knox Martin regresó a Barranquilla. Allí lo esperaba Isabel Vieco, una linda barranquillera que había conocido en 1919 y con quien sostenía un noviazgo por carta. El 7 de diciembre de 1921 se casaron en la Iglesia Bautista de la Zona del Canal de Panamá. El 12 de enero de 1923 nació su primer hijo, William Jr. Knox Martin, hoy en día un famoso muralista. Martin tuvo tres hijos y se trasladó a vivir a Estados Unidos hacia finales de 1923. 

En julio de 1927, Martin sufrió un grave accidente automovilístico en Watertown, en el estado de New York. Se rompió la espalda y murió 2 días después, rodeado de su familia. Tenía apenas 32 años. Fue enterrado en el East Hill Cemetery de Salem. 

En 1994 el servicio postal colombiano sacó una estampilla relativa a los 75 años de aquel famoso vuelo con Mario Santo Domingo sobre Puerto Colombia.


En el año 2005 William Knox Martin fue elegido al Virginia Aviation Hall of Fame por su contribución al progreso de la aviación en el mundo.


Su hijo mayor, muy famoso en Estados Unidos como muralista, ha estado en varios homenajes en Barranquilla a su memoria, allí se creó un museo donde está la réplica de aquel histórico avión, el mismo que llegó por primera vez a Ibagué y Bogotá.



DISTORSIONES HISTÓRICAS

Lamentablemente, la historia de la vida de William Knox Martin y en especial su vuelo a Bogotá ha sido distorsionada enormemente. A esa distorsión ha contribuido mucho un libro llamado LA HISTORIA DE LA AVIACIÓN EN COLOMBIA, del Coronel José Ignacio Forero, escrito en los años sesenta, cuando seguramente los recuerdos del autor, quien dice haber conocido a Knox Martin, ya no eran muy fidedignos. 

Forero tiene la siguiente versión de la historia, que es contradictoria totalmente con las fuentes que yo tengo, que corresponden a periódicos de la época, tanto de Colombia como de Estados Unidos. Un resumen de lo que dice:

Knox envió el avión desde Barranquilla a Honda, donde llegó el 10 de agosto de 1919. FALSO: Ese domingo 10 el avión ya estaba en Bogotá, fue el día en que realizó el primer vuelo.
9 días más tarde, el 19 de agosto de 1919 a las 11 de la mañana, Knox voló desde Honda hasta Bogotá. FALSO: El 19 de agosto Knox estaba en Bogotá, enfrascado en una disputa con la Junta de Festejos, por incumplimiento de su contrato para un vuelo a Tunja.
Knox efectuó numerosos vuelos sobre Bogotá, con pasajeros, a los que les cobraba 200 pesos en cada viaje. FALSO: Knox Martin se dio cuenta desde el primer vuelo que no podría llevar pasajeros y por ello tuvo una larga disputa con Alfonso Villegas Restrepo. Ni a Villegas, ni a ningún otro pasajero pudo cobrarle Martin un solo peso en Bogotá.
Martin volaba desde el Hipódromo de la Magdalena hasta los Campos de Muzú y la gente corría entre uno y otro sitio para verlo salir y luego aterrizar. FALSO: se trataba del Hipódromo de la Merced, que fue sitio de aterrizaje y no de salida. Cuando Forero habla del Campo de Muzú, seguramente se refiere al Paradero del Olarte, sitio de donde salió el tercer vuelo de Martin en Bogotá. Ni hoy, ni en aquellos días, alguien podría correr entre la calle 40 de Bogotá y el Cementerio El Apogeo en menos de una hora.
Martin tuvo un problema haciendo un looping the loop en Bogotá, pero lo pudo controlar regresando al campo de Muzú. FALSO: Martin se dio cuenta desde el primer vuelo que con su avión no podría hacer esa maniobra tan arriesgada, a la altura de Bogotá.
Martin rechazó 150 pesos que le ofrecía el Coronel Forero para pagar un vuelo sobre Bogotá, insistiendo en que la tarifa eran 200 pesos. FALSO: Como ya quedó claro, Martin no hizo este tipo de viajes en Bogotá. Forero de pronto confunde sus recuerdos con los cobros que hacía Martin en Flandes, donde si vivió varios meses de cobrar 50 dólares a los pasajeros que querían dar una vuelta en su aparato.


Este libro LA HISTORIA DE LA AVIACIÓN EN COLOMBIA, es la fuente distorsionada que han utilizado desde el Banco de la República hasta varios novelistas e investigadores, modificando en mucho la historia de William Knox Martin. Espero con esta crónica poder corregir en algo estos graves errores históricos, para poder apreciar adecuadamente la vida y obra de este gran personaje.


sábado, abril 09, 2016

Una noche mágica en el 604

Tuve hace unas pocas semanas la experiencia de comer en El Cielo, uno de los restaurantes más sofisticados y costosos de Bogotá. Una sucesión de pequeños platos con nombres exóticos, un ambiente moderno e impecable, varios cambios de vajilla, cubiertos y copas, todo ello a más de 70 dólares por comensal. Esa sofisticada experiencia no se logra comparar con la noche que acabamos de tener en El 604, uno de los restaurantes más impactantes en los que he estado en los últimos años en Bogotá. 


El concepto de El 604 está basado en varios principios sencillos: un menú de degustación de varios platillos mexicanos, servidos en una mesa cuadrada para 8 comensales, con vajilla de Carmen de Víboral y otros utensilios muy bien escogidos, todo ello preparado por una de las mejores chefs de comida mexicana de Bogotá, Ximena Leal. 




Con la esmerada atención de Juan Pablo Martínez y Ximena, en El 604 se disfruta de un espectacular menú de degustación sin defecto alguno, con continuo cambio de vajilla sencilla pero muy llamativa, margaritas en el punto ideal, agua de jamaica y un ritmo de servicio impecable a lo largo de 2 horas y media. 



Nos sirvieron una buena sopa de tortilla para comenzar, seguida de un pollo al chiplote que fue lo más picante de la noche. Seguimos con tamalitos muy ricos, budín indio con mole, sopes, chimichangas, tostadas con chicharrón, que recibieron continuos elogios de los 8 animados participantes. Cerramos con gelatina de Chalco, una de las más tradicionales recetas mexicanas para un postre sencillo, pero adecuado para la llenura de todos en ese momento. Nos bajamos una generosa jarra de margarita, que permitió servirse continuas dosis a todos los invitados.



Ximena maneja los mejores ingredientes, escogidos uno por uno entre Bogotá, el D.F., Los Angeles e intermedias. No hay un solo detalle dejado al azar en la buena experiencia culinaria. Anfitriona eficiente, compartió con nosotros el tiempo adecuado, con la discreción suficiente para dejar conversar y disfrutar de la velada. Juan Pablo maneja el servicio con el mismo profesionalismo que le pone a su papel de ser uno de los asesores de vestuario mejor reputados en la ciudad.



El 604 no está abierto al público en general, solo abre los viernes en la noche para amigos de Ximena y amigos de amigos que han ido corriendo la voz sobre esta joya de restaurante. El precio es de alrededor de 25 dólares por cabeza, jarras inmensas de margarita al increíble precio de 23 dólares, más varias opciones de salsas y otros para llevar.



El 604 ya está reservado para los próximos 4 meses. La experiencia obviamente pasa por organizar el mejor grupo posible. Yo escogí a cada una de las 8 personas buscando buenos amigos, que disfrutaran el rato y fueran buenos conversadores. Llevé mi propia música, una de las opciones de personalización que permite Ximena. Todo salió perfecto. Volveré en un mes, Ximena me ha prometido un menú completamente diferente. Desde que conozco a Ximena de los viejos tiempos de Esta es una Panadería, no he dejado de seguir su carrera de chef y he podido ser testigo de su enorme capacidad profesional. Con El 604 ha puesto la vara muy alta. Se los recomiendo a ojos cerrados.






miércoles, enero 06, 2016

La foto de Olaya Herrera

Ayer publicó mi buen amigo FP (Álvaro Negrillo) una muy buena foto en el Foro de Fotografías Antiguas del Tolima, que llamó inmediatamente mi atención. Se trata de la famosa fotografía de Olaya Herrera por la Calle Real de Bogotá, que a mi modo de ver es el documento gráfico que mejor resume el espíritu de triunfo de los primeros días de la República Liberal en Colombia.


Me llamó poderosamente la atención la descripción de la foto que hizo FP, ya que situaba la fotografía como tomada el día 11 de agosto de 1934, fecha que figuraba en la parte trasera de la misma. Mi curiosidad se debía a que esta foto ha sido reproducida muchísimas veces como tomada el 7 de agosto de 1930, día de la posesión de Olaya Herrera. La fecha de 1930 figura en publicaciones del Banco de la República, Colartes, libros, biografías, etc. La fuente de FP es la siguiente:



Según FP, la fotografía fue tomada el día de la inauguración presidencial de López Pumarejo, tal y como lo dice este texto del anverso. A mi no me convenció el texto en inglés y me lancé a buscar la foto en antiguas publicaciones, sin éxito. Me ayudó muchísimo un comentario del señor John Jaramillo Ramírez, quien publicó que "la foto es de la manifestación en honor de Olaya Herrera cuando iba a entregar el poder. Doña María Teresa va de abrigo y falda larga, y María Olaya Londoño ( ya se había casado Lucía) de blanco y zorros al brazo." Con esos datos, fue fácil conseguir la fecha exacta y la publicación de prensa de la época.


En resumen, esta buena foto, donde marchan por la Calle Real de Bogotá los 3 presidentes elegidos en desarrollo de la República Liberal, fue tomada el domingo 5 de agosto de 1934, cuando los bogotanos se lanzaron a rendir un homenaje a uno de los presidentes más queridos que haya tenido Colombia. Según el anverso de la foto 50.000 colombianos participaron en la marcha. Según El Tiempo, en el muy belicoso estilo de la época, 100.000 liberales eran los manifestantes. La verdad, la cifra más aproximada debe ser la del observador extranjero, pues Bogotá apenas tenía 300.000 habitantes en total en aquellos días.

La foto de FP, de altísima calidad, muestra a unos personajes que pasaron a la historia de Colombia. En la primera fila figuran de izquierda a derecha:

Jaime Jaramillo Arango: Manizalita, era ministro de educación desde hacía 3 meses. Nacido en enero de 1897, tenía 37 años en esta foto. Médico, decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, embajador de Colombia en la Alemania Nazi, vicepresidente de la Unesco y finalmente rector de la Universidad Nacional. Murió de un infarto en julio de 1962.

María Olaya Londoño: De blanco, con zorros en el brazo, tenía 21 años en esta foto, pues había nacido en Santiago de Chile en diciembre de 1912. La inquieta hija del presidente Olaya Herrera, acompañaba a su padre por todo el país. Fue, junto con su madre, la primera familiar de presidente con oficina en Palacio. María Emperatriz era inteligente y bonita, educada en Estados Unidos, fue un gran apoyo para la popularidad de su padre. Se casó con el periodista Jorge Cárdenas Nuñez, en ceremonia celebrada en la Catedral San Patricio de Nueva York, en noviembre de 1943. En esta foto de diciembre 15 de 1930, María aparece con sombrero negro, sentada a la derecha de su padre, almorzando en Flandes (Tolima), en los hangares de SCADTA.



Alfonso López Pumarejo: Esta foto fue tomada 2 días antes de su posesión como presidente de Colombia, tenía 48 años. En su primer mandato impulsó muchas reformas, que colectivamente fueron conocidas como "la revolución en marcha". Su segundo periodo, entre 1942 y 1946, fue mucho más accidentado y cedió el poder primero a Darío Echandía y luego a Alberto Lleras. Hondano, nacido el 31 de enero de 1886, hace ya 130 años. Murió en Londres en noviembre de 1959.

María Teresa Londoño de Olaya: La primera mujer que ejerció efectivamente como primera dama, una mujer de mucho empuje, que impulsó muchísimo la carrera de su esposo. Nacida en 1882, tenía 52 años en esta foto. Bogotana, sus influencias familiares le ayudaron mucho a Olaya Herrera, con quien se casó en 1911. Murió en Bogotá en mayo de 1962. Esta foto de FP es de 1924, durante los 8 años que su esposo fue embajador de Colombia en Estados Unidos.


Enrique Olaya Herrera: Nacido en Guateque en noviembre de 1880, Olaya Herrera tenía 53 años en esta fotografía. Es probablemente el presidente con mayor índice de popularidad al entregar su mandato. Olaya Herrera fue ministro y embajador de muchos gobiernos conservadores y su bajo perfil ayudó a que pudiera ser elegido en medio de 2 candidatos conservadores. Fue nombrado como embajador ante la Santa Sede después de su periodo presidencial. Murió inesperadamente en Roma el 18 de febrero de 1937, a los 56 años, cuando se perfilaba para un segundo mandato presidencial. Yo escribí una crónica sobre su largo entierro, que duró 3 meses. VER CRÓNICA

Esteban Jaramillo: El más conocido de los ministros de Hacienda de Colombia se ve pequeño al lado del gigante presidente Olaya Herrera. Jaramillo tenía ya 60 años en esta foto y había sido ministro de Gobierno del presidente José Manuel Marroquín en 1903, de Agricultura y Comercio del presidente Marco Fidel Suárez, entre 1918 y 1919, de Obras Públicas del presidente Carlos Holguín, entre 1919 y 1921, de Hacienda en los mandatos de Miguel Abadía Méndez entre 1927 y 1929 y de Enrique Olaya Herrera, entre 1931 y 1934. Uno de los más grandes economistas colombianos, graduado en la Sorbona de París. Murió en 1947.

Eduardo Santos: El dueño y director del periódico El Tiempo tenía 45 años en esta foto. Nacido en Tunja, se casó con Lorencita Villegas y creó un imperio editorial que aún hoy se conserva. Presidente entre 1934 y 1938. Sin hijos, murió en Bogotá en noviembre de 1974.

En la fila de atrás están:

Alberto Pumarejo: Mirando hacia la derecha, situado entre López Pumarejo y doña Maria Teresa de Olaya. Acababa de pasar 3 años como Ministro de Comunicaciones y desde mayo de 1934 era Ministro de Guerra. Joven ministro, tenía 41 años en esta foto. Construyó un puente en Barranquilla muy famoso, que con los años se convirtió en el llamado "Puente Pumarejo" en su honor. Murió en agosto de 1970.

Alfonso Araujo: Mirando muy serio al frente, está situado entre los esposos Olaya. Era en ese momento Ministro de Obras Públicas, cargo que ocupaba desde 1931. También muy joven, tenía 32 años en esta foto. Araújo Gaviria fue varias veces ministro y embajador. Murió en febrero de 1961.

Francisco José Chaux: Tapado por el sombrero de Olaya Herrera. El político caucano era Ministro de Industrias desde el 7 de agosto de 1930. Nacido en 1889, tenía 45 años en esta foto. Según sus paisanos, a Chaux le quedaron debiendo la Presidencia, pues tenía sobrados méritos para alcanzarla. Murió en 1976.

Sinforoso Ocampo: Ocampo aparece con gesto adusto, detrás de Esteban Jaramillo. Era un ministro recién nombrado, estaba en la cartera de agricultura desde mayo de 1934. Manizalita, empresario, fue una figura muy importante en el Viejo Caldas.

Como se aprecia, esta es una foto muy importante de la historia colombiana, es difícil encontrar a 3 presidentes reunidos en una misma foto callejera, más si se juntan la cantidad de ministros, y embajadores que figuran en ella. La presencia de 2 elegantes damas le da más realce a esta buena fotografía. Fue tomada por un fotógrafo del periódico El Tiempo y publicada en primera plana, en la edición del lunes 6 de agosto de 1934. Gracias a FP por haber suministrado una copia de tan alta calidad. Lo siguiente que debe hacerse es informar al Banco de la República y a otros sitios, para que corrijan la fecha en que fue tomada esta histórica foto.

jueves, septiembre 24, 2015

23 de diciembre de 1968

A raíz del accidente de una tía, que le produjo una fractura de cadera, vino a mi memoria el accidente que tuvimos el lunes 23 de diciembre de 1968, donde mi papá también sufrió una similar fractura. Aquí va la historia:

Mi papá era en ese momento Gerente de la Beneficencia del Tolima y había decidido que los sorteos de los lunes de la Lotería del Tolima se jugaran fuera de Ibagué, en los pueblos del departamento, donde llevaba artistas que estaban comenzando, como era el caso de Silva y Villalba. Después de un sorteo de la Lotería en Guamo, íbamos de regreso a Ibagué en un carro de la Beneficencia manejado por Don Luis, un veterano conductor de la entidad. Mi papá, mis hermanos mellizos y yo íbamos en el asiento de atrás, comiendo un pollo que habíamos comprado a la salida de El Guamo. De pronto, a unos 5 kilómetros del pueblo, chocamos de frente contra una volqueta que estaba varada, sin luces. Caímos a una cuneta de unos 2 metros.


Mi papá sufrió una fuerte fractura en la cadera y gritaba de dolor en el carro. El chofer había quedado con varias costillas rotas y una rodilla destrozada. Atrás mis hermanos y yo estábamos ilesos, salvo una pequeña herida de Juan Manuel. Yo tenía 11 años y me tocó ponerme al frente de la situación. En una total oscuridad, subí como pude a la carretera, donde el conductor de la volqueta se lamentaba, en los últimos momentos de su vida. Logré parar un carro, que se dirigió a toda velocidad a El Espinal, a traer una ambulancia.



Recuerdo con horror la sacada de mi papá y don Luis de la cuneta, el traslado a El Espinal, el largo trayecto hasta Ibagué, mi papá gritando de dolor en cada curva. La llegada a la Clínica Minerva, llena de médicos esperando a su colega y amigo.

Creo que lo operaron al día siguiente, le pusieron varios clavos en su cadera y un gran yeso desde el cuello hasta las rodillas. La entrada a nuestra casa de Cádiz fue de película, pues lo subieron como un gran mueble por las escaleras hasta su habitación del segundo piso. La Navidad fue triste, la pasamos donde mi abuela Paulina, no estaban ni el abuelo Pedro, muerto en mayo de ese año, ni mi papá recién accidentado.

Lo del yeso duró 3 largos meses. Mi mamá tuvo que comprar unas largas manos en la Plaza de Mercado, para que mi papá pudiera rascarse la espalda. Era un enfermo muy complicado, como en general lo somos los hombres. Después de eso estuvo en muletas, luego con bastón. Cojeaba a veces por esta lesión. Las juntas y reuniones de la Beneficencia se hacían en nuestra casa, por decisión del gobernador Ariel Armel. 

Ahora los procesos de fractura de cadera no son así de complicados. Ya no hay necesidad de esos yesos tan aparatosos y los procesos de recuperación son más sencillos. Para muchos, el año 68 fue el del Mayo de París y The Beatles. Para mi fue el año de la Vuelta de Pedro J. Sánchez, la muerte de mi abuelo Pedro y este triste accidente.

ÑAPA: El carro del accidente era un Ford gigante, de los años 50s, que había pertenecido al General Gustavo Rojas Pinilla. Ese carro nos salvó de perecer aquella noche.